Diario de pensamientos: El bostezo es contagioso

Publicado: 29 de abril de 2012 en Diario de pensamientos
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“Boca que se abre, o tiene sueño o tiene hambre” 

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Siempre hemos escuchado esa teoría que asegura que los bostezos son contagiosos. Y aunque cueste creerlo mucha gente lo asegura. Sea como fuere el bostezo es una sensación muy natural, y como tal sugiere muchísimas interpretaciones. Como surge de la nada, y sin premeditación, no podemos decir que es reflexión. Es un acto extremadamente incontrolado que se muestra tal como es, sin que nosotros seamos capaces de planearlo. Si lo miramos bien hasta resulta atractivo, por ser tan natural.

Mucha gente lo suele interpretar como una falta de respeto hacia el interlocutor, cuando nos aparece en medio de una conversación. Lo primero que piensa el otro individuo es que nos estamos aburriendo y que no podemos evitar mostrar ese síntoma. Nada más lejos de la realidad. No tiene nada que ver. Un bostezo es esa reacción incontrolada de abrir la boca de forma desproporcionada, para realizar una profunda inhalaciòn a la que sigue una espiración con cierre final. Un acto con el que uno se queda a gusto vaya.

Cuando se bosteza dicen los expertos que estiramos los músculos faciales, inclinamos la cabeza hacia atrás, cerramos y entornamos los ojos, lagrimeamos, salivamos, abrimos las trompas de Eustaquio del oído medio y realizamos otras muchas acciones cardiovasculares, neuromusculares y respiratorias. Inimaginable, ¿verdad? No nos damos cuenta de todas las cosas que llegamos a poder hacer con un solo bostezo. La naturaleza es tan grande que no advertimos ni sus pequeños detalles, que son demasiado grandes para nosotros.

No todos los bostezos son iguales, ni mucho menos. Su duración también puede variar, pero generalmente dura unos 3 segundos. Y en esos tres segundos cuántas cosas interpretamos. Unos dicen que indica cansancio, estrés, exceso de trabajo o aburrimiento, también hambre. Otros que indica una acción de relajación tras una alerta anterior. Para muchos es una expresión de emociones fuertes como el enojo o el rechazo. Lo que está claro es que es imposible bostezar a medias, o se bosteza o no. No hay medias tintas. Y una vez que comienza la acción ya no se detiene. NO hay vuelta atrás. Llegan a tandas y a intervalos. Y no hay relación entre la frecuencia y la duración de los bostezos.

Normalmente los bostezos están relacionados con los momentos previos al dormir y con los que siguen al despertar. Están también vinculados a los cambios de estado y de actividad.  Y se pueden contagiar. Esa es la conclusión. Y llegados a este punto me pregunto: ¿por qué será que se habla tan sólo del contagio de los bostezos? Me refiero a que hay tantas cosas en nuestra sociedad que parecen contagiarse. Y cosas que representan mucha más importancia que un simple bostezo. Porque por muchos significados que intentemos extraer de los bostezos, éstos se quedan como simples anécdotas al denotar la cantidad de estados que pueden llegar a contagiarse si uno se dedica a mirar a su alrededor con detenimiento.

Me estoy refiriendo a la facilidad de contagio de, por ejemplo,  la estupidez. Porque no nos dejemos engañar, la estupidez también se contagia y a una velocidad mucho mayor que el bostezo. ¿Y qué podemos decir de la ignorancia? ¿Acaso no se contagia también? ¿Y si hablamos de la incoherencia, de la envidia, de la violencia, de la intolerancia, de la manipulación, de la explotación o de la opresión?

Con el paso de los años te das cuenta de que lo malo es mucho más fácil de expandir que lo bueno. No sabemos asegurar el motivo pero es cierto. Los valores humanos intrínsecos son malignos, puesto que la condición humana es maligna, es su condición. Los valores buenos no representan a la mayoría porque si fuera así se impondrían. Y la realidad es otra muy diferente. Apostar por valores benignos para la sociedad es una apuesta insegura, casi siempre arriesgada y con múltiples indicios de fracaso. Porque el ser humano se empeña siempre en superarse a sí mismo pero en lo negativo. Da un paso hacia adelante para, posteriormente, y en un acto casi inconsciente, dar dos o tres hacia detrás. ¿Por qué nos cuesta tanto evolucionar? ¿Por qué nos cuesta tanto sacarnos de encima todo ese peso acumulado durante años y comenzar a andar erguidos y disfrutando de las dos orillas del camino? Los contagios pueden ser o no fructíferos, siempre y cuando éstos sean ventajosos. Contagiarse simplemente de lo malo indica que no somos muy dotados a la hora de elegir estados hábiles para nuestra vida, así como indica que el nivel general social deja mucho que desear.

Mientras seguimos viendo esos bostezos a nuestros alrededor y nos sentimos contagiados, vamos adquiriendo nuevos vicios que también nos rodean con suma facilidad. No parece que los identifiquemos, y si realmente lo hacemos, no parece que emprendamos ninguna acción para que ello no suceda; muy al contrario, nos dejamos llevar, como tantas otras veces en la vida, para relajarnos y sentirnos cómodos, sabiendo que la mayoría realiza la misma acción en ese mismo instante. Mientras no nos accionamos para revertir una situación, la realidad nos empuja lejos, muy lejos, demasiado lejos, hacia un lugar imposible de definir, hacia un lugar en el que es imposible distinguir el bostezo del contagio.

comentarios
  1. blanca dice:

    Oye yo no sé, pero leyendo tu artículo se me dio por bostezar. Será que no solo es contagioso, sino psicológico. ¡Pensamos en el bostezo y bostezamos!

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