Gattaca

Publicado: 12 de marzo de 2012 en Cine
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Andrew Niccol (Nueva Zelanda, 1964) inició su carrera en Londres dirigiendo spots publicitarios para más adelante trasladarse a Los Ángeles para realizar películas. Este polifacético artista es capaz de escribir guiones, de producirlos y de dirigirlos. En 1997 concibió una historia que acabó siendo un gran proyecto personal. Escribió el guión de ‘Gattaca’, quizá uno de lo mejores relatos de ciencia ficción de los últimos años. Danny DeVito acabó produciendo el guión y el propio Niccol dirigió la película.

Para el reparto se valió de tres grandes actores: por un lado, Ethan Hawke, quien encarnaba el papel principal; por otro lado, Uma Thurman, coprotagonista y pareja en la película; y por último, Jude Law. Niccol se basó en la escena de una sociedad futura donde la mayor parte de los niños eran concebidos in vitro y seleccionando las mejores técnicas genéticas. El protagonista, Vincent, es uno de esos niños concebidos de forma natural, y nace con una deficiencia cardíaca, además de tener problemas de visión. Los médicos no le auguran más de treinta años de vida y lo consideran un inválido, al igual que los niños que le rodean en su infancia y también por el resto de la sociedad. A todos aquellos que son considerados así se les condena a trabajar en los puestos que nadie desea. No pueden aspirar a nada mejor.

Por otro lado, su hermano Anton, ha recibido todas las atenciones genéticas posibles para poder ser considerado ‘normal’ o ‘válido’, y tendrá todas las facilidades para conseguir lo que se proponga en la vida. El mundo es para él un abanico de posibilidades y oportunidades.

Pero la historia nos cuenta que el pequeño Vincent tiene un sueño: viajar al espacio. Y sobre ese sueño vive su vida. Aunque sabe que todo serán impedimentos y prohibiciones, aunque sabe que nunca será aceptado decide intentarlo, decide luchar por ello. No por el mero hecho de ser un sueño, su sueño, sino porque también nota el rechazo de la propia sociedad que le rodea. Una de las escenas más inolvidables de la película es cuando los dos hermanos compiten nadando en el mar por la noche para ver quién llega más lejos. A pesar de sus deficiencias físicas, Vincent siempre era capaz de vencer a su hermano. Al final de la película la duda de su hermano es tan grande que no puede dejar de preguntar cómo lo conseguía. La respuesta de Vincent es sencilla. No dejaba espacio físico para la vuelta. En su mente tan sólo valía seguir hacia adelante.

El ser humano es capaz de muchas más cosas de lo que él mismo puede llegar a imaginar. Cuando se propone algo y lucha con todas sus fuerzas por conseguirlo es capaz de sobreponerse a múltiples obstáculos. Eso le ocurre precisamente a nuestro personaje, que durante años se ve relegado a ejercer toda clase de trabajos hasta que un día ve una puerta abierta cuando conoce a un hombre que le proporciona la clave para formar parte de la élite a la que él nunca hubiera podido imaginar alcanzar. Para ello debe suplantar la identidad de Jerome, un ‘válido’ que ha quedado paralítico debido a un accidente.

A partir de ahí otro mundo (La Corporación Gattaca) se abre para Vincent. Una industria aeroespacial a su alcance, su sueño. Niccol nos propuso un mundo diferente, pero que bien mirado, podría ser perfectamente real en no muchos años. Incluso hoy en día nadie podría asegurar que no se hubiera producido ya. Quizá lo mejor que tiene la ciencia ficción es la posibilidad de acercarnos con la imaginación a otros momentos de la sociedad futura. Sociedades que pierden toda su ética y moral para adentrarse en el caótico mundo de la perfección. El ser humano traspasa líneas de riesgo constantemente, digamos que vive entre la frontera del bien y del mal casi a diario. Y en esa fase de complejos renace el personaje oscuro, aquel que no cuenta para ser protagonista de la historia, de su historia, para poner en entredicho a todo el orden establecido, para criticar abiertamente las formas de ejecución de una sociedad convertida en miseria humana.

Una película auténtica, grande en su género, una historia que nos hace gozar en cada escena, con una ambientación futurista perfectamente diseñada y con unos maravillosos intérpretes que sacan de sí todo su saber para hacernos más creíble toda su emoción. Una historia que aunque parezca futurista nos puede hacernos sentir cercanos en cuanto a su concepción. Interesante cuestión, llena de complejas dudas y de consecuencias emocionales y humanas, donde la moral atraviesa la eterna puerta del no retorno.

Niccol firmó simplemente una obra maestra, con una fotografía que impacta desde su inicio, y que con el paso de los años sabremos apreciar todavía más. Para muchos fue una llamada de atención por lo que pueda venir. Para otros una realidad casi cercana, una inquietante historia que merece una profunda reflexión.

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