Aquella infancia

Publicado: 14 de noviembre de 2011 en Artículos
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“Casi todo lo humano está en la infancia.

Cuando esa etapa ha sido feliz, sana, llena de afecto y bien enfocada, uno sale fuerte para todo”

(Enrique Rojas)

***

¿Qué ocurre con los niños de ahora? ¿Qué les pasa? No se puede decir que sean ellos los culpables. Digamos, más bien, que viven lo que les toca vivir. O lo que les enseñan. Cada generación torea con sus circunstancias, sean éstas las que sean. Se ha convertido la sociedad en una gran máquina de fabricar ilusiones caras para mentes perdidas. Una gran industria del entretenimiento que ni siquiera nos deja imaginar. Es este un momento inadecuado, echado a perder, donde los niños ni siquiera sugieren, tan sólo se alimentan de copias, de modas, de olas publicitarias. Son tremendos tiempos de imprecisión continua y absoluta falta de creación. Cuando les dicen que toca esto todos lo aceptan, sin amago, sin dilación, sin aparente malestar por no poder pensar al respecto. Ya los juegos son creados, servidos, alimentados, fabricados y vendidos. Ya no hay espacio para la apertura de ideas infantiles, de poder salir a la calle y correr sin pensar en el último tono para el teléfono móvil o para tratar de convencer a sus padres de que adquieran el último vídeo-juego del mercado. Ya se han olvidado de jugar. Ya se han olvidado de disfrutar. Ya se han olvidado de imaginar…

Acaso parte de culpa tienen sus padres. Esos padres de hoy que antes fueron aquellos niños y que crecieron bajo la cálida capa de la naturalidad, que se embriagaron recorriendo las calles de sus pueblos o de sus ciudades durante toda su infancia, que se acostumbraron a deambular de una calle a otra sin la necesidad de tener un billete o muchos en el bolsillo, ni unas llaves de una casa, ni un teléfono móvil, ni unas zapatillas de marca, ni un aparato con auriculares metido en su bolsillo. Con más de un pantalón arañado, por no hablar de esos viejos calcetines casi siempre agujereados, aquellas heridas en las rodillas una y otra vez, jerseys con parches cosidos en las coderas  y esos cabellos descuidados y alborotados.

La rutina era diferente, pero era una rutina llena de vida. Juegos en la calle, de una u otra índole, esos partidos de fútbol en medio de las aceras, en medio de las calles, con unos balones que más que balones parecían sacos de piedras, hechos con periódicos usados, arrugados y unidos todos ellos por una bolsa de plástico atada con gomas elásticas; pesados, que no botaban pero rodaban, y que se usaban tantas veces hasta que su vida útil terminara, y cuando eso sucedía a fabricarse otro. Qué hermosa fantasía poética para poder jugar toda una tarde sin necesidad de dinero, de vídeo-juegos, tan sólo la compañía de amigos, los que fueran, esos amigos con los que se compartían tantos y tantos momentos y que te servían para competir, para jugar y para reír. La ilusión y la pasión por el juego en estado puro. La ilusión de la niñez. La pasión de la infancia.

“Siempre hay un momento en la infancia,

cuando la puerta se abre y deja al futuro salir” 

(Graham Greene)

***

Aquellos eran otros tiempos, ni más ni menos duros, no existían tantas cosas pero tampoco se deseaban tantas. Los padres de aquella época asumían su rol, un puesto en la sociedad que era el que les había tocado, y se adaptaban perfectamente a la situación,  sin necesidad de traumas, con naturalidad. No se trataba de ser ambiciosos, tan sólo era necesario saber mantener la situación de la manera más digna posible, sabiendo que había veces en que se podía disfrutar y otras en que no. No pretendían ser más ni tampoco menos. El lugar ocupado era el necesario y el importante. Y aquellos padres nos enseñaron a valorar las cosas pequeñas, los detalles, las cosas que carecen de un valor monetario pero son tan importantes en la vida. Nos enseñaron a querer las cosas, las nuestras, las que tuviéramos. No se trataba de que fueran nuevas, de que fueran caras, de que estuvieran de moda. Lo importante era que ya nos pertenecían y que podíamos hacer uso de ellas desde ese instante. Y debíamos procurar mantenerlas en buen estado, pues cuanto más las conserváramos más las disfrutaríamos. 

¿Qué ocurre con los padres de ahora? ¿Qué les pasa? Son estos unos padres que fueron bien educados, pero que no inculcan los mismos valores. Se dejan guiar por la paranoia de los mercados, rodeados de televisiones, de radios y de diarios, de revistas y de anuncios publicitarios. Sumergidos en la moda más absurda, la innecesaria; abocados al abismo de las profundidades del esnobismo más estúpido, entregados una y otra vez a las peticiones de sus hijos, de los hijos de otros, de los hijos del mundo. Todo aquello que para ellos no fue necesario en su día resulta ahora irrefutable. Todo aquello que no existía en su momento, y que por lo tanto no se utilizó nunca, resulta ahora completamente esencial, se ha convertido en la religión elegida, cueste lo que cueste.

Esos padres de hoy representan mi generación y creo firmemente que han perdido muchas cosas por el camino. Han perdido la esencia del juego, la esencia del grupo, la esencia de las pequeñas cosas, de los más minúsculos detalles. Han perdido la fe en los valores, en el hecho de imaginar, para pasar a ser actores de reparto, han perdido las memorias de su infancia y han provocado en sus hijos disfrutar de una infancia irreal, a menudo fantasiosa, donde nadie es capaz de disfrutarla. Ni tan siquiera ellos mismos.

“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es maravillosa”

(Gilbert Keith Chesterton)

***

Ellos sabían perfectamente el valor de un juguete. Un regalo era algo inolvidable y lo han convertido en algo carente de sorpresa, de estímulo y de disfrute. Un par de zapatos debían de durar porque costaban un dinero y costaba ganar ese dinero. Ahora los zapatos y las zapatillas duran lo que dura un partido de fútbol porque ya han salido al mercado unos nuevos con lo que hacer ‘felices’ a los hij@s. ¿Cuánto les duraba un juguete a estos padres? ¿Cuánto les dura un juguete a sus hij@s? Se ha perdido la grandiosidad de recibir un regalo. Ya nada sorprende. Hemos convertido la rutina en el compañero perfecto. Regalar ya no significa regalar. Ahora resulta más un chantaje recíproco por el cual nadie sale ganando.

Ya no veo esos niños jugando partidos de fútbol en la calle. Ahora resulta que está prohibido o es peligroso. Ahora ya no puedes ir corriendo a beber agua de la fuente más cercana porque te puedes contagiar con miles de microbios. Ahora resulta que todo el agua que hay que beber tiene que ser embotellada. Ahora hay que llevar dinero en el bolsillo y bastante por si acaso, ¿por si acaso, qué? El móvil y el ordenador de los niños a menudo superan en calidad y en tecnología a los móviles y ordenadores de sus padres. Hemos alcanzado el cénit de la inutilidad y de la estupidez. Y ahora nos quejamos de nuestros hij@s. Estos niños que hemos educado así, que se han encontrado con esto y no pueden ni quieren comparar con nada más, puesto que ellos creen vivir en el mejor de los mundos.

Ya no ver a todos esos niños jugando en la calle, despreocupados por el dinero, por su aspecto o por sus complementos, me hace pensar que el desarrollo humano no siempre va hacia adelante, en muchos aspectos se está quedando estancado, y en cierta medida no ofrece nuevas ideas. Al contrario, ofrece estúpidas formas de hacer transcurrir el tiempo sin que nos planteemos nada, sin que nos dé tiempo suficiente para pensar en lo que estamos haciendo y el porqué.

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir;

nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”  

(Jean-Jacques Rousseau)

***

 

comentarios
  1. ¿Qué ejemplo damos a nuestros Hijos?,¿qué ejemplo damos ante la sociedad?…todos somos responsables y nuestra acción puede cambiar las cosas.
    El sábado noche es Plenilunio y, además Eclipse Total.
    No te lo pierdas pues aunque esté nublado, todo el cielo se oscurecerá y la Luna teñirá de sangrientas sombras la noche.

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  2. Olga P. dice:

    Los padres suelen hablar de la nueva generación como si no tuvieran nada que ver con ella

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  3. Marta dice:

    Los niños de ayer versus los niños de hoy. ¡Qué tema! Yo eduqué 2 hijas que disfrutaron de la plaza, de ir a jugar a casa de sus amigas, del club del barrio pero también de las primeras cosas de la tecnología. En la actualidad si bien le gusta lo tecnológico no van tras lo último para no ser menos que el resto.
    Mi infancia fue como la que relata Tete, pura imaginación más que juguetes sofisticados. Los padres de hoy intentamos que nuestros hijos tengan lo mismo que el resto de los niños y creo ahí está el error. Nos dejamos llevar por el bombardeo consumista que sufren los pequeños de la casa.
    Los temas que planteas nos hacen reflexionar sobre cosas que pasamos por alto. Es muy interesante intercambiar opiniones, enriquece leer otras visiones de un mismo tema.

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  4. CriS dice:

    El tiempo cambia constantemente, nunca se detiene y nosotros debemos acompañarlo.Creo que tampoco es comparable la infancia vivida en primera persona y la infancia de los demás analizada como adulto. Los niños siguen jugando en los parques con otros niños, se siguen cayendo y haciendo daño y no creo que sean menos imaginativos que en otras generaciones. Eso sí, el balón no será de papel ya que sale más caro que ir al Decathlon y comprar uno por 3,99€.

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  5. Nick dice:

    En EEUU las empresas estudian como hipnotizar a los niños con su publicidad,convirtiéndolos en consumidores a tan temprana edad. Las campañas efectivas apelan a deseos inconscientes y crean ansia de productos que tienen muy poco valor real para los consumidores y para la sociedad.
    Solo interesa crear consumidores, nada más.
    Todo los demás valores ya no interesan, son contraproducentes con el consumo.

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  6. Javier dice:

    Consumismo, falta de tiempo, educacion con muchos agujeros, los niños de hoy no necesitan ordenadores, necesitan motivacion, historias, como las que nos contaban nuestros abuelos y nos hacian soñar despiertos, sin tecnologia alguna y deberiamos de hacerles desaparecer la palabra dinero de sus mentes, queremos que sean mayores cada vez a una edad mas temprana, necesitan mas años de inocencia en mi opinion. Excelente articulo Tete, te superas dia a dia, enhorabuena.
    Javier

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  7. Manel dice:

    Yo, ya soy un poco antiguo, y por lo tanto, he jugado en la calle, he andado con zapatos rotos o remendados, he merendado pan con aceite y azucar, he tenido muy pocos juguetes, pero a pesar de todo, disfruté de una infancia feliz.
    Mis padres hicieron lo que pudieron, siempre con cariño y esfuerzo y sus hijos se acostumbraron a lo que tenían.
    Los niños de hoy son el resultado del derroche, del materialismo reinante y de la costumbre de pedir y recibir de inmediato, del comer lo que les gusta, etc. siempre inducidos por la publicidad, al servicio de las ganancias comerciales..
    No hay que ser un lince para relacionar crisis del sistema con educación.
    Los niños siempre serán niños. Serán como les enseñemos a ser.

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