Carlos Fuentes

Publicado: 28 de abril de 2012 en Literatura
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“Si del amor hacemos la meta más cierta y el más cierto placer de nuestras vidas,

ello se debe a que, por serlo para serlo,

debe soñarse ilimitado sólo porque es, fatalmente, limitado”

***

Comenzamos nuestro particular periplo por las letras mexicanas. Como ya hice en Noruega, voy a ir conociendo todavía más a fondo la cultura de este país que voy descubriendo poco a poco y con mucho cariño. La literatura mexicana es una de las más prolíficas e influyentes de la lengua española, al igual que la argentina y la cubana. Dentro de la historia literaria mexicana encontramos grandes nombres como Juan Rulfo, Amado Nervo, Federico Gamboa, José Emilio Pacheco, Alfonso Reyes y muchos más. Destaca por encima de todos ellos Octavio Paz, el único que fue capaz de conseguir el Premio Nobel de Literatura.

Os me voy a detener en la biografía de uno de esos grandes escritores mexicanos, que sigue todavía demostrando su valía y su arte. Me estoy refiriendo a Carlos Fuentes. Curiosamente nació en Panamá, en noviembre de 1928. Debido a que su padre era diplomático su familia viajó mucho durante su infancia, y ésta se desarrolló de un país a otro, entre Chile, Brasil, Estados Unidos, Argentina y varios países latinoamericanos más. Estudió derecho en México y en Suiza y trabajó en diversos organismos oficiales hasta 1958. Al mismo tiempo se interesó por fundar y dirigir la Revista Mexicana de Literatura’ y colaboró activamente en Siempre’Más adelante fundaría ‘El espectador’. 

“Un artista sabe que no hay belleza sin forma

pero también que la forma de la belleza depende del ideal de una cultura.

El artista trasciende, parcial y momentáneamente, el dilema,

añadiendo un factor: no hay belleza sin mirada.

Es natural que un artista privilegie a la mirada.

Pero un gran artista no invita no sólo a mirar sino a imaginar”

***

Su andadura dentro de la escena literaria fue gracias al volumen de cuentos ‘Los días enmascarados’ (1954), que ya recibió una buena acogida tanto por parte del público como de la crítica. Varios obras siguientes le suben a la cima y al éxito popular: ‘La región más transparente’ (1958), ‘Las buenas conciencias’ (1959) y, sobre todo, con ‘La muerte de Artemio Cruz’ (1962), quizá la obra que le consolida en un lugar alto dentro del panorama literario mexicano e iberoamericano.

“Toda gran obra literaria nos propone la salvación mínima de la palabra.

Toda gran obra literaria nos propone imaginar.

Tenemos un pasado que debemos recordar.

Tenemos un porvenir que podemos desear”

***

Después varió sus entregas, pasando del relato fantástico como en ‘Aura’ (1962) a cuentos como en ‘Cantar de ciego’ (1966) o a una novela corta en ‘Zona sagrada’ (1967). Obtuvo el Premio Biblioteca Breve por ‘Cambio de piel’ (1967) y el Premio Rómulo Gallegos de 1977 con su novela ‘Terra nostra’ (1975), una obra que le llevará más de seis años para acabarla.

Posteriormente se introduce en el mundo teatral de la mano de ‘Orquídeas a la luz de la luna’, estrenada en 1982 en Harvard. Una auténtica crítica a la política exterior norteamericana. En 1984 recibió el Premio Nacional de Literatura de México y justo entonces terminó su novela ‘Gringo Viejo‘ (1984) que había comenzado a escribir por 1948. Siguió consiguiendo premios como el Premio Miguel de Cervantes en 1987, justo el mismo año que fue elegido como miembro del Consejo de Aministración de la Biblioteca Pública de Nueva York.

“Es que no hay buena revolución que no sea traicionada,

sólo las malas revoluciones no se traicionan a sí mismas…”

***

En 1990 publicó ‘Valiente mundo nuevo’. Su popularidad, su fama y su calidad estaban fuera de duda por aquel entonces. Los premios no pararon de llegar y los reconocimientos ya eran unánimes, prueba de ello fueron los de la Legión de Honor Francesa (1992), la Orden al Mérito de Chile (1993) y el Premio Príncipe de Asturias (1994), entre otro muchos. En 2006 publicó ‘Todas las familias felices‘ , a la que siguió ‘La voluntad y la fortuna’ (2008) y ‘Adán en Edén‘ (2009).

En 1975 aceptó el nombramiento de Embajador de México en Francia como homenaje a su padre. Pero en 1977 renuncia a su cargo en protesta contra el nombramiento del ex presidentes Díaz Ordaz como primer embajador de México en España, después de la muerte de Franco. Defensor público de la figura de Fidel Castro, en algunas ocasiones le ha creado algún problema. También se enorgullece de tener amistad con Bill Clinton o Jacques Chirac. Es un gran aficionado al cine, e incluso ha escrito algún guión para películas. De hecho, una de sus novelas, ‘La cabeza de la hidra’ fue llevada al cine en 1981 por el director mexicano Paul Leduc, con el título de ‘Complot Petróleo: La cabeza de la hidra’, con guión adaptado del mismo Carlos Fuentes.

“¿Podemos hoy imaginar el mundo sin Don Quijote? Cuesta mucho.

¿Sin Hamlet? Cuesta mucho.

Sin embargo, hubo una época en que no existían.

Hoy ellos forman parte de la realidad porque fueron imaginados;

lo que se imagina se convierte entonces en parte de la realidad indisoluble

y ya no puedes entender la realidad sin lo que imaginó el escritor”

***

Otro de sus libros destacados son: ‘Agua quemada’ (1983), ‘Los años con Laura Díaz’ (1999), ‘La silla del águila’ (2003) o ‘Vlad’ (2010).

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