Filosofía ‘Kiasu’ (Singapur)

Publicado: 30 de enero de 2012 en Artículos
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Lee Hsien Loong, sigue dirigiendo con eficacia a Singapur, aunque quizá no de forma tan autocrática como su padre. En lugar de encarcelar a disidentes políticos ahora se les denuncia por difamación y la libertad de expresión y la prensa continúan todavía muy controladas. Es una sociedad tremendamente conservadora y algunos ejemplos son evidentes como las muestras de afecto en público, todavía hoy una pareja besándose ‘escandalosamente’ en la vía pública puede ser portada de un  periódico. Ya no se controla tanto la vida de sus habitantes. Los viajeros con el pelo largo ya no corren el riesgo de ser llamados ‘SHIT’ (sospechoso de hippie en tránsito) en el pasaporte. Ya se han legalizado casinos, y las go-gos ya pueden bailar en las tarimas de las discotecas. Ya se puede vender y comprar alcohol, aunque caro, lo que ha contribuido a que la noche de Singapur se haya llenado de vida y a que los lugareños tengan la opción de poder gastarse su brillante sueldo en algunas cervezas. Lo más complicado es convencer a la juventud actual, que ha vivido de una seguridad económica envidiable, de que el mantenimiento de las restricciones sobre la libertad de expresión son todavía hoy adecuadas cuando la era de la información global y de la comunicación libre en el mundo manda en su mayoría.

Muchos asiáticos, sobre todo los malayos, describen a los singapureses como ‘kiasu’. Esta palabra viene del chino hokkien y significa literalmente ‘temeroso de perder’. La filosofía ‘kiasu’ comprende toda una gama de comportamientos egoístas y avasalladores por los que el individuo debe evitar perder a toda costa. ¿Son así realmente? La mayoría dice que ciertamente son muy competitivos. Pero también son directos y francos. Hay comportamientos que se consideran ‘kiasu’ como la acumulación de demasiada comida en el plato durante un almuerzo tipo bufé en el caso de que no haya comida más tarde o la acción de unirse a un cola con un día de antelación sólo para asegurarse el éxito en conseguir entradas gratuitas para un determinado evento, una promoción o una muestra de lo que sea en Singapur.

Hay otras manifestaciones como no dar las gracias cuando alguien les abre una puerta o cuando alguien espera que otro pase antes. Normalmente se irrumpe sin ni siquiera mirar a la otra persona, con lo cual se evita encontrarse con la contrariada mirada de la otra persona o permite evitar la mirada culpable del que lo ha cometido. Según el análisis de los propios habitantes de este país, todo ello tiene un argumento que defiende su actuación y que el gobierno trató de repetir durante la década de los 70. Para sacar el país adelante se necesitaba de un trabajo duro, y ese trabajo duro debía ser realizado por el ciudadano. El Estado no puede hacerse cargo del ciudadano y éste debe ser suficientemente duro y apto para salir airoso de todas sus necesidades.

Aunque en muchos aspectos todas estos pensamientos han cambiado y el gobierno ha querido también introducir cambios, como poner señales en ascensores o en las puertas del metro para recordar a la gente que primero deben dejar salir a los que están dentro antes de comenzar a andar y no tropezar con el que estará en frente de ellos. A todo esto lo han denominado ‘campañas de cortesía’. Una nueva manera de actuar. Digamos que la urbanidad se está empezando a notar. Aunque sea de forma lenta. Lo que está claro es que los ciudadanos de Singapur no desean perder bajo cualquier concepto, sobre todo porque han nacido y han crecido en una sociedad altamente competitiva y sus padres les inculcaron que el estudio y el trabajo deben ser tareas duras y que deben ser los mejores en lo que hacen. Todo ello ha provocado que esos hijos se hayan convertido en empresarios ambiciosos, muy ambiciosos, con sólo deseos de atesorar riqueza y prestigio, dejando a un lado sus verdaderas capacidades como personas.

Kiasu ya es una palabra aceptada incluso en diccionarios como el Inglés de Oxford. Y el término ‘kiasuismo’ se refiere a la toma de medidas extremas para lograr el éxito o evitar el fracaso.

Todo lo que demuestra esta mentalidad es que las sociedades siguen ancladas en el desequilibrio, el miedo a perder, a no querer ser el peor, a desear ser el mejor siempre, a ser más que otro, a ser alguien. La fuerza global del individualismo por encima de todo provoca el egoísmo extremo, donde tiene un valor, el que se posee. El dinero manda y lo que se tiene es lo que se vale. Todo demuestra que para lograr según qué, se necesita muy a menudo desprenderse o tirar a la basura determinados valores que deberían ser salvaguardados por encima de todo. Pero no es así. Se cree que la felicidad (que es el fin humano) se va a lograr por esos medios pero a veces una sonrisa alentadora, un gesto amable, una educada acción determina el valor del ser humano, da resultado frente a la acción inhumana del atropello generalizado y a la tan manida expresión del ‘todo vale’ por encima de todo.

Todo esto es resultado de una educación y todo ello tendrá unas consecuencias. No es así porque sí. Y más nos valdría invertir tiempo en otro tipo de educación. Porque está muy bien señalar que el ser humano debe ser fuerte tanto física como mentalmente para lograr salir de sus apuros, pero eso no quiere decir que lo tenga que conseguir a costa de pisotear o avasallar a otro individuo. No es el camino. A veces el grupo consigue metas mucho más interesantes e importantes. No es descabellado imaginar qué ocurrirá en la mente de toda esa juventud que ha crecido con ese pensamiento cuando las cosas no salgan como pensaban, cuando todo se cruce y el éxito no aparezca, cuando la sensación de pérdida y de fracaso acuda a sus vidas, sus caídas serán todavía más duras, puesto que nadie les enseñó a que forman parte de la vida del ser humano y que debemos también saber afrontarlas.

comentarios
  1. Javier dice:

    Cuando estuve alli hay una cosa que me cabreo y era que en los parques tenian a un energumeno que se cargaba pajaros con una escopeta le pregunte que por que lo hacia y me dijo que a los ciudadanos no les gustaban los pajaros que hacian ruido asi que los eliminaban acojonante no. Lo mas flipante era el ruido que provocaba el a cartuchazo limpio.

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  2. Nick dice:

    Estamos tan habituados a mirar hacia fuera que hemos perdido casi por completo el acceso a nuestro ser interior. Nos asusta mirar hacia dentro, porque nuestra cultura no nos ha dado ninguna idea de lo que vamos a encontrar. Incluso podemos pensar que si lo hacemos nos exponemos a la locura. Y así vamos.
    Así pues, hacemos nuestra vida tan agitada que eliminamos hasta el menor riesgo de mirar hacia nosotros mismos. Incluso la idea de meditar puede asustar. Al oír las expresiones «ausencia de ego» o «vacuidad», se creen que experimentar tales estados ha de ser algo así como ser arrojado por la escotilla de una nave espacial para flotar eternamente en un vacío oscuro y helado. Nada podría estar más lejos de la verdad. Pero en un mundo dedicado a la distracción, el silencio y la quietud nos aterrorizan, y nos protegemos de ellos por medio del ruido y las ocupaciones frenéticas. Contemplar la naturaleza de nuestra mente es lo último que nos atreveríamos a hacer.

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