Apocalypse Now

Publicado: 16 de noviembre de 2011 en Cine
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Joseph Conrad escribió la novela ‘El corazón de las tinieblas‘ ambientada en el África de finales del siglo XIX. John Milius y Francis Ford Coppola adaptaron dicha novela y crearon un guión cinematográfico ambientado en la guerra de invasión norteamericana en Vietnam. La película llevaría el título de ‘Apocalypse Now’ y se estrenaría en 1979. Aunque nominada a 6 Oscar (entre ellos mejor director y mejor película) sólo logró dos: uno a la mejor fotografía de  Vittorio Storaro y otro al mejor sonido.

Si algo trata de contar la película es el lado oscuro de la vida, de la guerra, de las personas y del mundo en general. Todo tiene dos caras. Todos tenemos dos caras. No todo es como imaginamos, como nos muestra y como aparece. No todos somos lo que aparentamos, ni lo que mostramos ni siquiera lo que imaginan los demás. Detrás de todo lo que aparece delante de nosotros, delante de nuestra propia vida, delante de todo eso que creemos real, aparece ese otro lado escondido, el lado oscuro, el lado al que todos temen, otra realidad, diferente al fin y al cabo, pero que nos hace reflexionar sobre la verdadera actitud humana y sobre el comportamiento del hombre por encima de todo. El lado animal del ser humano se sacude la parte racional del modo más agresivo posible, de la forma más imprevista.

Los mismos escenarios de la película son buen ejemplo de la descripción, desarrollándose con el paso de los minutos para ir cambiando hacia decorados cada vez más surrealistas, menos conocidos, más introvertidos. La película se va adentrando lentamente hacia ese otro lado, iluminando la perfección del caos, la muerte, la salvaje lucha humana por no desprenderse de su identidad. Escenas inolvidables que se guardan en la retina por su fuerte contenido de expresión y mensaje. La comunicación entre espectador e historia no permite ni un solo minuto al aburrimiento. Desde la primera escena hasta la última nos vemos sumergidos entre tinieblas humanas cada vez más intensas y decadentes. La suciedad extrema del ser humano en toda su intensidad. Una guerra absurda con enemigos invisibles, nutrida de hombres abandonados al alcohol y a las drogas, perdidos, abandonados, sin ninguna ilusión vital, con la única esperanza de terminar pronto con su suplicio existencial.

Coppola nos mostró una territorio de pocas esperanzas, donde el valor de la vida no tienen nada que ver con lo que estamos acostumbrados. Un capitán del ejército norteamericano (Martin Sheen) es enviado a Vietnam para adentrarse en la jungla donde deberá localizar y asesinar a un coronel de nombre Kurtz (Marlon Brando), un hombre enigmático, ex boina verde del ejército que ha creado su propio ejército y que ha creado un pequeño imperio dentro de la selva donde es adorado por un puñado de nativos de la zona. El tormento que sufre el capitán se irá empeorando a medida que se adentre por la jungla, navegando por un río donde se verá afectado por los poderes de la naturaleza, conflictos bélicos, infecciones y enfermedades. Con el paso de los días ese capitán se convierte en una copia exacta del hombre al que debe de asesinar.

El director también trató de experimentar sobre el trasfondo de los procesos mentales y morales que anidan en las personas que se encuentran sometidas a condiciones adversas, fuera de su habitual hábitat, condiciones que afectan de forma diferente a cada personaje que aparece en pantalla. Sus actos, sus conciencias, sus comportamientos y sus personalidades se ven examinados constantemente por las circunstancias.

El rodaje de la película se llevó a cabo en Filipinas y según cuentan se convirtió en un auténtico suplicio. Muchos rumores dentro y fuera del rodaje que aumentaron los enigmas acerca del guión. Un reparto de actores de lujo que supieron interpretar cada uno su papel de la forma más espectacular. Un M. Sheen que quizá bordó su mejor trabajo en toda su carrera y un final apoteósico interpretado por la gran sombra de un Marlon Brando que, aunque dio bastantes quebraderos de cabeza tanto al director como al productor, ofreció otra brillante interpretación y maravilló por su calidad.

La historia de un hombre con problemas que le encargan la difícil y peligrosa tarea de llevar a cabo una misión por un enclave imposible. Historia que mezclar el horror de la guerra en toda su extensión, los detalles más escabrosos de la mente humana, el caos general, hundido en el pozo de las miserias absolutas, bajos fondos de inutilidad humana buceando entre corales de sangre y destrucción. Ambiciones imposibles, locura incomprendida. Un descenso al infierno más cruel y el encuentro con un personaje (Brando) que consagra la búsqueda del ser humano por el poder y la gloria personificada en un militar cualquiera con altos grados de demencia.

Obra maestra llevada al extremo por un gran Coppola que supo extraer el miedo de los personajes, la crueldad, la cobardía y la valentía, la pérdida consciente e inconsciente de la moral y de la ética más liviana. Pérdida constante de la noción de realidad, de la verdad, demencia colectiva que se apodera de cuantos aparecen en la pantalla. Un dilema moral surrealista y lleno de catástrofe. Mentiras que vienen por parte de los gobiernos y que se van introduciendo dentro de una monstruosa guerra que tienen en el personaje de Brando la parte crítica hacia la sociedad norteamericana. La hipocresía de la sociedad encarnada por una persona.

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