Rajás y sultanes

Publicado: 20 de febrero de 2012 en Historia
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Los estados hindúes, budistas y musulmanes de Indonesia no eran amantes de dedicar tiempo y dinero al bienestar de sus súbditos. La gran mayoría eran monarquías absolutas o sultanatos cuyos gobernantes aseguraban ser en parte divinos. Digamos que la teoría decía que los súbditos estaban principalmente para producir alimentos y bienes, acaso para desempeñar negocios con los que pagar impuestos al soberano, o bien para luchar o para ocupar puestos en la corte real como poetas, astrólogos, recaudador de impuestos.

La tierra en cualquier caso pertenecía al soberano, quien permitía los cultivos a sus súbditos a cambio de impuestos y tributos. Los esclavos eran parte intrínseca del panorama hasta bien entrado el siglo XIX.

Los reinos o sultanatos más extensos, como el indo-budista Majapahit (1294-1478) en Java, o el musulmán de Mataram (1581-1755), erigieron imperios comerciales gracias a los tributos satisfechos por otros pueblos a quienes mantenían a raya bajo la amenaza de una intervención militar. Las historias personales de sultanes y soberanos se suceden a lo largo de la historia, algunas son más atractivas y curiosas que otras, pero todas tienen un denominador común.

Por ejemplo, Majapahit estuvo siempre en la memoria de los lugareños y de los futuros estados indonesios por sus buenos modales, la ceremonia y las artes de su corte, y porque algunos de sus príncipes y princesas habían contraído matrimonio con las familias gobernantes de los sultanatos musulmanes.

Otro ejemplo es el del sultán Agung de Mataram que no tuvo reparos en conquistar estados musulmanes vecinos en la década de 1620, cuando deseaba estrechar el control sobre las rutas de exportación del arroz, el azúcar y la teca de Mataram. Aquí no contaban las alianzas pasadas, ni los vínculos de sangre eran garantías para evitar una matanza o para garantizar un trato de favor.

El sucesor de Agung, Amangkurat I, en su primer año de mandato, ejecutó al menos a 6 mil súbditos, incluidos a los consejeros de su padre y a sus propios hermanastros y sus familias para eliminar cualquier posible disputa a su autoridad. Otro ejemplo de racionalidad.

En los siglos XVI y XVII los estados indonesios se sirvieron de los europeos como socios comerciales, mercenarios o aliados según se conveniencia, pretendiendo deshacerse de ellos si se volvían demasiado fuertes o exigentes. Precisamente en Malaca, el pequeño sultanato de Ternate, rico en clavo, expulsó a los portugueses, socios hasta 1575. Y más tarde otorgó a los holandeses el monopolio sobre la venta de sus especias, utilizando esos ingresos para construir su flota de guerra y cobrar tributos de otros pequeños estados. Ternate llegó a controlar 72 estados en Malaca y en Sulawesi que pagaban impuestos.

Todos esos contratos, alianzas y conquistas transfirieron a los holandeses el control sobre gran parte del comercio y el territorio de Indonesia. Provocaron muchos conflictos internos, y esas interminables luchas internas del reino de Mataram en Java les brindó tal poder que incluso el casi muerto rey Pakubuwono II les cedió el control de su reino. También en 1755 provocaron un nuevo conflicto sucesorio en Mataram, dividiéndolo en dos reinos con dos capitales distintas; Solo y Yogyakarta.

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