Diario de pensamientos: Suicidios laborales

Publicado: 4 de mayo de 2012 en Diario de pensamientos
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“Cada suicidio es un sublime poema de melancolía”

(Honoré de Balzac)

***

Leí el otro día que en Francia, de un tiempo a esta parte, están asomando más suicidios por causas laborales. Me remito al texto donde se indica que las nuevas formas de organización laboral han elevado los índices de suicidios laborales en Francia hasta un nivel jamás alcanzado, jamás conseguido. Hace aproximadamente un año, Rémy Louvradoux, sindicalista, delegado de personal, había dedicado 30 años de su vida trabajando para la compañía francesa France Télécom-Orange. Un día llegó al trabajo y se inmoló en el mismo estacionamiento de la empresa, en Mérignac, cerca del aeropuerto de Burdeos. Tenía 57 años. Había sido trasladado en 2000 del departamento de Gironde tras eliminar el cargo que ocupaba allí. Nunca más se le otorgó un puesto permanente. Todo eso le hizo tener que vender su casa, trasladarse de ciudad, soportar un trabajo que no era el suyo y que no correspondía con su experiencia ni sus cualificaciones.

Pero, sobre todo, tuvo que adaptarse a un nuevo sistema de trabajo, a una violenta política de productividad. Intentó varias veces alertar a sus mandos superiores sobre los problemas de la empresa pero nadie le escuchó. En dicha empresa cuando corría el año 2004, se efectuó una reestructuración, que estaba vinculada a la progresiva privatización de la empresa, y se puso en marcha un nuevo sistema de gestión del personal. El objetivo era claro: modernizar y rentabilizar a la empresa. Pero no se leía la letra pequeña, como casi siempre suele ocurrir en estos casos, y la verdadera razón no era otra que conseguir la salida de más de 20 mil trabajadores de la empresa sobre los 100 mil que tenía contratados en ese momento. Sobre todo los mayores de 50 años.

¿Qué instrumentos utilizó la empresa para conseguir el objetivo? Pues los más conocidos: gestión por estrés, movilidad forzada, movimiento perpetuo, jubilación forzada, etc. Resultado: misión conseguida. Lo que ha ocurrido con Rémy es que ha abierto un debate al respecto. Ha destapado las prácticas, no sólo de dicha empresa, sino de muchos cientos de empresas en todo el mundo. Son nuevos tiempos y son nuevas formas de presión laboral. Cuánto ha cambiado la sociedad. Antes se valoraba y se dignificaba a aquellos trabajadores que habían dado gran parte de su vida por una compañía. Se les respetaba, se sentían parte de esas empresas, se sentían totalmente identificados con esas empresas que formaban parte de sus vidas. La mayoría defendían su empresa porque para ellos esa empresa, en cierta forma, les había hecho como eran, les había acompañado durante toda una vida laboral. Los tiempos cambian, eso es una obviedad, pero eso no quiere decir que se tenga que presionar a un trabajador que ha dado lo mejor de sí durante 30 años a una empresa. Eso dice mucho del tipo de empresa a la cual pertenece.

Siempre me ha hecho gracia cuando comenzaba a trabajar en cualquier empresa que querían inculcarme el hecho de que tenía que sentirme parte de esa empresa, que tenía que involucrarme de tal forma que sintiera que era parte de mí, identificarme con ella, cuando la mayoría de las veces te indicaban que al acabar el contrato temporal de x meses tendría que irme de ella porque era la política de contratación de la empresa, independientemente de cómo hubieras trabajado durante ese período. Menudo argumento, menudo discurso. Seguramente más de uno ha hecho dinero llevando consigo una carpeta con semejantes recetas empresariales. Y más de un empresario ha pagado por ellas.

Pero el caso de Rémy no es aislado. En su empresa, entre 2008 y 2010 se han suicidado 35 trabajadores y todos ellos en su lugar de trabajo. Espeluznante. La empresa, por medio de su director, Didier Lombard, negó que hubiese un vínculo laboral, pero otro trabajador se suicidó en su puesto de trabajo en Marsella dejando una nota que decía: “Me suicido por mi trabajo en France Télécom. Urgencia permanente, sobrecarga de trabajo, falta de formación, desorganización total de la empresa, management por medio del terror”. Sobran los comentarios. Y lo penoso de todo eso es que a todos nos suena todo o parte del contenido de su mensaje. ¿Realmente vale la pena morir por tu trabajo? ¿Suicidarte por tu puesto de trabajo? ¿Tan importante es para cualquier persona? Son muchas las preguntas que uno puede llegar a hacerse ante tal escenario. Y muchas quedan sin respuesta.

Lo que más me da qué pensar es lo que pensará ese director cuando se vaya a la cama. ¿Puede dormir bien? Y todos esos ejecutivos que sólo piensan en llenar sus cuentas corrientes a costa de los miles de trabajadores que ponen todo su empeño en que las compañías salgan a flote cada día. ¿Tanta sangre fría pueden recorrer sus venas? ¿Realmente merece la pena? En el caso de esta empresa, que nos sirve de ejemplo, y que no es la única ni la última, es un honor aparecer en los diarios de todo el mundo por semejantes noticias o una vergüenza. Llegan al lugar de trabajo y hablan sobre ello, o simplemente hacen del silencio el cómplice perfecto de sus fechorías. ¿Lo aprendieron en la Universidad todo ese mecanismo de prepotencia y opresión?

Los nuevos tiempos crean sofisticadas máquinas de oprimir. Los nuevos tiempos asustan por su presión continua y su falta de humanidad. Nos dirigimos hacia un mundo lleno de penurias, de falsedades y de faltas de ética. ¿Adónde vamos a llegar? ¿Seremos capaces algún día de parar este oleaje que nos impulsa hacia la nada más absoluta? Mientras intentamos contestar a todas estas dudas, un nuevo trabajador planea suicidarse, ahogado por la presión laboral, sintiéndose solitario debido a una situación marcada por los mercados. Mientras seguimos leyendo estas palabras la máquina de destrozar individuos continúa funcionando las 24 horas del día. Mientras decidimos qué hacer la modernidad ayuda a estas empresas a deshacerse de personas por la rentabilidad  y la maximización del beneficio. ¡Bienvenidos al mundo actual!

“Es preciso observar bien esto:

en nuestros tiempos el suicidio es un modo de desaparecer,

se comete tímidamente, silenciosamente.

No es ya un hacer, es un padecer.”

(Cesare Pavese)

***

comentarios
  1. Javier dice:

    Es curioso ayer hablabamos de esto precisamente en casa, lo que se veneraba y respetaba antes al antiguo trabajador etc, hoy se ha convertido en lo contrario, te conviertes en un peligro para el empresario, mas de cuarenta y cinco, te quieren largar, increible no?. Si, la nueva sociedad, solo quiere eso NUEVO, no valoran la experiencia para nada, solo imagen, caras frescas y mentes vacias. Que si estos tipos duermen bien…..mejor que tu y que yo, hemos creado una tribu de insensatos, cabezas huecas e ignorantes que actuan a las ordenes de cualquier jerifalte con la frialdad del asesino en serie, ni sienten ni padecen, pobre mundo.

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  2. Nick dice:

    Genial la frase del encabezamiento de hoy.

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  3. Nick dice:

    La gente cree ansiar y perseguir estrellas, pero termina como peces de colores en una pecera’ (Muriel Barbery).
    Precisamente a esto me refería con lo de los cantos de sirena del sistema capitalista.

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  4. Nick dice:

    Creo que lo más urgente es alejarse, en la medida de las posibilidades de cada uno, de la voracidad del sistema capitalista. Usarlo y no que te esclavice y engulla con sus cantos de sirena El sistema es depredador y nosotros sus presas. No seamos ingenuos.

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