La naranja mecánica

Publicado: 22 de noviembre de 2011 en Cine
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La historia del escritor y compositor inglés Anthony Burgess es de esas que te dejan un momento para la reflexión. Nacido en 1917, tras la Segunda Guerra Mundial trabajó en Brunei y Malasia hasta que en 1959 sufrió un colapso y se le diagnosticó tumor cerebral inoperable, con lo cual las esperanzas de vida a largo plazo eran nulas. Este hecho le hizo escribir con la única intención de que su mujer pudiera vivir con holgura gracias a los ingresos provenientes de los derechos de autor de su obra. Se retiró de la enseñanza y se convirtió en escritor a tiempo completo. En un año y medio escribió 5 novelas, y parece ser que ese hecho, esa actividad artística tuvo consecuencias sobre su salud mental. El faltal desenlace no tuvo efectos reales. Y a partir de ahí escribió y publicó más de 50 libros con un gran abanico de temas a lo largo de toda su carrera. Pero si por algo ha sido conocido mundialmente fue por su novela ‘A clockwork Orange’ (‘La naranja mecánica’) escrita en 1962.

La historia estaba inspirada originalmente en un suceso vivido por el autor durante la Segunda Guerra Mundial, cuando él y su mujer fueron asaltados en 1944, siendo su esposa víctima de robo y de violación por parte de cuatro marines estadounidenses en las calles londinenses. Embarazada durante ese momento, la paliza que le propinaron sus atacantes le provocó un aborto. Burgess trató de escribir un libro describiendo la libre voluntad y la moral, la manipulación de los individuos por fuerzas como los sistemas políticos, la represión general, la corrupción del ser humano.

En 1971, el director Stanley Kubrick adaptó la novela de Burgess dándole el mismo nombre. Malcolm McDowell dio vida al personaje protagonista Alex DeLarge y bordó una de sus mejores interpretaciones de su carrera. La figura de ese psicópata social, carismático, enigmático, líder de una pandilla de matones londinenses a los que llama ‘drugos’ (del término ruso ‘colegas’) recorrió el mundo y su tratada imagen impactó en el público de la época. Pero el personaje aunque aparece como un sádico indomable tiene momentos para la cultura, escucha música clásica, a Beethoven particularmente; narra la mayor parte del filme en nadsat, una jerga adolescente ficticia que combina la lengua eslava (ruso), inglés y una jerga rimada cockney londinense. Alex se ve ninguneado e incomprendido por su familia y no deja de ser un individuo distante, lejano de la sociedad que le rodea, que busca un protagonismo aunque sea a costa de la violencia gratuita y de dominar tanto mental como físicamente a sus compañeros de fechorías.

Pero la película se adentraba en el mundo de los instintos humanos urbanos. Una joya diseñada por el gran director que pretendía describir a una sociedad enferma, dado que todo el entramado decorativo ya adivinaba una sociedad futurista, donde el grupo de delincuentes sólo parece ser un breve ejemplo de lo que se podría descubrir. Un grupo que disfruta con la violencia más gratuita, golpeando a indigentes por la calle, robando, violando mujeres, asesinando a personas inocentes. La ultra-violencia en su aspecto más frío, más distante con respecto al ser humano, dándole aspecto de placer, de comprensión y de auténtica malicia.

La estética de la película todavía hoy puede considerarse moderna y futurista en algunos aspectos. Nominada a 4 Oscar no consiguió ninguno finalmente. John Alcott nos descubrió una fotografía sorprendente de un paisaje londinense inédito. Película de culto que sigue enganchando a miles de espectadores y sus escenas siguen en la retina de muchos que descubrieron una historia dramática, crítica con la sociedad que nos rodea, donde los personajes parecen recordarnos a muchos que vemos cada día a nuestro alrededor. Una sociedad enferma que trata de utilizar la hipocresía para establecer los límites del bien y del mal y que utiliza la enfermedad del protagonista para alardear de curas infalibles para modernizar las mentes. Un análisis crudo de la realidad violenta que convive con el hombre dentro de todas sus urbes y que forma parte del subconsciente animal que llevamos dentro.

Temas actuales y candentes todavía hoy  como el pandillerismo juvenil, la violencia gratuita, las teorías conductivas. Al psicópata enfermo se le critica y se le encierra. Se trata de rehabilitarlo mediante nuevos métodos, utilizando una técnica de psicología conductista.  Una vez rehabilitado es rechazado por la sociedad, por su familia y por sus amigos. Además se encuentra con la sorprendente noticia de que sus propios compañeros de fechorías son ahora policías y agentes de la autoridad, sus padres se siente avergonzados por la figura de su hijo e incluso se han buscado un sustituto políticamente correcto, los pobres indigentes se lo encuentran por casualidad y es repudiado por todos, sin excepción. Nadie perdona. La misma sociedad agredida por él busca venganza. El ser humano reinterpreta lo acontecido con él hacia los demás.

Sus antiguos compañeros le secuestran y lo llevan a un bosque para golpearle, para vengarse de sus propias vejaciones hacia ellos. La huida descontrolada y totalmente aterrorizada le llevará casualmente a la misma casa que atacó, a reencontrarse con su víctima, aquel marido agredido y obligado a visionar la violación y asesinato de su propia mujer. La venganza no se hace esperar. Y en su intento por escapar de la terrible realidad intenta el suicidio como método de evasión. No lo logra pero sí que pone a los medios de comunicación en aviso sobre los métodos perpetrados por el Estado contra él.

El trabajo de Kubrick provocó algo de controversia, entre otros motivos porque la película, pese a haber sido filmada en Gran Bretaña, sigue la versión de la obra según fue editada en los EEUU, la cual no incluye el polémico capítulo final del libro de Burgess, en el cual el protagonista se regenera, pues al crecer unos años comprende que es preferible canalizar su energía de un modo constructivo. La escena final de la película hace sospechar todo lo contrario.

Verdadera obra maestra que convierte el genio de Kubrick y la historia de Burgess en la combinación perfecta para deleitarnos con una descripción real de la sociedad urbana, donde todos sus habitantes son sospechosos y donde nadie tiene la apariencia de la inocencia ganada; más bien al contrario, todos pertenecemos al grupo de los sospechosos habituales, por obra, por omisión, por complicidad y por hipocresía abonada al mundo real y trágico de la vida humana. Una descripción realista de unos hechos tristes pero cotidianos a la mirada de nuestros ojos.

comentarios
  1. Desde luego la historia del escritor de la novela da para escribir otra con versión cinematográfica incluida. Es increíble como cuando nos proponemos algo y lo deseamos con todas nuestras fuerzas podemos acabar consiguiéndolo. Sobretodo cuando el fin de la acción es positivo y desinteresado, al contrario de lo que se suele pensar hoy día.

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  2. CarlotaMarmota dice:

    No he leído el libro, sólo he visto la película, que me impactó. Anptaré el libro en “Pendientes” para un futuro (espero no muy lejano). Gracias por la reseña

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