Marlon Brando

Publicado: 5 de diciembre de 2011 en Cine
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 “Un actor es una persona que no te escucha a menos que estés hablando de él”
(Marlon Brando)

Cuando oyes hablar de cine y quieres evocar las mejores interpretaciones que recuerdas su rostro es uno de los que suelen aparecer siempre. El magnetismo de este actor, para algunos quizá el mejor actor que ha tenido el cine, es más grande que su interminable carrera. El poder de seducción, su arrogante mirada y su desgarradora posesión de la escena provocan por lo menos que te sientas conmovido. Cuando se habla de actuar este es el actor. Cuando se habla de impactar ante una cámara, este es el rostro. Impenetrable, atrayente y perturbador. Marlon Brando consiguió marcar época dentro de la industria del cine, pero supo desarrollar su carrera, desarrollando su juventud de sus principios con la madurez de sus años, mejorando con el tiempo, dando lo mejor de sí. Un extraordinario genio de la interpretación que quedará para siempre en nuestras retinas y que, de alguna manera, forma parte de nuestras vidas.

Marlon Brando nació en Nebraska en 1924. Su familia paterna descendía de franceses que americanizaron su apellido original, ‘Brandeau’. Su afición por la interpretación le vino de la mano de su madre, una artista aficionada al teatro, al igual que a sus dos hermanas mayores.  Si en algo destacó ya de niño fue por su facilidad de observar a la gente e imitar sus gestos y ademanes. De adolescente fue rebelde, expulsado de varios colegios. Aunque su padre se lo recriminó en varias ocasiones siempre le motivó para que buscara su propio camino. Al joven Bud (como se le conocía familiarmente) le intentaron someter a la disciplina militar en contra de su voluntad en una Academia Militar de Minnesota pero ni incluso ahí pudieron enderezar su carácter. De hecho a los dos años lo expulsaron por insubordinación.

Los problemas de pareja de sus padres llevaron a su madre al alcoholismo y a la pronta emancipación tanto del joven Marlon como de sus dos hermanas. Y obligado a trabajar desde entonces probó diferentes profesiones, fue albañil y conductor de excavadoras. Mientras tanto, sus hermanas se trasladaron a Nueva York para probar fortuna en el teatro. Y a comienzos de 1943, con 19 años, decide irse a vivir con su hermana Joselyn con el mismo objetivo, aunque tuvo que dedicar horas del día a diferentes trabajos para ganarse la vida. La sucesión de ocupaciones demuestra la versatilidad de su carácter y la poca estabilidad laboral. Desde botones a lavaplatos, desde vendedor de refrescos a ascensorista en unos grandes almacenes. Todo mientras esperaba su  oportunidad.

Quizá su mejor decisión fue estudiar interpretación en la New School y, sobre todo, en Actor’s Studio. Esta escuela fundada en 1947, es conocida por su trabajo refinado y su método de enseñanza, según Konstantin Stanislavski, actor, director y administrador del Teatro de Arte de Moscú, el método de las acciones físicas, conocido como el ‘sistema Stanislavski‘, y que consiste básicamente en hacer que el actor experimente durante la ejecución del papel emociones semejantes, parecidas a las que experimenta el personaje interpretado; para ello se recurre a ejercicios que estimulan la imaginación, la capacidad de improvisación, la relajación muscular, la respueta inmediata a una situación imprevista, la repoducción de emociones experimentadas en el pasado, la claridad en la emisión verbal. El sistema es el resultado de muchos años de esfuerzos por parte de Stanislavski para determinar cómo una persona puede controlar el rendimiento en los aspectos más intangibles e incontrolables del comportamiento humano, tales como las emociones y la inspiración artística.

El Studio logró reconocimiento mundial bajo la dirección de Lee Strasberg, quien tomó su dirección en 1952. La lista de actores y actrices famosos que han pasado por él es interminable: Paul Newman, Jane Fonda,  James Dean, Marilyn Monroe, Dustin Hoffman, Robert de Niro, Jack Nicholson o Steve McQueen, por poner sólo unos ejemplos se formaron allí. Sus primeros pinitos fueron pequeñas obras de teatro clásico que le sirvieron para foguearse hasta que Elia Kazan se fijó en él para su estreno en Broadway de la obra de Tennessee Williams ‘Un tranvía llamado deseo‘ (1951). Ahí comenzó verdaderamente su carrera. Logró que todo Broadway hablara de él. Y fue precisamente ese éxito teatral el que provocó el estreno de la versión cinematográfica.   Brando supo trasladar a la pantalla toda la fuerza con la que había invadido al personaje de la historia y bordó el papel, pero gracias al cine su éxito y fama se multiplicaron irremediablemente. Fue también su primera nominación para los premios Oscar. Y se dice que esa película provocó el nacimiento de un icono único en la industria del cine y un mito dentro y fuera de dicho arte.

Con sus siguientes películas estuvo nominado al Oscar también : ‘¡Viva Zapata!‘ (1952), ‘Julio Cesar’ (1953), pero fue gracias al personaje que encarnó en  ‘La ley del silencio‘ (1954) por el que consiguió su primera estatuilla y por el se reconoció su primera trayectoria como actor. Lo cierto es que nuevamente bordó su papel en la piel de un individuo ex boxeador que se busca la vida en los muelles de Nueva York. El personaje olía a premio desde el principio y así fue. Como se supo por sus memorias, nunca fue consciente exactamente del alcance de su imagen y del efecto de su fama, de su alabada rebeldía. Pero más títulos contribuyeron a aumentar dicha fama: ‘¡Salvaje!’ (1954), ‘Piel de serpiente’ (1959). Su versatilidad era evidente. Su facilidad para cambiar de personaje película tras película lo convirtió en una estrella, al alcance de muy pocos.

Pero si por algo destacó su personalidad entre lo que abundaba en Hollywood fue se aspecto rebelde. Encarnaba el inconformismo por encima de todo, no se acobardaba, trabajaba contra el star-system, siempre a espaldas de la industria, lo que ocurría es que esa imagen y esa pose convenía a la fábrica de sueños. Fue sin duda el mejor comercial del cine de Hollywood de la época. Sólo él era capaz de hacer vender un producto, fuera cual fuera. Rechazó muchas ofertas, pero muchas veces fue más por saturación que por ideología. Lo que eligió fue ir cambiando el género, lo que también contribuyó a variar su calidad, pero demostró su talento y su adaptación ante nuevos retos, contribuyendo todo eso a aumentar su prestigio. En 1958 interpretó a un capitán del ejército alemán en ‘El baile de los malditos’, convirtiendo la imagen del protagonista en alguien más cercano y más humano que lo acostumbraba a verse en los filmes bélicos de la época. Esa década de los 50 la cerró estrenándose como director en ‘El rostro impenetrable’ (1961), un western original y que no causó la sensación que debía y tampoco fue valorado suficientemente.

Y fue en la década de los 60 aprovechando la cima de su carrera cuando trabajó en: ‘La casa de té de la luna de agosto‘  y ‘Rebelión a bordo‘, para luego entrar en una fase de descenso en la que se alejó del cine. Pero fue gracias a Coppola que recuperó su fama y se consagró con su trabajo en ‘El Padrino’, lo que le llevó a conseguir un nuevo Oscar en su carrera. Galardón que rechazó. A partir de entonces, su vida comenzó un surrealismo total del que ya no pudo salir. Pidió 14 millones de dólares por aparecer en ‘Superman’ (1978), un ejemplo claro de lo que llegó a ser. Fue entonces cuando se convirtió en un actor mercenario que aceptaba todo según la oferta económica, acuciado por las deudas y los problemas económicos. Compró un atolón en Tahití en 1966 y sus diversos divorcios y dramáticas relaciones sentimentales le acabaron de hundir tanto psicológicamente como económicamente. Problemas con ex parejas, problemas con hijos, problemas con nuevas parejas. Un camino sin retorno que lo alejaron de lo que era su pasión, el cine. Tan sólo en aquella época rodó una película por la que todavía es recordado, ‘El último tango en París’. Su fama cambió, convirtiéndose en actor polémico, conflictivo y exigente.

Y esa condición y calificativo continuó cuando rodó junto a Coppola ‘Apocalypse Now’, cuando al llegar al rodaje se le vio extramadamente gordo y con la cabeza rapada, con lo que el director tuvo que improvisar y rodar la mayoría de las escenas entre sombras. Aún así, su poder de seducción frente a la cámara seguía siendo muy evidente. Nunca perdió su calidad ni su fuerza. Nunca fue menospreciado por su carrera, quizá sí por su actitud y su carácter. Pero nos dejó maravillosas escenas y películas inolvidables que seguirán siendo eternas. La controversia al respecto de sus miedos de infancia y los complejos de su carácter seguirán alimentando los rumores, pero no hay duda de que su temperamento le sirvió para caracterizar a personajes con una brillantez asombrosa. En el aspecto familiar el caos se apoderó de toda posibilidad de estabilidad. Brando fallecería en julio de 2004, con 80 años y enfermo de fibrosis pulmonar. Nos dejó una maravillosa carrera que nunca olvidaremos.

comentarios
  1. j. pablo dice:

    Vamos vicenteeee! excelentes tus comentarios sobre Marlon Brando, además súper pertinentes ahora que en varias partes están reestrenando El Padrino. Mira, aquí te mando un link para que leas algunas columnas de cine que estoy escribiendo en Chile.
    http://blog.latercera.com/blog/jpvaldeavellano/ Abrazos para ti y Luca.
    (Come on United!!!) jaaa!!

    Me gusta

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