Diario de pensamientos : Los vuelos de la muerte

Publicado: 28 de diciembre de 2011 en Diario de pensamientos
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‘En reiteradas oportunidades vi llegar camiones de la policía de la Provincia

cargados de jóvenes de ambos sexos que eran embarcados en aviones a motor de dos hélices, generalmente de la Armada’

(Arnoldo Bondar, empleado civil de la base El Palomar) 

Si algo tiene el ser humano es que es capaz de sofisticarse en el uso de la tortura y la barbarie. La realidad siempre supera la ficción. Si de algo es capaz el ser humano es de tener imaginación suficiente para el sufrimiento, para el dolor y para el maltrato. Es difícil rodearse de inteligencia. Es difícil también rodearse de bondad, de paz y de armonía. De hecho estamos acostumbrados a vernos rodeados de ignorancia, de estupidez y de inutilidad, de violencia, de odio y de complejos infundados, pero a la hora de crear nuevas fórmulas de matar, de aniquilar o de fomentar el pánico entre la sociedad, el ser humano es increíblemente audaz y dinámico, sorprendentemente capaz e imaginativo.

Los ‘vuelos de la muerte’ fueron una práctica de exterminio de personas detenidas y desaparecidas durante las últimas dictaduras militares en Argentina durante el llamado ‘Proceso de Reorganización Nacional’ (1976-1983), conocido familiarmente como ‘el proceso’, se considera como la dictadura más sangrienta de la historia argentina y se caracterizó por el terrorismo de estado, la violación constante de los derechos humanos, la desaparición y muerte de miles de personas, el robo de recién nacidos y crímenes de lesa humanidad. Seguramente, a quien se le ocurrió el nombre de tal proceso descansó feliz una vez visto el desarrollo de los acontecimientos. Porque tiene narices interpretar el significado de ‘reorganización nacional’ con el método de aniquilar al oponente ideológico por sistema, deteniéndolo, haciéndole desaparecer y, finalmente, asesinándolo.

La práctica inventada con los ‘vuelos de la muerte’ consistía en lanzar, sistemáticamente, a miles de personas vivas al mar desde aviones militares. En 1976 aparecieron en la costa del este de Uruguay varios cuerpos destruidos, según varios testigos en Cabo Polonio. En 1977 aparecieron varios cuerpos a unos 300 kms. al sur de Buenos Aires. Esos cadáveres fueron enterrados rápidamente pero los forenses policiales informaron que la causa de la muerte fue ‘un choque contra objetos duros desde gran altura’. Muchos de aquellos cuerpos recuperados pudieron ser identificados como procedentes de los Centros de Detención. Algunos del Campo de Mayo y otros de la ESMA, algunos podrían haber estado en El Campito. Los últimos cuerpos parecían proceder de El Olimpo.

Durante el primer gobierno democrático y bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, aparecieron sospechas y declaraciones que hacían indicar que la policía de la provincia de Buenos Aires también eliminaba a las víctimas de la represión ilegal de esta manera. Incluso, en 1995, el ex represor de la ESMA Adolfo Scilingo narró con detalles la metodología de exterminio al que los propios verdugos se referían como ‘vuelos’. Ese testimonio se recogió en el libro ‘El vuelo’. En el libro se detallaba el procedimiento, la autorización de la Iglesia Católica, la utilización de inyecciones anestésicas, la participación de médicos, los tipos de aviones y la amplia participación de oficiales del ejército.

‘Los vuelos fueron comunicados oficialmente por Mendía (vicealmirante de la Armada)

 pocos días después del golpe militar de marzo de 1976.

Se informó que el procedimiento para el manejo de los subversivos en la Armada

sería sin uniforme y usando zapatillas, jeans y remeras’

Antes de poner en marcha dicho procedimiento macabro se consultó con la jerarquía eclesiástica y se llegó a adoptar un método que la Iglesia consideraba cristiano, es decir, gente que despegaba en un vuelo y que no llegaban a su destino. Y antes las dudas de algunos marinos, se aclaró que se tirarían a los subversivos en pleno vuelo. Tras los vuelos, los capellanes trataban de consolar a los ‘verdugos’ recordando un precepto bíblico que habla de ‘separar la hierba mala del trigal’. Según los cálculos que narraba el mismo Scilingo, los métodos de exterminio de los aviones costó la vida a casi 5000 personas y dependían directamente del Almirante Emilio Massera. Pero Scilingo no fue la única persona que rompió su silencio. Emir Sisul Hess, que integró la Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros, contó cómo arrojaban (a esas personas) al Río de la Plata cuando él era piloto. Explicó que los vuelos salían de Palomar o de Morón, que les ponían una bolsa en la cabeza, los subían a los aviones y los trasladaban hasta que eran arrojados.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha entregado al juez federal Sergio Torres más de un centenar de fotografías de víctimas de los “vuelos de la muerte” de la dictadura militar argentina (1976-1983) realizadas por un fotógrafo uruguayo, y se han entregado en la causa para que sean utilizadas como prueba por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Las fotografías forman parte de 35 pliegos de documentos que la CIDH ha desclasificado después de 36 años, a petición de Torres. Es la primera vez que el organismo adopta esta decisión, ya que hasta ahora solamente había entregado material de esta naturaleza a las comisiones encargadas de investigar las violaciones de Derechos Humanos en la región y a las familias de las víctimas. En total, se trata de 130 fotografías en las que aparecen cadáveres, muchos de ellos maniatados, o miembros corporales. De estos documentos se desprende que las víctimas eran argentinas, ya sea por los billetes encontrados o por las características de la ropa.

El mismo juez Torres ordenó la detención de los pilotos Alejandro d’Agostino, Enrique de Saint Georges y Mario Arru, acusados todos de haber tripulado, entre otros, el avión desde el que presuntamente se arrojó al mar a la fundadora de las Madres de la Plaza de Mayo, Azucena Villaflor y  la monja francesa Léonie Duqet. También se detuvo al exsuboficial naval Ricardo Ormello, quien habría confesado a compañeros de trabajo su participación en dichos vuelos. Otro detenido es Gonzalo Torres de Toloza, abogado, vinculado al grupo encargado de accionar las tareas operativas en la ESMA.

El mismo mar sorprendió a todos con la verdad. El mismo mar abrió los ojos a la incredulidad. Fue el mar quien, tras recibir esos cuerpos lanzados,  los empujó a la orilla para denunciar unos hechos que jamás debieron suceder. Fue ese mar quien nos puso delante de una realidad que asusta y que nos hace pensar qué clase de gente puede cometer semejantes delitos. La violencia de unos actos que no deben quedar impunes, puesto que son delitos contra la condición humana en su conjunto. Todos somos víctimas de una manera u otra. Todos debemos ser conscientes de hasta qué punto el ser humano es capaz de dañar a alguien, a su entorno, a su familia y amigos, con frialdad, ejecutando actos de verdugo con alevosía, escondiendo, programando, estructurando un método infalible para dar rienda suelta a sus enfermedades, metiendo en el círculo del terror a diferentes personajes que por una causa u otra son tan culpables como despreciables. Desde el que inventa el sistema, hasta el que lo ejecuta, pasando por el que lo firma, lo organiza, lo entrena y lo define. Toda esa macabra organización de muerte debe pudrirse pues no pertenece a la raza humana, al menos, a la masa de personas que nos consideramos de bien. No vale con denunciar unos hechos, unas personas, unos militares, unos dictadores, unos asesinos. Hace falta más. Hace falta expandir la noticia, explicarla (aunque cueste), hace falta recordar estos acontecimientos para que aprendan futuras generaciones lo que no se debe hacer bajo ningún concepto. Debemos eso al menos a todas esas víctimas. Debemos ser conscientes del grado de importancia que dejan estos hechos. No lamentemos. Juzguemos. Recordemos. Aprendamos.


comentarios
  1. Nick dice:

    Es increíble y realmente vergonzoso hasta que punto puede llegar la barbarie del ser humano para con sus semejantes.

    Me gusta

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