La inercia del caos

Publicado: 25 de febrero de 2012 en Artículos
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Dice la física que la inercia es la propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de reposo o movimiento, mientras no se aplique sobre ellos alguna fuerza, o la resistencia que opone la materia al modificar su estado de reposo o movimiento. Por caos podemos entender desorden general, aunque en su origen la palabra representaba más a lo ‘hueco’, a ‘lo muy abierto’. Hay sociedades que parecen abonadas al caos constante, una inercia natural y continuada que permite establecer las fronteras del todo va bien o el todo va mal en un pequeño  fragmento de segundo. Con este tipo de sociedades nunca puedes planear nada, aunque planear sea un verbo difícil de conjugar para cualquier sociedad.

Abocadas a la necesidad diaria, al sufrimiento como herramienta habitual, muchas sociedades se han acostumbrado a vivir en esa esfera del caos total sin llegar incluso a percatarse de ello. Cualquier que haya viajado por algunos países sabrá de qué estoy hablando. Ese caos que parece que va a bloquear  todo lo que se mueve y que, curiosamente, hace que todo funcione, aunque nadie sepa cómo. A veces ese caos advertido por unos no es sufrido por otros. Lo que parece un caos general algunos lo interpretan como algo natural, normal y fácil de llevar. Hay sociedades condenadas a sufrir de lujo y de exageración. Y con exageración me refiero a derroche, a malgastar necesidades sin otro objetivo que el deseo de malgastar. Otras viven en constante inercia del caos. Todo funciona pero nadie sabe cómo.

Hay inercia de movimiento, desde el amanecer al anochecer, un trasiego de acciones y reacciones, innumerables, miles de momentos que se juntan en el mismo momento para no permitir comprender nada, o para comprenderlo todo, o simplemente para preguntar y no hallar respuesta. El movimiento no se detiene, puesto que si se detuviera la inercia pararía y el caos no llegaría. Una sucesión de sucesos que convergen en un mismo punto: continuar. Y en ese continuo ajetreo, en ese caos que nunca se detiene, nace la auténtica vida, la más ágil y veloz, la que da color y calor al día y a la noche.

Cuando uno pasea por las grandes ciudad de un país como Indonesia por ejemplo, se percata de que algo no parece funcionar, pero que, al mismo tiempo, todo funciona. Es el caos convertido en naturalidad. Tráfico que se desborda, gentes que ni miran al cruzar, caballos que se mezclan con burros y motocicletas, niños jugando en el borde de la acera mientras el autobús pasa a toda velocidad. Uno contempla el panorama y sufre en cada esquina, en cada nueva escena, pero no ocurre nada, al menos nada por lo que se pueda temer. Uno teme demasiadas cosas cuando se encuentra en medio del caos y, sin embargo, el caos no es letal, acaso sólo la sensación de que va a pasar algo es el problema. El problema puede ser de uno mismo.

Cuando uno pasea por estas ciudades cree que todo puede ser peor de lo que es, o de lo que era. Cree uno que esas familias humildes sufren ese caos. Y en el caos sobreviven, sin faltarles de nada, o casi nada, el miedo es el sustento diario, el mañana no se planea, llegará sin duda, pero no es el momento, el ahora es lo importante. Cuando crees que todos viven en el caos caes en la cuenta de que una familia humilde que te acoge tiene un coche ranchera 4×4, son propietarios de un hostal en pleno centro de la ciudad, mueven dinero efectivo cada día y su sencillez aparente los hace parecer tremendamente felices. No hace falta mucho para serlo, y entre el caos se manejan con gran habilidad. El arte radica en saber  andar por la cuerda. Y la cuerda se mueve según el viento. Y el viento va cambiando y nunca se sabe por dónde va a soplar.

Priorizar en lo que verdaderamente se necesita no frena el consumo, incrementa el consumo inteligente, el práctico. Hace del caos la rutina y ese caos deviene en vida. La vida merece disfrutarse a cada hora, no esperar a mañana, no pretender planear lo que no se puede. El aquí y el ahora mandan sobre todo el resto. Las pequeñas cosas aumentan el placer, el mínimo detalle engrandece el momento. Cuando parece que nada está controlado es cuando todo es perfecto. Con la perfección, o supuesta perfección, puede ocurrir exactamente lo contrario, que no tenga nada de perfecta y en cambio se encuentre sumida en la más profunda crisis. El caos aparente va y viene, aparece y desaparece con la rapidez de la mirada. Todo lo aparente engaña. El caos quizá no lo es. El mundo gira de forma diferente según el rincón desde donde se observe. El mundo acorrala a sus presas cuando éstas se entregan a la dejadez. La alerta diaria emana del impulso y la necesidad, y la necesidad es la prioridad. Con esa premisa el caos sale derrotado frente a los presagios más pesimistas. Ya no vemos caos donde veíamos desastre. Ya sólo vemos vida donde se suponía infierno.

Cuando todo parece estar en la peor situación posible quizá la salida más sencilla está frente a nosotros. Lo aparente engaña. Démosle a la apariencia un poco menos de seriedad y de credibilidad. Alcémonos contra lo que parece para abrazar la esencia de las cosas, lo que es ciertamente. Lo importante. El caos no es tan fundamental cuando no le damos tanta importancia. El resto permanece y con ello nuestra esencia. Lo elemental se desvanece ante tal hecho. Adornemos el día a día con pequeñas dosis de intuición y habremos colaborado en borrar malos presagios. La inercia nos iluminará para transportarnos hacia donde sea. Porque da igual hacia dónde sea. Lo importante es mantenernos en la inercia, en esa bella y real inercia del caos.


 

comentarios
  1. Marga dice:

    Es ,siempre, una bocanada de aire fresco leer tus reflexiones, perdona que no escriba, como al principio, al fin , no importa.Pero sigo este blog dede el principio , con la misma intensidad.y admiración.
    Muy cierto ,en la inercia del verdadero caos todo puede seguir funcionando, priorizar y mantener la sonrisa y la vida es un verdadero Arte.
    Te envidio, sanamente, por no haber viajado nunca a Oriente ( indonesia,otros), me recuerda los sueños de las mil y una noche.Mi unico viaje fue a traves de el libro”el Afinador de Pianos”
    Con mucho afecto, un abrazo,Vicente, de Marga.

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    • Tete dice:

      Gracias, Marga…ya sabes que a veces se viaja con la mente y con la imaginación…Y a nuestro alrededor tenemos demasiadas cosas por analizar sin necesidad de moverse demasiado…

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  2. Nick dice:

    Nen, te has superado esta vez. Se merece un excelente desde mi humilde opinión.
    Welcome

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  3. Leire Kortabarria dice:

    Buenísimo.

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