Adat (Una ley tradicional)

Publicado: 18 de enero de 2012 en Artículos
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Cuando la modernidad se impone, el capitalismo consigue arraigarse y la mayoría de una sociedad se occidentaliza, pasando a tener una vida más rápida, estresada y ocupada en nuevos menesteres, los hábitos y las tradiciones suelen ir cambiando poco a poco, o se tiende sin pretenderlo a abandonar ciertas costumbres que estaban arraigadas en el entorno familiar o social de un pueblo.

Esto es lo que le ha ocurrido al pueblo de Malasia en cierta forma. La mayoría de los malayos eran tradicionalmente musulmanes, devotos de una vida tradicional con sus antiguas creencias y un sistema social basado en los pueblos y conocido como adat.

El adat era y es una ley tradicional que daba y da importancia a lo colectivo por encima de la responsabilidad y de los intereses individuales, era y es una forma de mantener la armonía y el equilibrio social basado en la convivencia de una comunidad. Su origen se dice que pudo ser hindú o incluso mucho más antiguo y tenía su base de realización en el kampung (pueblo o aldea) para luego pasar a utilizarse en las nuevas  zonas urbanas. Esa comunidad del kampung se ha ido perdiendo con el paso del tiempo y con el cambio socioeconómico provocado por la modernidad y el capitalismo. De todas maneras son muchos los malayos urbanos que echan de menos aquella vida del kampung a pesar de las ventajas y comodidades de su vida en la gran ciudad.

Según el adat, todos los habitantes de una aldea o de un pueblo tienen el mismo estatus social, pero para hacer más efectiva su vida suelen nombrar un jefe o un líder en función de sus riquezas, de su mayor experiencia o de su nivel de conocimiento espiritual. Por tradición, el fundador de cada pueblo ya era nombrado jefe (penghulu o ketua kampung) y muchas veces ocurría que algunos miembros de su familia también se convertían en líderes o jefes.

El líder religioso musulmán, el imán, detentaba una posición de gran importancia como no podía ser de otra manera al ser ésta una comunidad musulmana, y era el encargado de dirigir las oraciones al grupo. Los llamados pawang y bomoh eran los guardines de la sabiduría espiritual que formaba parte de la tradición más antigua. Un pawang tenía ciertas habilidades y conocimientos esotéricos sobre algunas cosas como la cosecha, el clima o la pesca, por citar algunos ejemplos. El bomoh, por el contrario, era un sanador espiritual que ostentaba un conocimiento de la ciencia de las plantas curativas y era poseedor de poderes varios.

Quizá estas dos últimas figuras han ido perdiendo influencia debido al fundamentalismo islámico y al racionalismo occidental, pero ciertas cosas como el espiritualismo, la magia y el culto a los santos (keramat) siguen muy vivos, a pesar de que ciertas de estas creencias entran en conflicto con las enseñanzas islámicas tradicionales. Se ha recurrido a adaptar ciertas creencias tradicionales y costumbres antes de ceder el terreno al islam por completo. Incluso algunos políticos continúan hoy acudiendo en períodos electorales a un bomoh para orientar su estrategia y prevenir ciertos riesgos que puedan contrariar sus opciones.

Es curioso como el tiempo sacude ciertas tradiciones arraigadas durante siglos. Los cambios y las evoluciones de un pueblo, de una comunidad o de una sociedad cualquiera desarrollan cambios continuos que provocan que sus gentes tengan que decidir entre abandonar ciertos hábitos, acondicionar los nuevos o simplemente adaptar ciertas características de uno dentro del otro. Lo cierto es que la evolución es constante y las tradiciones tienen algo de anacrónico se mire como se mire. Quizá es por eso que en algunas sociedades cueste tanto conseguir que éstas permanezcan intactas. El tiempo es capaz de devorar todo a su paso.

No importa el origen, lo importante es el desarrollo y el ser humano está en pleno ciclo dinámico constante, al cual no debe negarse pues negaría su propia realidad. Las tradiciones de ayer nada tienen que ver con el hoy ni las de hoy tendrán nada que ver con las de mañana. Los cambios que se producían siglos atrás eran mucho más lentos que los que se producen en nuestros días. Arraigar algo definitivamente dentro de un núcleo es tarea más que complicada. Tan sólo debemos analizarnos a nosotros mismos y a nuestros hábitos para darnos cuenta de que éstos van cambiando con una pasmosa facilidad y rapidez.

Aquello que considerábamos apto hace unos años ya no lo encontramos del todo óptimo hoy, lo mismo que ocurrirá dentro de unos años con lo que nos ocurre hoy. El ser humano evoluciona tanto a nivel individual como colectivo hasta extremos inescrutables y no por eso hay que pulsar el botón de alarma. Las cosas suceden de forma natural y esa naturalidad enciende la espontaneidad y las formas de vida, sean como sean y se encuentren donde se encuentren.

comentarios
  1. Octavio dice:

    Buen post y gracias por mostrar un poco mas, las costumbres culturales de este magnífico pueblo.
    Y lo que hay que reconocer es que todo evoluciona, y lo peor de todo es que cada vez es mas deprisa.
    Saludos

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  2. Nick dice:

    Molt molt interesante observación del entorno.

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