Los puentes de Madison

Publicado: 22 de marzo de 2012 en Cine
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En 1992 el escritor, fotógrafo y músico Robert J. Waller escribió la novela ‘The bridges of Madison County’ (Los puentes de Madison). Nacido en 1939 en Iowa y se licenció en la Escuela de Negocios de Kelley (Indiana) en 1968. Más tarde volvió a la Universidad para enseñar Económicas y continuó ejerciendo hasta 1986. Algunos de sus libros fueron de los más vendidos según la lista del New York Times. Actualmente, Waller reside en Texas.

Clint Eastwood acostumbra a devorar novelas. Según él mismo intenta comprar los derechos de todas las novelas por las que se siente cautivado para poder llevarlas al cine. Cuando eligió esa novela sabía perfectamente lo que hacía. La historia de Francesca (Meryl Streep), una italiana ama de casa solitaria, condenada a una aburrida vida junto a su esposo, un ex soldado norteamericano, en una granja de Iowa, y juntos a sus dos hijos, ya nace con un argumento muy interesante. La crítica a muchos de esos matrimonios que parecen albergar amor y cariño por todos los costados cuando verdaderamente están condenados a seguir juntos, ya sea por las circunstancias, por la educación o por el miedo a cambiar sus vidas.

Clint Eastwood encargó la adaptación de ese guión a Richard LaGravenese y se apoyó en Meryl Streep para que le acompañara en el reparto de los papeles principales. Porque esta historia cuenta con sólo dos protagonistas por los que transcurre toda la historia. Un suceso que dura cuatro días y que cambia por completo la vida de esa ama de casa, para hacerle entender que quizá la vida que lleva no es la quiere ni desea y que el futuro le puede proveer de la felicidad que ansía. La tentación de romper con todo y salir corriendo de la mano de su nuevo amante, por el que siente lo que nunca ha sentido convierte la decisión de Francesca en la clave del guión.

Meryl Streep fue nominada para el Oscar a mejor actriz, pero el papel de Eastwood en el fotógrafo Robert Kincaid de la revista National Geographic no desmerece. Una fotografía excepcional de Jack N. Green, quien supo describir fielmente los puentes y los entornos del condado de Madison nos ayudó a imaginarnos el ambiente por el que la historia caminaba allá por 1965. Una feria de ganado en el estado de Illinois provoca que Francesa se quede sola durante unos días en su granja. Justo en ese momento aparece el fotógrafo de la revista que viene a hacer un reportaje de los famosos puentes de la comarca. Ahí comienza una natural, estupenda, cariñosa y verdadera pasión, más duradera que todos los años de matrimonio, más auténtica que toda la vida anterior. Una historia de amor que encerraba mensajes de crítica hacia la vida insulsa y monótona de muchas mujeres de la época.

Todo lo que experimenta esa mujer lo escribe en su diario. Un diario que la historia hará que sus hijos lo descubran una vez que ella muera. Una vuelta de tuerca para ver la reacción de sus dos hijos ya en edad madura y que representa una forma de enjuiciar la actitud de su madre aquellos cuatro días. Un dardo lanzado hacia la moral norteamericana, hacia la búsqueda de respuestas naturales ante la norma antinatural e incomprensible. Un grito de rabia ante la pérdida de los sueños de juventud para casarse con un hombre por el que no se siente apenas nada, sino simplemente cariño. Una fuerza natural que lucha ante la rutina que amenaza la estabilidad para prometer lo inaudito, lo imaginado.

Celebrada por público y crítica como una de las obras románticas más bien realizadas en las últimas décadas nos deja un último mensaje sobre la pantalla; cuando ella debe tomar la decisión de su vida: continuar con su rutina, ser fiel a su marido y a sus hijos, o correr en manos de su amante y verdadero amor y vivir una vida real alejada de ese lugar. Un interrogante que produce una empatía hacia su protagonista cuando en la mejor escena de la película duda entre permanecer dentro de la furgoneta que conduce su marido o abrir la puerta y correr para vivir una nueva vida. La lluvia, que cae con fuerza en ese mismo momento, parece presagiar la causa de su decisión.

Una película de imágenes, miradas, silencios y verdades. Una historia conmovedora que nos inunda de realismo para dejarnos entrever que quizá estemos a tiempo de cambiar nuestra historia y nuestro destino. Somos parte de nuestra vida y muchas veces nuestro futuro depende de nosotros. La toma de decisiones puede cambiar el curso de nuestras vidas. Una película maravillosa que mantiene los mensajes subliminales a flor de piel para dejarnos los interrogantes abiertos, simplemente para que nosotros mismos seamos capaces de tomar las decisiones adecuadas cuando éstas nos sorprendan.

Una historia que habla de la vida al natural, de sus pros y sus contras, de sus realidades más crueles. Unos silencios que enamoran por su realismo y crudeza. Unas miradas que dicen mucho más de lo que hablan. Unas escenas brillantes que nos enseñan la dificultad de las personas para expresar lo que sienten y para la toma de decisiones cruciales que se van apareciendo en sus vidas. Un pasaje maravilloso por las entrañas de seres normales dedicados a la rutina más irrelevante, aquella con la que todos sentimos hastío y aburrimiento. Una joya que deleita en cada escena.



comentarios
  1. Tonita dice:

    Uf! Que historia, y lo que deja! Pareciera que al paso de los años la vuelves a ver y entiendes cada vez mas la escencia de una historia tan compleja y a la vez tan común. Excelente película, excelente fotografía, excelente actuación. De mis favoritas!!

    Me gusta

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