Después de una noche

Publicado: 26 de abril de 2012 en Cine
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Ya he dicho en ocasiones que me sorprende que muchas películas que tienen un potencial extraordinario pasen por la vida de los espectadores casi de puntillas, sin hacer ruido prácticamente. Entiendo que la publicidad y la mercadotecnia funciona para eso, y que si una película tiene un respaldo de marketing detrás tendrás mucho que ganar, pero muchas veces ocurre que películas que no han tenido un gran lanzamiento han sido grandes éxitos gracias al boca a boca y a la rapidez de divulgación por parte del mismo público.

Una de esas películas para mí fue ‘Después de una noche’ (1997) . Aparentemente tiene un guión sencillo, muy urbano, muy humano y muy real. Aparentemente no tiene atractivo. Y lo digo con sarcasmo. Porque este guion merece mucha más atención de la que tuvo. Ya había hablado de Mike Figgis cuando comenté su gran éxito ‘Leaving Las Vegas’. En esta cinta es el protagonista de escribir el guión, la música y la dirección. Un verdadero maestro capaz de tocar varios instrumentos a la vez, capaz de mantenerte en un espacio latente durante unos segundo mágicos, para pasar de una escena a otra de forma magistral, en cámara lenta, con silencios, combinando las luces, los ambientes, las palabras, la música. Porque Figgis es un maestro de situar el sonido musical en el momento justo, cuando la escena lo necesita.

La película no le trajo mucho éxito, esa es la verdad, pero no por eso debemos desmerecerla. Al contrario, es una película muy personal, que ahonda las pasiones humanas, el juego secreto de las emociones y las sensaciones, que presenta la naturalidad de las relaciones más allá de lo que la gente es capaz de hacer. Representando la frialdad de una enfermedad del modo que pueda unir a viejos amigos, que pueda dar a conocer nuevas pasiones y nuevos amores. Figgis somete al espectador a meterse en la escena, de una forma externa pero con empatía. Acabas sintiendo lo que otros sienten, mirando lo que otros miran. Tiene una facilidad soberbia para adentrarse en la mente de los protagonistas de la escena de una forma maravillosamente natural. Sin estridencias, sin ruidos, normal, como la vida misma.

Figgis es uno de esos ejemplos de relación amor-odio contra el sistema de Hollywood y siempre ha mostrado su postura crítica, expresando la visión de que necesita constantemente superar su obra anterior, como una necesidad, como un reto personal que le vuelva a resurgir de su antiguo proyecto. Tiene verdadera fascinación con la tecnología de la cámara y le ha servido para crear un sistema de estabilización para cámaras pequeñas, llamado Fig Rig.

La trama de la película es sencilla. Max (Wesley Snipes) tiene una carrera de éxito, todo sopla a favor; un matrimonio feliz, una esposa amada, en la cima de su trabajo. Pero un día visita New York por motivos profesionales y conoce a Karen (Nastassja Kinski) y se seducen mutuamente, para acabar teniendo una relación de una noche en un hotel. Son conscientes de la gravedad del hecho, de la responsabilidad que conlleva la posibilidad de fracturar sus respectivos matrimonios y dan por finalizada la relación, como un hecho aislado que siempre recordarán pero que no volverá a ocurrir. Pero el azar hará que se vuelvan a encontrar, debido a la enfermedad de un viejo amigo homosexual que ha contraído sida (Robert Downey Jr.). Lo que ninguno de los dos preve es que van a ser conocidos y familiares del amigo en cuestión y el reencuentro produce de nuevos la atracción, el deseo, la pasión. Pero por medio están las respectivas parejas.

Ahí comienza un reto personal con sus respectivas dudas. El hecho de lanzarse al vacío y responder a esa pasión y a ese deseo, o reprimirse y darse cuenta de la realidad que les inunda. Un muestra más de la gran puesta en escena de Figgis que nos invita a saborear el poder de la decisión. Saber elegir en cualquier momento por la acción recomendable, más allá de los sentidos, de las emociones más poderosas, almacenando vida donde antes había simplemente pasión. Nos adentra en el mundo de la infidelidad pero desde el sentido del deseo. Teniendo que elegir entre la pareja y la opción de futuro, esa que quizá es la auténtica.

Hay que destacar el gran trabajo de todos los actores, que invitan a vivir una historia que le podría pasar a cualquiera en cualquier momento. La vida nos va enseñando nuevas formas de sentir y debemos elegir en cada momento a qué nos debemos. Seguir los instintos, ser racionales, olvidarnos de la pasión, apostar por un futuro que quizá nunca más se presente. Dudas, dudas en los entresijos de la atracción y del amor. Una maravilla de sensaciones.

comentarios
  1. Mecha Carbo dice:

    No la he visto, pero me atrae su tema, además de que los actores son A+. Trataré de conseguirla y te contaré. Una buena recomendación y espero otras. Feliz día

    Me gusta

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