Chinatown (Penang)

Publicado: 24 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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Inmiscuirse en este barrio garantiza unas horas de diversión, sorpresa, entusiasmo, excitación, animación, en definitiva, un paseo por el pasado dentro del futuro, o un paseo en el hoy con marcado acento antiguo. Se mire por donde se mire la visita no tiene un momento de descanso ni de aburrimiento. No se puede pretender pasar por sus calles como si la cosa no fuera con nosotros.  Una vez dentro eres uno más, compartiendo los miles de olores, a comida cruda, a fruta, a verdura, a especias, a pescado, a marisco, a carne variada, a cloaca, a gasolina, a perfume, a incienso, a una y mil combinaciones de aromas que te dejan el olfato hecho trizas en tan sólo unos veinte minutos. No eres capaz pasada una hora de distinguir ninguno de ellos, tu capacidad para distinguirlos queda bajo sospecha en cuanto giras la primera esquina.

Y lo bueno del caso es que por muy distinto que parezcas al resto de personas que deambulan sin parar por todas sus pequeñas callejuelas siempre pasas desapercibido, aunque te metas dentro de una cocina para fotografiar a una señora anciana mientras cocina o prepara algún plato típico, nada molesta del ajetreo continuo, de la actividad diaria. El mercado callejero llama a cientos de personas que transitan todas las calles en busca de sus productos. Y hay productos para dar y regalar, no hay manera de calificarlos. Aunque al principio puede parecer que están los puestos de fruta y luego los de verdura, enseguida averiguas que los de  pollo ya estaban entre los últimos y que los de pescado se van descubriendo a medida que avanzas. El espectáculo no tiene nombre, es para detenerse unos minutos y observar, detenerse y ser una parte del espectáculo. Un elemento más dentro de la escena. Una rata más dentro del laberinto de calles que serpentean a izquierda y derecha y de arriba abajo, junto a templos, junto a mezquitas, junto a comercios tradicionales semejantes a los del siglo XIX. Artesanos, mecánicos, pintores, cesterías, decoradores, dibujantes, todos completan una delicia para el visitante que asiste al show de la forma más natural posible, intentando no perder detalle alguno del panorama.

Se podría decir que la visita a este barrio de Georgetown ya da sentido a la visita a Penang. No hay momento para el descuido, cualquier segundo puede ser clave para detectar un detalle que se nos había quedado en el aire. Y da igual hacerlo de día para contemplar el maravilloso mercado matinal o hacerlo por la tarde para visitar algún templo o de noche para degustar algún plato típico en unos de sus puestos callejeros.

Además coincide mi visita al barrio con los prolegómenos y preparaciones para los festejos del nuevo año chino y todos buscan los últimos adornos, los últimos detalles para que la fiesta sea memorable. Muchas calles ya están engalanadas y la actividad en todos los comercios aseguran un éxito seguro a todas las celebraciones.

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comentarios
  1. Nick dice:

    Excelente oportunidad sin lugar a dudas para abrir algunos enquistados marcos mentales y o sensoriales.

    Me gusta

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