Yogyakarta (Indonesia)

Publicado: 8 de febrero de 2012 en Rincones del Mundo
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Yogyakarta poco tiene que ver con Yakarta. Quizá que el nombre es parecido. Nada más. Si la capital destaca por su poder financiero e industrial, la ciudad de Yogyakarta destaca por otros ámbitos, ya sean culturales, tradicionales o espirituales. Hablar de esta ciudad es hablar de emociones, de historia, de filosofía, de sensaciones, de cultura, del alma de un pueblo, del núcleo del verdadero sentido nacional y de una identidad propia que destaca profundamente.

Esta ciudad no alcanza el millón de habitantes pero eso no quiere decir que su actividad sea menor. No es lo mismo transitar por sus calles que hacerlo en Bandung, por poner un ejemplo, eso es cierto, pero se nota que la masificación no es su característica más destacada. Es esta la cuna del idioma javanés, de su cultura más profunda y de su historia más verdadera. Tierra de arte y de artistas, de tradiciones visibles e invisibles que dejan huella en el viajero más exigente.

Aunque está profundamente orgullosa de su riqueza cultural y social, a pesar de ser tradicionalista, conservadora y un tanto independiente, la zona no deja de mostrar su arte y su cultura a cualquiera que esté interesado en ello. Anclados en el devenir del poder de su sultán, continúan adorándole y de mostrarlo orgullosos. Su kraton sigue siendo la piedra angular del centro de la ciudad y continúa siendo el centro cultural y tradicional de sus habitantes. Y aunque no cierran los ojos a la modernidad no desean perder nada de lo que para ellos significa lo auténtico y sagrado: su origen y su tradición.

La ciudad no deja de ser visitada, es uno de los lugares más turísticos de la isla de Java y todo tiene un porqué. En sus alrededores se conservan vestigios de otras civilizaciones que dieron origen a muchas de las filosofías de vida de los javaneses y que definen el carácter de sus gentes. Los templos de Borobudur y de Prambanan ya merecen por sí solos una visita a la zona. O una visita al volcán todavía activo Gunung Merapi (Montaña de Fuego) de 2911m garantiza el espectáculo. Playas cercanas y una costa con un excelente pescado y marisco le hacen ser un paraíso para sus propios habitantes  y para los miles de turistas nacionales que se dejan caer cada fin de semana y en época de vacaciones para degustar un buen rato en medio de las tradiciones y la naturaleza más placenteras.

La ciudad de Yogyakarta fue fundada por el príncipe Mangkubumi, que en 1755 regresó a Mataram y construyó el kraton de la ciudad. A partir de ahí adoptó el título de sultán, cambió su nombre por el poético nombre de Hamengkubuwono (el universo en el regazo del rey) y creó el estado más poderoso de la isla de Java en el siglo XVII.

Si por algo se ha caracterizado este estado javanés ha sido por ser un símbolo de la resistencia al gobierno colonial. Llegó a ser capital de la república entre 1946 y 1949. Cuando los holandeses ocuparon Yogya en 1948, el sultán se encerró en su kraton y permitió a los rebeldes utilizar su palacio como cuartel general. El miedo de los holandeses a actuar contra un sultán y poder  verse a una masa de javaneses en contra por verle como a un Dios hizo posible que se le concediera a Yogya un estatus especial cuando finalmente se consiguió la independencia.

El centro de la ciudad vive alrededor del kraton. El kraton es un inmenso terreno donde está situado el palacio del sultán y donde residen más de 25 mil personas. Personas que tienen el privilegio de vivir en ese recinto por trabajar para el sultán. Todas esas familias de alguna manera están relacionadas con la vida del sultán. Es una ciudad amurallada dentro de otra ciudad. Aquí no existe el tráfico, sus callejones lo impiden, la tranquilidad es un placer entre árboles, pequeños comercios y algunos jardines perfectamente cuidados.

La arquitectura del recinto es una muestra visible de la palaciega javanesa, con lujosos vestíbulos, espaciosos patios y grandes pabellones. El terremoto de 2006 dañó gravemente algunos edificios y otros destrozos fueron causados por los japoneses cuando invadieron la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. El sultán no vive permanentemente dentro de su palacio porque tiene otras residencias tanto en la costa como en el interior pero sí que habita en él a menudo y sus sirvientes siguen ejerciendo sus labores a pesar de su ausencia. De hecho conservan sus propios uniformes oficiales. Y muchos de ellos ya son ancianos que siguen orgullosos atendiendo sus tareas como bien marca la tradición.

El centro del kraton es el Bangsal Kencana (pabellón dorado) que tiene suelo de mármol, techo muy decorado y vidrieras estilo holandés, junto a unas columnas de teca tallada. Buena parte del recinto se usa como museo. Hablando de museos hay unos cuantos interesantes dentro del kraton como el Museo Kareta Kraton o el Museo Sono-Budoyo, pero alrededor de la ciudad se pueden visitar más como el Affandi Museum, que posee una gran colección de pinturas y autorretratos. La obra de este artista se exhibe en dos edificios que él mismo diseño; también está el Museum Sasana Wiratama que honra el heroico príncipe Diponegoro, quien capitaneó la sangrienta rebelión contra los holandeses entre 1825-1830.

comentarios
  1. Como siempre, excelente.
    Saludos

    Me gusta

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