Woody Allen

Publicado: 29 de noviembre de 2011 en Cine
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‘En realidad, prefiero la ciencia a la religión.

Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire’

Describir a este personaje puede ser relativamente sencillo o no. Puede resultar complicado o no. Todo depende desde el nivel sobre el que nos dispongamos a describir su carrera. Una carrera, por otra parte, repleta de obras maestras y de ingenio por todos lados. Un personaje irrepetible que ha hecho las delicias de millones de espectadores, que posee una multitud de seguidores y fieles espectadores, con el cual es difícil traspasar la línea entre la ficción y la realidad, un personaje capaz de describir y mostrar las escenas más inverosímiles del ser humano urbano y cosmopolita, pero que, al mismo tiempo, inunda con sus paranoias y sus pensamientos todo lo que produce.

Allan Steart Königsberg nació en Nueva York en 1935, pero utilizó un alías para ser conocido profesionalmente o artísiticamente. Woody Allen es multifacético. Capaz de escribir libros, cuentos, poesía, relatos breves, guiones, libros y novelas, pero también capaz de tocar el clarinete en una banda de jazz  y de realizar multitud de películas. Puede ser visto como un privilegiado. Ese tipo de personas que han logrado incorporar todos sus gustos y aficiones dentro de sus trabajos. Sus inquietudes, sus sueños, sus manías, sus valores, sus ideales, todo está expuesto en su cine, en sus variadas películas. Una unión perfecta de gustos y aficiones, de música perfectamente elegida, de personajes curiosos, que parecen sacados del surrealismo para percatarte más tarde que pueden ser reconocidos en cualquier ciudad del mundo con algunos millones de habitantes.

Porque, si algo hay en la obra de este genial director que destaca por encima de todo, es que ha sabido describir fielmente su visión del Nueva York intelectual, burgués y sobradamente preparado. Un neoyorkino que ha vivido su especial infancia y juventud marcada por la relación con su familia y su religión. Proviene de una familia judía de orígenes ruso-austríacos, a la que el propio Allen define como «burguesa, bien alimentada, bien vestida, e instalada en una cómoda casa». NO es la visión objetiva de Nueva York. Es su visión particular. Es simplemente la visión que él mamó, en la que creció y en la que desarrolló su vida. Digamos simplemente que ha traspasado todas sus vivencias a la gran pantalla. No se puede decir que es lo que cualquier persona puede encontrar de esa gran urbe, sino que es lo que él ha vivido en primera persona y gracias a su inmensa imaginación le ha dado un vuelco para crear historias y personajes a la altura de un gran escritor. Porque ante todo, Allen es escritor. Un narrador de historias a veces sencillas pero con mensaje, de historias imaginativas pero con carácter, de historias divertidas pero llenas de intelectualidad y crítica. La sutileza y la ironía están usadas continuamente. El sarcasmo es otro personaje más dentro de su obra. Utiliza la técnica más básica para allanar el camino de unión entre lo que está contando el personaje en acción y el espectador pasivo que se sienta frente a la gran pantalla. Historias sencillas que dicen más de lo que parece en un primer momento. Muestra perfecta de que de vez en cuando un gran mensaje no tiene que tener una gran apariencia. A veces con un diálogo bien elaborado es suficiente para construir una gran escena. No hace falta mucho más.

‘La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema’

Allen se crió con las películas de Ingmar Bergman y de Federico Fellini. Cogió ideas de sus ídolos cómicos como Groucho Marx y Bob Hope. Todas ellos fueron influencias totalmente conocidas de la mano del propio director, que nunca ha negado su devoción por todos ellos. Temas variados, casi todos como autoanálisis de su propio carácter. Parecen todas las películas como terapia propia, autosugestión para disipar miedos, dudas y preguntas. Con los espectadores como invitados a su propia reunión de confesión pública. Historias de todo tipo, con el humor por estandarte, pero un humor especial, inteligente, a veces poco comprendido, rechazando el chiste fácil, indagando en la mente humana más allá de lo previsible, con notas de oscuridad o de luz según convenga, con aparente naturalidad, con sencillez.

‘El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida,

que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia’

Hasta los 8 años estudió en una escuela hebrea y después en una escuela pública. Ya desde niño se introdujo en el mundo de la música tocando el violín para pasar después al clarinete. Esa afición musical la utiliza para las bandas sonoras de sus películas asiduamente. Fué un niño solitario e introvertido. Tuvo aversión a las escuelas tanto primaria como secundaria. Con 16 años comenzó su carrera como humorista y a los 17 ya adoptó su apodo. Trabajó en solitario. Escribía chistes para enviarlos a columnistas de periódicos neoyorquinos. Con 18 ingresó en la universidad de Nueva York y entre otras materias estudió producción cinematrográfica. Pero no se interesó mucho por las clases y sí por las proyecciones de películas que tenía la misma asignatura. Dejó la universidad. Y dos años después consiguió su primer trabajo. Actuó en numerosos locales y en programas de televisión, hasta que consiguió la posibilidad de elaborar un guión y trabajar como actor en la película ‘What’s new, Pussy Cat?.

‘El amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas’

Y a partir de 1968 comienza una carrera meteórica que todavía no ha abandonado. Casi sale a película por año. Su primera realización ‘Coge el dinero y corre’ ya fue un gran éxito. A partir de ahí la lista es muy larga: ‘Bananas‘ (1970), ‘El dormilón‘ (1973), ‘Love and death’ (1975). En 1977 consigue su primer Oscar como director con ‘Annie Hall’ (1977) y se le reconoce como un director de primera línea. Es entonces cuando se decanta por ambientar sus películas en su ciudad natal, con ejemplos grandiosos como ‘Manhattan’ (1979), considerada como quizá la mejor película que ha rodado hasta la fecha, tanto por sus personajes, como por su fotografía y por su guión. Curiosamente, su público más fiel está fuera de Estados Unidos.

‘La única manera de ser feliz es que te guste sufrir’

A estos grandes títulos les han seguido una cantidad de películas con letras mayúsculas y muchos títulos ya no se pueden olvidar ‘Hannah y sus hermanas‘ (1986),  ‘Otra mujer‘ (1988), ‘Delitos y faltas‘ (1989), ‘Maridos y mujeres‘ (1992), ‘Misterioso asesinato en Manhattan’ (1993), ‘Balas sobre Broadway’ (1994), quizá en su mejor etapa, en la que destacó su afán por las historias personales y autocríticas. Una época introspectiva.

‘En mi casa mando yo, pero mi mujer toma las decisiones’

Con el paso de los años su visión global le ha hecho salir más de su Nueva York natal para adentrarse a filmar en ciudades amadas y en la búsqueda de talentos europeos y de un clima completamente nuevo y diferente. También los guiones han ido cambiando y se ha adentrado en un ciclo digamos vital dentro de su carrera. Realmente hace lo que quiere cuando quiere. No tiene dueños ni compromisos. Realiza lo que desea con la naturalidad de siempre. Y en los últimos años ha destacado por su sorprendente capacidad de no dejar a nadie indiferente. La crítica no le ha perdonado algunos errores pero su público sigue siéndole fiel. Y él sigue siendo fiel anualmente a su cita con su estreno. De su última etapa se pueden destacar los siguientes títulos: ‘Granujas de medio pelo‘ (2000), ‘Un final made in Hollywood’ (2002), ‘Match Point’ (2005), ‘Si la cosa funciona’ (2009).

‘Una película de éxito es aquella que consigue llevar a cabo una idea original’

Seguramente, si a cada uno de sus seguidores les preguntáramos por sus títulos favoritos nos daríamos cuenta que cada uno tiene los suyos. La lista es suficientemente larga como para elegir. Cada uno tiene sus gustos, sus personajes en la memoria, sus escenas inolvidables, pero la mayoría coincidiría en destacar su versatilidad a la hora de abordar historias y personajes, la facilidad con la que resuelve sus diálogos, su inagotable fuente de imaginación y su sencilla pero valorada técnica. Woody Allen no es un creador de grandes realizaciones, al contrario, siempre trabaja con presupuestos humildes dentro de la industria norteamericana cinematográfica, quizá porque no ha querido nunca hipotecar ni sus ideas, ni su talento, ni su forma de trabajar. Ha sido fiel a eso en todo momento y es lo que le ha llevado a su autorealización y la creación de auténticas obras maestras que nunca olvidaremos. Un auténtico placer para el disfrute, el conocimiento, el pensamiento y el encuentro con historias que ya forman parte de nosotros.

‘Para ti soy ateo. Para Dios, la oposición’

comentarios
  1. Javier dice:

    Nos topamos con el no hace mucho cuando dabamos un paseo por Chelsea, iba con su mujer asiatica, es exacto a como aparece en las peliculas, nervioso y con pinta de llevar prisa. La verdad que su carrera ha tenido sus vaivenes, creo que es uno de los que o le amas o le odias, pero sus dialogos siguen siendo geniales.

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  2. Un trabajo sensacionial, Vicente. Felicidades. Un abrazo para ti y para toda la familia de Lostinbergen.

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