La violencia

Publicado: 19 de noviembre de 2011 en Artículos
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‘La violencia es el último recurso del incompetente’

(Isaac Asimov)

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Podemos definir violencia como aquel acto intencionado que se efectúa para dominar o controlar, para agredir o lastimar a alguien. Puede causar daños irreparables e irreversibles. No implica necesariamente un abuso de poder, pero sí que tiende a utilizar la fuerza, tanto psicológica como física, tanto económica como política. Identificamos muchas clases de violencia. Desde la violencia social pasando por la doméstica, la cotidiana, la política, la cultural, la económica, la social, la violencia del delito. La lista la podríamos alargar, pero con unas muestras es suficiente reconocer su importancia. El objetivo de la violencia a corto plazo es crear un daño. Ya sea físico o psicológico. El concepto puede crear dudas al respecto de su esencia y son varias las matizaciones dependiendo lógicamente del ámbito en el que se crea. Como también serán diferentes las apreciaciones y los puntos de vista según desde el ángulo que se observan.

‘La violencia es el miedo de las ideas de los demás y poca fe en las propias’

(Forges)

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Dado que la violencia se puede llevar a cabo hacia un individuo o hacia un grupo, su tamaño y su consecuencia pueden ser totalmente distintos, aunque el objetivo es el mismo. También la amenaza continua puede representar una forma de violencia. Aunque no llevada a cabo y no realizada en su punto final, el mero hecho de mostrarla como una amenaza real provoca el miedo y el daño mental queda irremediablemente dentro de la persona o al grupo que vaya dirigida. Las herramientas para crear ‘daño’ son variadas, al igual que sus clases. Rechazo social, odio y resentimiento fomentan el uso de ellas.

La violencia puede ser planeada o espontánea. Es un instinto natural del hombre en su conjunto. Un arma inconsciente que actúa a veces por sí misma. Un argumento sin base que sostiene muchas teorías. Un gesto descontrolado, falto de rigor, que expresa la inoperancia humana y que se resiste a ser eliminada. La violencia convive a nuestro alrededor de la forma más natural. Con el paso de los siglos el hombre la ha perfeccionado, y aunque la critica por norma, parece que en un grado incierto no quiere deshacerse de ella. La necesita y muchas veces depende de ella. Cuando faltan pensamientos, cuando no se consigue lo que se quiere, cuando el diálogo es una herramienta obsoleta o no se encuentran las palabras adecuadas para solucionar un problema, la violencia siempre está preparada para actuar.

‘Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia’

(Gandhi)

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La ley de la selva, la ley del más fuerte, la ley del más cruel. Todas son formas de adivinar que la paz es una palabra hermosa que brilla por su ausencia. Todos podemos ser en el contexto de una vida personas pacíficas, cabales, conscientes y racionales, pero en un momento dado podemos introducirnos en el terreno violento ya sea como recurso o por falta de herramientas, el caso es que nadie está  a salvo de caer en su trampa. Recursos universales y humanos como la voz, el pensamiento, la amistad o la simple comunicación entre dos o más personas permiten ser conscientes de la gran habilidad humana para solucionar conflictos, problemas y demás asuntos que puedan surgir. La falta de esa comunicación o el interés por no construirla alberga razones para pensar que en ciertas ocasiones lo que se pretende es no estar de acuerdo, tener motivos suficientes para enfrentarse, para postularse en contra y con medios violentos. Y cuando entra en acción la violencia lo racional pierde su sentido, acaba siendo devorado por una bestia que se viste de emperador y que arrasa con todo lo que se pone por delante.

 
 
 
 
‘Desconfío de la incomunicabilidad; es la fuente de toda violencia’
(Jean Paul Sartre)
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Acaba siendo la violencia injusta, aunque a veces resulte justa, acaba siendo abierta aunque pueda ser encubierta y en cierta forma es estructural aunque el origen sea individual. Muchos individuos se ven atraídos por la magia inconsciente de la violencia. Estamos rodeados de ella y ya la notamos como familiar, nos seduce con historias, con películas, con libros y con sucesos de la vida cotidiana. Escuchamos a diario muestras de su acción por todos los rincones del planeta y aunque a veces nos supera y nos desconcierta, aprendemos a resignarnos ante su gran poder de convicción que se aloja en la mente de tantas personas. Una sociedad enferma engendra violencia. Una sociedad enferma no entiende de paz. Una sociedad donde rige el sálvese quien pueda, el mirar para otro lado, el no va conmigo, todas esas tristes formas de funcionar que a la larga sólo preparan un campo abonado para que la especie humana siga evolucionando hacia el caos más absoluto.
 
Mentes sanas deben regir naciones, gobernadores sin ansias de poder, tanto económico como político deben presidir las negociaciones, personas racionales, ausentes en el juego de la lucha humana deben tomar las riendas, la sociedad se desbarranca y la violencia ya se ha hecho un enorme hueco en el tablero mundial de la astucia, de la mafia, de la corrupción y del capital. Deshacerse de ella nos compete a todos y todos somos cómplices por darle cobijo, por defenderla y por no denunciarla cuando actúa. Resignarnos no conduce a nada, simplemente a que siga existiendo y siga ampliando sus dominios.

‘El “instinto de lucha humano” es la causa de la violencia contemporánea’

(Konrad Lorenz)

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La violencia y el ser humano siempre han ido de la mano. Desde los tiempos primitivos hasta ahora. No hay que sorprenderse. Es algo natural. Es algo que surge del ser humano. No es monopolio de hombres ni de mujeres. La violencia pertenece al ser humano en su conjunto. Es una realidad que nos sobrepasa y que nos alarma. La violencia está íntimamente ligada a los complejos del hombre en su totalidad como ser humano. Cuando los argumentos se desvanecen y cuando las dudas aparecen, el miedo se hace dueño de la situación y provoca el caos. El caos mental de muchas situaciones provoca la violencia. Y muchas personas se amparan en la violencia temporal como algo incontrolable. Como si con esa excusa ya pudiéramos estar tranquilos de expresarnos con ella.

La violencia con el paso de los siglos se ha ido perfeccionando, se ha hecho incluso sofisticada, pero no engaña a nadie, en el fondo sigue siendo violencia. La violencia que nos venden, la violencia que nos publicitan, la que nos muestran, la que vemos y la que no vemos, la que descubrimos y la que nunca conoceremos, todas, sin excepción comportan parte del comportamiento humano. Otra cosa bien diferente sería analizarla y criticarla. Pero la realidad permanecerá evidente, sigue habitando entre nosotros como el tumor más extendido, el que no se extirpará  nunca de las mentes humanas.

El hombre es un ser animal y por mucho que nos vendan la manida intención de ser racional es el peligro número uno para sí mismo, para el resto de hombres que le rodean y para todas las especies que habitan el planeta. Todo eso lo sabemos, todo eso lo tenemos asumido. La triste realidad supera hasta la más pesimista de las previsiones. Siguen pasando los años, los siglos, y el hombre no puede (ni parece desear) acabar con ella. Es un hecho evidente que nos hace reflexionar hacia dónde se dirige el hombre y qué consecuencias deparará su comportamiento.

comentarios
  1. Javier dice:

    A Esto de la violencia es dificil marcarle fronteras pero seria hipocrita no reconocer que hay veces en la vida que no hay otra opcion, por desgracia hay unos cuantos que no reaccionan a las palabras.

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  2. JUAN MANUEL ARBONA SANCHO dice:

    MI PREGUNTA : ¿ CUANDO A UN ANIMAL SE LE HIERE Y ACORRALA CON INTENCION DE MATARLO O REMATARLO ES LICITO QUE ESE ANIMAL SE DEFIENDA A COMO DE LUGAR , CON LOS MEDIOS DE QUE DISPONE ,?? ¿¿ SALVAR SU VIDA A COSTA DE LA DEL AGRESOR ,?? NO OLVIDEMOS QUE VIENE A MATARTE

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