Diario de pensamientos : Intereses

Publicado: 2 de noviembre de 2011 en Diario de pensamientos
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“Si hacemos el bien por interés, seremos astutos, pero nunca buenos”

(Cicerón)

***

Desde hace unos cuantos años veo una tendencia en el comportamiento y en la actitud de la gente que cada vez soporto menos. Y esta tendencia va en aumento con las necesidades actuales y con las circunstancias que nos invaden. Me estoy refiriendo al interés. Cada día más la gente sólo se mueve por su interés. Algunos podrán decir que somos humanos y que deberíamos sospechar que va a ser así. No me vale. El ser humano se harta de presumir pronunciando palabras que salen de su boca y que va lanzando día a día a diestro y siniestro simplemente para sentirse mejor. Esas palabras que suenan tan bien, que al nombrarlas te hacen ser una persona digna y respetable, que cuando la gente las escucha un arco de luz y de color se ilumina en el cielo. Son esas palabras que parecen ser tan bonitas en la teoría como lo son de falsas en su práctica. Palabras que todos deberíamos poner en un pedestal y ejercitarlas más a menudo, pero que a la larga se quedan en la nevera simplemente para tirar de ellas en momentos idóneos, oportunos o necesarios.

Palabras que ya os estáis imaginando y que cada día aparecen más y más, como reclamos de la mejor publicidad o el mejor marketing, palabras tales como ‘paz’, ‘amor’, ‘libertad’, ‘tolerancia’, ‘ayuda’, ‘democracia’, ‘justicia’, ‘solidaridad’, ‘amistad’, ‘sinceridad’, ‘confianza’, ‘honradez’, ‘respeto’, ‘igualdad’, ‘bondad’, ‘armonía’… La lista de estas palabras nos ocuparía todo un folio porque no hay que negar que todas suenan bien, pero que a la hora de ponerlas en práctica descubrimos que algo falla.

Cuándo se dará cuenta la gente que en la praxis está el ejemplo, no en la palabra. Las buenas palabras son sólo eso, buenas palabras. La gente se mide por sus actos. Y en los pequeños detalles se ve a la auténtica persona. El interés propio domina el mundo. El individualismo se ha convertido en una doctrina apadrinada por el capitalismo y llevada a la máxima expresión. Tanto tienes tanto vales. Dime lo que tienes y te diré lo que eres. Ya no valoramos los favores, los pequeños detalles de esa gente que no conocemos, ya no advertimos poder hacer un favor o un bien a alguien si no hay contraprestación detrás. Si algo que debemos hacer o que nos invitan a hacer no trae consigo un beneficio para a ser irrelevante. Cada uno podría contar experiencias propias al respecto, nadie se libra de haber actuado así y pocos ven en su actitud algo en lo que haya que rectificar. Porque lo peor de todo es que la actitud dominante es la que parece ser la ideal. Si haces muchos favores acabas siendo tonto. O al menos lo pareces. Cuántas veces nos hemos sentido así. Porque otro gesto común es aprovecharse de quien ayuda. Nos hemos convertido en auténticas máquinas de perfeccionar la búsqueda del ‘tonto’ que nos ayudará a cambio de nada. Y además nos reiremos de él. Un ejemplo podría ser aquella persona de la que no sabemos nada desde hace bastante tiempo, que ha desaparecido de tu planeta diario y que de repente te llama para pedirte algo.

Eso sí, no nos cansaremos de ir pronunciando las palabras mágicas de vez en cuando para que todo el mundo crea que somos ‘buenas personas’, porque soltarlas cuando el sentimiento de culpa nos amenaza nos da un pequeño alivio, una ráfaga de aire fresco. Diremos a los cuatro vientos que queremos la paz en el mundo y que somos seres humanos respetables. Diremos que la tolerancia y la solidaridad son nuestros valores universales (o que deberían serlo), y así nos crecemos en nuestra propia burbuja, nos creemos grandes.

Parece como si para llevar a la práctica esas palabras universales tuvieran que ser los demás los realizadores, los ejecutantes y los encargados. Es como si el asunto no fuera con nosotros. Podemos enviar dinero a cualquier parte del mundo para ayudar a gente desconocida ante un terremoto inesperado, un tsunami destructivo o para salvar vidas contra el hambre. Todo eso nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos. Pero no miraremos a nuestro alrededor, no ayudaremos al que está a nuestro lado, sea cual sea su problema. Los problemas lejanos se sienten diferentes. Los problemas cercanos ayudan a salir corriendo.

Todo es un pasa palabra a gran escala. Cuando se trata de compromiso, de inmiscuirnos en el meollo del asunto o del problema escapamos corriendo, nos evaporamos bien deprisa para que nadie se percate de que existimos, no vaya a ser que nos pregunten o incluso que reclamen nuestra acción. Porque esto es lo que da pánico, que te señalen para ser el detonante de una acción ‘x’.  Hemos aprendido a existir sin ser vistos. Y si nos ven hay que esconderse. Si nos movemos por algo es que hay algo que nos interesa y si no lo hay es de ‘gilipollas’ moverse. Y mientras existan miles de gilipollas en el mundo el resto seguirá campando a sus anchas, sintiéndose listos y prácticos. Grandes lecciones que no creo que hayan sido aprendidas por nuestras anteriores generaciones y que se van perfeccionando a marchas forzadas en las últimas décadas. Creemos que el hombre aprende de todo y es un error. El hombre sigue cayendo en las mismas equivocaciones. Estamos rodeados de ‘listos‘ que creen haber encontrado una doctrina especial y beneficiosa que les hace sentirse inteligentes y que les ciega para darse cuenta de lo equivocados que están. Y lo peor de todo es que esta doctrina se expande como un virus y poco o nada podemos hacer.

intereses-bancarios

comentarios
  1. desdebabia dice:

    No debería haber mayor interés que el dar Amor a cambio de Nada, hacer lo que el corazón te dice, sin esperar ninguna recompensa ni reconocimiento.

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  2. Nick dice:

    Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo. Mahatma Gandhi.

    Muchos aman a los animales porque creen que el cariño de éstos es desinteresado, pero se engañan.
    ISABEL DE RUMANIA

    Virtudes y vicios los mueven intereses.
    LA ROCHEFOUCAULD, François de

    Sólo los buenos sentimientos pueden unirnos, el interés jamás ha forjado uniones duraderas.

    Auguste Comte (1798-1857) Filósofo francés.

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