Georgetown (Malasia)

Publicado: 23 de enero de 2012 en Rincones del Mundo
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La capital de Penang ofrece un panorama fantástico para el visitante. Esta bulliciosa ciudad está llena de pequeños comercios de marcado carácter chino dado que es la población mayoritaria. No dejará indiferente a ninguno de los viajeros que quieran descubrirla. Está llena de colorido, de movimiento y de arquitectura colonial intacta que permanece para gusto de los ojos foráneos. Los trishaws (bicicletas que tiran de un pequeño carruaje para pasajeros cubiertos por un pequeño toldo)  se entremezclan entre los turismos por todas las calles de la ciudad, transportando a turistas sedientos de emoción y deseosos de descubrir los secretos que esconde esta deslumbrante ciudad malaya. Un laberinto de estrechas calles no dejan de mostrar toda clase de sorpresas.

Pequeñas tiendas que venden productos antiguos, con taller artesanal incluido, oficios que parecían abandonados por la humanidad renacen ante la mirada atenta y asombrada del viajero más sagaz. Hombres y mujeres tejiendo cañas o varillas de incienso, o tallando madera al estilo tradicional, adivinos del futuro (o lo que sea), un retroceso a siglos atrás según la esquina que decidas girar. Todo puede cambiar si la elección final es hacia la izquierda o hacia la derecha.

Cantidad de templos chinos e hindúes se mezclan con mezquitas musulmanas. Una interminable lista de tiendas de todos los productos imaginables se agolpan puerta a puerta para que el paseo sea entretenido y fascinante. Porque esta ciudad es para eso, para pasear. Sin prisas, deteniéndose donde nos apetezca, donde haga falta. No hace falta andar mucho para sorprenderse con algún pequeño detalle y además no nos quedaremos sin oferta tanto gastronómica como de hoteles para todos los gustos.

Es una ciudad con vida, de eso no cabe duda. Y la vida la dan también toda la multitud de turistas que caminan de arriba abajo, de una calle a otra, mezclándose con los comerciantes chinos que van de aquí para allá. Una ciudad que se descubre a pie, caminando, contemplando las arquitecturas coloniales que permanecen intactas,  bien cuidadas, dentro del barrio colonial, justo al lado del barrio indio conocido como ‘Little India’, aunque con mucho encanto se queda diminuto frente al gran Chinatown, que domina buena parte de la mayoría de la actividad comercial de la ciudad.

Acaso andar y andar para perderse es lo deseable. Perderse para encontrarse de nuevo, dentro de un callejón con alguna casa abandonada, con algún puesto de un mercado callejero. Acaso andar y perderse es la opción más elegida puesto que absorber todos los detalles que impregnan sus calles no permite estar concentrado al cien por cien para poder guiarse correctamente.

Mi paseo comienza temprano, para intentar no coger demasiado calor aunque a las nueve de la mañana ya está pegando el sol de lleno. Lo primero que visito es la Torre del reloj que se construyó en honor a la reina Victoria de Inglaterra en 1897. Justo al lado deslumbra el Padang, que consiste en un campo de césped para el juego y abierto que es típico de todas las ciudades coloniales malayas. Éste alberga el edificio del ayuntamiento de la ciudad y el consistorio y llega hasta el paseo que da al mar justo al lado del Fuerte Cornwallis, una vieja muralla, lugar donde por primera vez desembarcó el capitán Light en 1786. Al principio el fuerte que se construyó era de madera pero más adelante y gracias a la mano de obra de convictos se sustituyó por la actual estructura de piedra. Hoy sólo quedan en pie los muros externos del fuerte y la zona interior es un parque. Hay una iglesia anglicana que destaca por ser la más antigua del sudeste asiático, la de San Jorge, construida en 1818 por presos.

Little India, es un pequeño enclave animado que usa varias calles envueltas en el aroma de incienso y con esquinas desbordadas de música de Bollywood, aparte de las típicas tiendas de ropa hindi y saris, templos y restaurantes, que posee una atmósfera especial y es muy interesante para visitar.

Capítulo aparte merece el barrio de Chinatown por su espectacular colorido y animación. Y tampoco falta sitio en esta ciudad para su barrio financiero con sus grandes centros comerciales dispuestos a ofrecer lo último en tecnología y en restauración occidental. Una ciudad con atractivo, abierta al visitante y experta en comerciar con lo que sea. Muchos siglos de experiencia en esa clase de actividad dan una solvencia y una categoría fuera de duda.

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