Yukio Mishima

Publicado: 18 de febrero de 2012 en Literatura
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“Conocer aquello que es justo y no hacerlo demuestra la falta de valor”

(Confucio)

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“No tenía nada a lo que pudiera llamarse una afición. A decir verdades, en cuestión de aficiones era más bien escéptico”

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Yukio Mishima era el seudónimo de Kimitake Hiraoka, su nombre original (Kimitake) significa ‘príncipe guerrero’. Escritor y dramaturgo japonés nacido en Tokio en 1925, quien tras trabajar en una fábrica aeronáutica durante la Segunda Guerra Mundial, y tras no ser admitido por el ejército para luchar por su país, algo que para él supuso una cierta humillación personal. Estudió derecho y fue funcionario del Ministerio de Hacienda. Es considerado como uno de los grandes escritores contemporáneos de Japón, además de tener un gran prestigio en Occidente.  Entra del grupo de escritores conocidos como ‘la segunda generación de posguerra’.

       “Cuando a cada una de nuestras acciones se le asigna, una vez cometida, una teoría,

las teorías se convierten en el sistema

y el agente no es más que la probabilidad de todas las acciones”

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Su padre, Azusa Hiraoka, fue secretario de Pesca del Ministerio de Agricultura. Pasó su infancia bajo el atento cuidado de su abuela durante varios años. Su abuela se llamaba Natsu y toda su familia estuvo vinculada a la cultura de los samurái de la era Tokugawa. La mala salud de su abuela permitió que el joven Kimitake la masajeara a diario para aliviar su dolor. Ella era muy aficionada a la violencia, incluso bordeando la locura. Muchos biógrafos del escritor dan por hecho que la influencia de su abuela supuso la fascinación de éste por la muerte. Su abuela no permitía que jugase con otros chicos de su edad. Prefería que pasase las horas jugando a solas o con sus primas.

     “Desde hace un siglo, por lo menos, los hombres se han olvidado de actuar de acuerdo con sus deseos”

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Con 12 años ya comenzó a escribir sus primeras historias. Leyó a Wilde y Rilke y a numerosos clásicos japoneses. Acudió, por recomendación de su abuela, a la escuela elitista Peers, lugar reservado a la aristocracia japonesa y a plebeyos ricos). Sin embargo, siempre fue considerado un adolescente frágil. Prometió a su padre no escribir más pero lo siguió haciendo en secreto por las noches. Su padre era ferviente seguidor de los nazis y le hizo estudiar la Ley Alemana.

    “El ser humano ama sobre todo aquello que se le resiste y eso es lo que les sucede a las mujeres”

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Escribió su primera novela ‘Ladrones’ en 1948 a la que le siguió la novela  ‘Confesiones de una máscara’ en 1949 sobre un joven homosexual que debe esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. Para aquel entonces tuvo tanto éxito y fue tan elogiado por crítica y lectores que le permitió dedicarse plenamente a la escritura para abandonar su carrera en el ministerio.  Esa novela era en parte autobiográfica. Y esa novela le siguió ‘El pabellón de oro’ (1956), dando a conocer sus obsesiones sobre la belleza, la cultura y la religión. Pero fue en la década de los 60 cuando escribió sus mejores obras.

“Nada es más enojoso que ser un dechado de virtud sin hacer para ello el menor esfuerzo”

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‘El marino que perdió la gracia del mar’ (1963) donde narraba acerca de los celos adolescentes. Su mayor obra sin duda correspondió a la epopeya titulada ‘El mar de la fertilidad’ (1970) y que estuvo formado por cuatro obras o volúmenes: ‘Nieve de primavera’, ‘Caballos desbocados’, El templo del alba’ y ‘La corrupción de un ángel’. En principio esta obra deseaba describir y analizar la transformación de Japón en una sociedad moderna pero estéril. Para muchos constituye un testamento ideológico del propio autor, rebelándose contra una sociedad que para él estaba totalmente sumida en la decadencia moral y espiritual más absoluta.

  “La desdicha de unos constituye en cierta medida la felicidad de otros”

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Su ensayo más importante fue ‘En defensa de la cultura’, donde defendía la figura del Emperador como la mayor señal de identidad de su pueblo. Después formaría la Sociedad del Escudo (Tatenokai), donde se pretendía reencarnar los valores nacionales perdidos de su Japón tradicional.

   “La belleza que crees observar en otro sólo se explica por tu ignorancia de ti mismo,

por la ignorancia y el malentendido”

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Mishima no fue un simple escritor de novelas. Fue disciplinado y muy versátil. Tras sus novelas se esconden otro tipo de narrativa, como series populares, relatos cortos y ensayos literarios, obras de teatro y versiones modernas de dramas tradicionales. Su obra se tradujo a varios idiomas y su fama mundial aumentó. Fue propuesto en varias ocasiones para conseguir el Premio Nobel de Literatura, pero fue su mentor Yasunari Kawabata quien lo ganó. Ahí se dio cuenta de que las posibilidades de lograrlo por otro escritor japonés eran escasas. Dejó una obra extensa, con 40 novelas, 18 obras de teatro, más de 20 libros de relatos y 20 libros de ensayo.

    “Una vez superada la juventud, el artista se pasa el resto de su vida interrogándose sobre el sentido de aquélla”

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Desde 1955 se propuso realizar entrenamiento con pesas durante tres sesiones diarias, cosa que no paró de hacer los últimos 15 años de su vida. Llegó a alcanzar un poderoso físico, adquiriendo coordinación y agilidad gracias a la práctica del Kendo (arte marcial japonés de la esgrima). Se dice que aunque visitó numerosos bares de ambiente gay en Japón sólo lo hizo como observador y que tuvo contactos con hombres solamente cuando viajó por el extranjero. Se casó con Yoko Sugiyama en 1958 y tuvieron una hija y un hijo.

      “En este mundo no existe ninguna emoción fuera de la sensualidad.

No hay pensamiento ni idea que, si están desprovistos de sensualidad, sean capaces de emocionar”

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En los últimos años de su vida participó y actuó en varias películas y codirigió la adaptación de una de sus historias, Yukoku. En la mañana del 25 de noviembre de 1970 se produjo ‘el incidente’. El propio Mishima y cuatro miembros de la Tatenokai visitaron con un pretexto al comandante del campamento Ichigaya, en Tokio. Una vez dentro, procedieron a cercar con barricadas el despacho y ataron al comandante a su silla. Con un manifiesto totalmente preparado y con numerosas pancartas que enumeraban sus peticiones, Mishima salió al balcón para arengar a los soldados que estaban reunidos abajo. Su objetivo era inspirarlos, conseguir que se alzaran y que dieran un golpe de estado para devolver al Emperador su legítimo lugar. No consiguió nada de eso, sino que además los soldados se acabaron riendo de él. En unos minutos acabó su discurso entre las risas de los soldados. Al volver a la oficina del comandante cometió seppuku. El seppuku es una forma de suicidio tradicional que finaliza con la decapitación provocada por un asistente. El suyo trató de decapitarlo hasta en 3 ocasiones sin lograrlo. Al final Hiroyasu Koga fue quien realizó la decapitación.

         “El que ama siempre es tolerante, y el amado siempre es cruel”

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Mishima había preparado su suicidio durante más de un año aunque nadie cercano a él supo realmente nada acerca de sus verdaderos planes. El supuesto deseo de golpe de estado tan sólo fue un pretexto. Con su muerte desapareció uno de los críticos más lúcidos de la sociedad japonesa de posguerra y un artista superdotado que marcó un rumbo en la historia de la literatura japonesa contemporánea. Ha sido calificado como quizás el último samurái. También ha sido tachado de ultraderechista por algunos. Aunque su fuente de inspiración no fue el fascismo italiano ni el nacionalsocialismo, sino que sus ideas se basaban más en un tiempo anterior a todas esas ideas occidentales, cuando la clase guerrera nipona seguía el dictado de Confucio.

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