Charles Baudelaire

Publicado: 12 de abril de 2012 en Literatura
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“¿Qué importa que tú vengas del cielo o del infierno,
¡oh Belleza!, ¡monstruo enorme, espantoso, ingenuo!, 
si tus ojos, tu sonrisa, tus pies, me abren la puerta
de un Infinito al que amo y nunca he conocido?”

***

Para todo aquel que no ha descubierto la poesía quizá es que nunca leyó algún pasaje de ‘Las flores del mal’. Dar con este libro cuando todavía eres adolescente es una de las posibles maravillas con la que podrás disfrutar en tu vida. Y lo bueno de todo es que podrás hacerlo tantas veces como lo releas. La poesía es mágica, pero es mágica por su propio magnetismo de atraparte y no dejarte escapar. La poesía lo es todo y es nada. Es un mundo paralelo lleno de imaginación, virtualismo y goce. La vida carece de sentido sin una parte de poesía. Es necesaria como el comer. Gracias a ella interpretamos todo de otra manera. Una forma distinta de entender lo que nos sucede, todo aquello que sentimos y que no acertamos a describir.

“Mi juventud no fue sino una tenebrosa tormenta,
atravesada aquí y allá por brillantes soles;
El rayo y la lluvia han causado tal estrago
que en mi jardín quedan muy pocos frutos bermejos”

***

‘Las flores del mal’ es una colección de poemas de Charles Baudelaire. Y está considerada como su obra máxima. Abarca casi la totalidad de su producción poética desde 1840 hasta que se publicó en 1857. La última edición fue datada en 1868 y constaba de 151 poemas, aunque no se incluían los poemas prohibidos. La censura que se cebó sobre algunos de los textos no se levantó hasta 1949. Curiosamente la censura ocurrió en un país como Francia, líder de democracias de la época. Aún así, la obra es considerada como una de las más importantes dentro de la poesía moderna. Un texto que imprimió una estética diferente, bastante nueva, donde la belleza emerge entre sus entrañas a través de un lenguaje lírico maravilloso, donde la realidad es algo más trivial.

“A la muy querida, a la muy bella
que llena mi corazón de claridad,
al ángel, al ídolo inmortal,
¡salud en la inmortalidad!

Ella se extiende en mi vida
como un aire impregnado de sal,
Y en mi alma no saciada
derrama el sabor de lo eterno”

***

“Cuando la lluvia esparciendo sus inmensos regueros
imita los barrotes de una vasta prisión
Y un pueblo mudo de infames arañas
viene a tender sus trampas en el fondo de nuestros cerebros”

***

Charles Baudelaire nació en Francia en 1821 y murió en 1867. Fue poeta, crítico de arte y traductor. Se le conoció con el nombre de poeta maldito, debido a su vida bohemia y a sus excesos y también por la visión del mal que inunda toda su obra. Fue el poeta francés con mayor impacto en el simbolismo francés. Se consideró seguidor acérrimo de Edgar Allan Poe, de quien tradujo varias obras. Nacido en París, su padre Joseph fue profesor de dibujo, pintor y funcionario. Y él fue quien le enseñó las primeas letras. De hecho cuando Charles nació su padre ya tenía sesenta años y su madre Caroline tan sólo treinta. Hija de emigrantes franceses a Londres durante la revolución de 1793. Fue la encargada de enseñarle inglés. Aunque fue la sirvienta de la familia quien le crió.

A los seis años muere su padre y su madre no tardó en casarse con un vecino suyo, acción que representó un abandono para el pequeño Charles. De hecho nunca tuvo buenas relaciones con su padrastro, al cual nombraron Jefe de Estado Mayor y tuvo que trasladarse a Lyon, donde Charles estudiará en el Collège Royal, lugar del cual no albergó buenos recuerdos. Con el ascenso de su padrastro a General de Estado Mayor regresan a París y donde estudiaría en el Collège Louis-le-Grand. En 1840 se matriculó en la facultad de derecho. Comienza a conocer distintas personas y a emprender una vida un tanto despreocupada. Los altercados y problemas con su familia ya eran cotidianos debido a su adicción a las drogas y a su vida bohemia. Fue cliente habitual de prostíbulos e incluso mantuvo una relación con Sarah, una prostituta judía del barrio Latino. Se cree que fue ella la que le contagió la sífilis.

‘Una noche en que estaba con una horrible Judía,

como un cadáver tendido junto a otro,

pensaba,

al lado de aquel cuerpo vendido,

en esta triste belleza de la cual mi deseo se priva’

 ***


Su conducta horroriza a su familia cuando rechaza entrar en la carrera diplomática. Su padrastro trata de alejarle de la vida nocturna y de los ambientes bohemios enviándole a Burdeos para que embarque con destino a los Mares del Sur. La idea era que llegara a Calcuta tras 18 meses de travesía. Pero al llegar a la Isla Mauricio, decide regresar a su país, donde se instaló en París y donde volvió a su vida bohemia y desordenada. Otra relación, esta vez con una joven mulata llamada Jeanne Duval volvió a escandalizar a los círculos intelectuales de París. Pero comenzó a destacar como crítico de arte y su primera obra ‘El salón’ (1845) llamó la atención de sus lectores. Su obra ‘El arte romántico’ (1868) reunió todos sus trabajos de crítica literaria.

“¡La adorable Primavera ha perdido su olor!

Y el tiempo me devora minuto tras minuto,

como la nieve inmensa a un cuerpo afectado por la rigidez;

Contemplo desde lo alto el globo en su redondez,

y ya no busco en él el abrigo de una choza.

Alud, ¿quieres arrastrarme en tu caída?

***

Escribió su única novela en 1847 y se tituló ‘La Fanfarlo’, y varios esbozos de obras teatrales. Pero su compromiso con la revolución de 1848 le llevó a la publicación de ‘Las flores del mal’, que sirvió para desatar la violenta polémica gestada en torno a su persona. Los poemas (las flores) fueron considerados ofensas a la moral pública y a las buenas costumbres, y por todo ello fue procesado. Todo acabó con la orden de suprimir 6 de los poemas y una multa de 300 francos, aunque la obra se reeditó en 1861. Y en esta última aparecieron, además, 35 textos inéditos.

En 1869 se editaron sus ‘Pequeños poemas en prosa’ y ‘Los paraísos artificiales’. Se retira dos años a Bruselas pero ya allí se encuentra peor de su enfermedad de sífilis y tuvo un conato de parálisis en 1865. En 1866 un nuevo ataque le llevó hasta el hospital, donde permaneció sin habla, pero lúcido, hasta su fallecimiento al año siguiente. Fue enterrado en el cementerio de Monrparnasse, junto a su padrastro. Y fue tras su muerte cuando fue considerado uno de los grandes poetas. Un gran profeta de la poesía moderna, una figura excéntrica en los círculos artísticos de París.

“Tengo los labios húmedos y conozco la ciencia
de perder en una cama la antigua conciencia.
Seco todas las lágrimas en mis pechos triunfantes
Y hago que los viejos se rían con risas infantiles.
¡Para quien me ve desnuda y sin velos, sustituyo
a la luna, al sol, al cielo y a las estrellas!
Cuando aprisiono a un hombre en mis temidos brazos”

***

 

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