Diario de pensamientos : Viviendo bajo el síndrome ‘low cost’

Publicado: 12 de febrero de 2012 en Diario de pensamientos
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“La mejor publicidad es la que hacen los clientes satisfechos”  

(Philip Kotler)

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Es curioso observar como el ser humano siempre desea prosperar, tener más y ambicionar lo que no tiene o lo que cree que sería mejor. Es curioso observar como muchas veces esa búsqueda, esa forma de vida, pasa a ser una auténtica obsesión para muchas personas. E incluso puede convertirse en un gran fracaso si no se llega a alcanzar. Conseguir según qué cosas en la vida ya parece todo un auténtico reto aunque la mayoría no sepan en absoluto el porqué de esa búsqueda.

Lo que siempre hemos considerado un consumo habitual, del día a día, lo hemos traspasado al terreno de lo carente de atractivo. Digamos que lo tomamos por diversas razones; ya sea por gusto, por comodidad, por precio o por no haber encontrado una alternativa mejor. En muchos de los casos, desearíamos poder consumir otros productos pero, al no ser asequibles, pasan a ser secundarios, terriblemente deseados pero aparcados en la recámara hasta que algún día podamos comprarlos, consumirlos y saborearlos.

Y es curioso comprobar cómo muchas personas pasan, debido a un nuevo estatus económico, a consumir productos que no habían consumido nunca, simplemente porque en ese momento se lo pueden permitir y convierten aquellos productos que consumían en el núcleo de sus quejas. Digamos que lo que consumían era totalmente intomable pero debido a las circunstancias se hacía obligatorio su consumo. De repente, los nuevos productos adquieren una necesidad básica, una prioridad, una costumbre que alcanza lo sublime. De repente, todo es bueno y apetecible. Todo el mundo puede hablarte de las propiedades de tal y cual aceite, de tal o cual vino, de tal o cual jamón, de las diferentes clases y calidades de los quesos o de lo qué es realmente un buen ‘foie’. Todos se vuelven expertos de lo que nunca han consumido con una facilidad pasmosa.

Cualquiera puede hacerte un análisis de las propiedades del producto ‘x’ que contiene ‘x’ propiedades que te harán sentir perfectamente. Cualquier te sugiere la última leche de soja del mercado porque tu organismo lo notará. De repente, todos esos productos tan sofisticados, reservados a sibaritas, a personas con un nivel económico superior, pasan a ser consumo habitual para cualquier persona, con lo cual, parte de su encanto y de su creación  pierden notoriedad, puesto que muchos de esos productos se han fabricado con la idea de que sean exclusivos y no consumidos por cualquiera. De hecho, muchas marcas ‘delicatesen’ se niegan a venderse en grandes superficies para que no parezcan un producto más entre todas las marcas. La distinción se logra mediante la exclusividad.

Pero, mira por donde, es curioso también comprobar cómo de repente, y debido lógicamente a la situación económica, cualquier producto puede servir para cualquier momento. Ya no es tan importante aquel jamón y el serrano de toda la vida puede valer, ya no es tan importante la marca del aceite, lo importante es que sea de oliva y que esté a un buen precio. Se ha creado una estructura de consumo alrededor del ‘low cost’ (bajo coste) que es difícil de cuantificar, pero que ya es todo un hecho y una realidad.

Al panorama del desempleo se unen otros factores, la renta de las familias ha caído, el salario precario unido a los contratos temporales hace que la mayoría no tengan muy claro cuánto poder gastar y acaban gastando lo mínimo. El consumo ha cambiado de orientación. En parte es lógico y en parte sorprende. Lo que antes era malo se ha convertido en básico y tampoco está tan mal. El ser humano se adapta a cualquier circunstancia pero cuando puede conseguir algo ‘mejor’ enseguida recela de lo anterior, quizá por vergüenza, quizá por falta de personalidad.

Ahora resulta que aquel que gasta mucho está enfermo o no sabe lo que hace. El que ahorra en la compra o buscando ofertas es listo. Hay datos que hablan por sí solos. El 63% de la población española que tiene empleo gana unos 1000 euros brutos al mes. Llegar a fin de mes en esas circunstancias ya resulta obra de héroes. El ‘low cost’ ha entrado a formar parte determinante para millones de personas. Y no sólo en España, el ejemplo sirve para muchos otros países del mundo. Algunos sociólogos se preguntan si esta moda será pasajera, influida por la crisis económica, si se impondrá como sistema de vida, o si por el contrario, se volverán a cometer los mismos errores y las mismas acciones de consumo descontrolado una vez que la crisis haya desaparecido. Buscar el precio más bajo es una razón de vida. Una nueva forma de vida.

Lo cierto es que el consumidor en general ha descubierto que puede consumir y que existen otros productos que son realmente similares a los que acostumbraba a consumir y que su precio es ostensiblemente inferior. En cierta forma, el consumidor ha descubierto que antes pagaba mucho por un producto que quizá no lo valía.

Quizá a partir de ahora aparezca el cliente selectivo, que elegirá marcas blancas para según qué productos y en otros gastará más. Ahora ya no miramos si es mejor o no, lo importante es si es suficiente o no. Cualquier cosa puede valer, cualquier cosa puede ser suficiente. Se acabaron las tonterías. Antes se alardeaba de haber comprado un producto caro, ahora se alardea con la adquisición de la mejor oferta, del precio más bajo, de la ganga más absoluta.

Ahora a quien paga mucho por algo se le trata de tonto cuando antes era terriblemente  envidiado. Tan sólo basta con fijarse en un ejemplo indicativo; cuando las viviendas alcanzaron su precio más alto era precisamente cuando la calidad de la construcción fue peor. Tan sólo un ejemplo que nos dice muchas cosas; no siempre pagar más por algo quiere decir consumir lo mejor, como pagar lo menos posible por algo no quiere decir que eso sea lo peor. Todo tiene su punto de equilibrio y debemos saber encontrarlo, al menos buscarlo.

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