Carrington

Publicado: 2 de noviembre de 2011 en Cine
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“Ella tuvo muchos amantes pero sólo un amor”

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En 1995, el director Christopher Hampton estrenó la película ‘Carrington’, basada en la vida de la pintora Dora Carrington y su particular relación de amor con el escritor  Lytton Strachey. Basado en la novela de Michael Holroyd, el mismo director se encargó de escribir el guión por el que recibió el Oscar al  mejor guión adaptado y se apoyó tanto en una gran fotografía de Denis Lenoir  como en una impecable banda sonora del gran Michael Nyman.

Dora Carrington fue conocida como ‘Carrington’. Nació en Hereford (Inglaterra) en 1893. Asistió en su infancia a una escuela que promovía el arte y sus padres eran muy aficionados al dibujo. Ganó una beca para estudiar en la ‘Slade School of Art’ de Londres. Fue entonces cuando comenzó a utilizar su apellido únicamente (práctica habitual de la escuela). Su obra no fue muy conocida en vida pues acostumbraba a no firmar sus obras y apenas expuso. y murio en 1932. Fue pintora y decoradora.

Aunque no llegó a formar parte siempre se le asoció indirectamente con los miembros del Grupo de Bloomsbury, círculo de intelectuales británicos que durante el primer tercio del siglo XX destacaron en el terreno literario, artístico o social. El nombre del grupo se tomó del barrio de Londres que rodea al Museo Británico y donde habitaban la mayor parte de sus integrantes. Este grupo comenzó a reunirse en la casa de Virginia Woolf y de su hermana Vanessa que estaba casada con el crítico de arte Clive Bell. Todos coincidían en su gran desprecio por la religión, contra la moral victoriana y el realismo del siglo XIX. Todos se consideraban miembros de una élite intelectual ilustrada, de ideología liberal y humanista y casi todos habían estudiado en Cambridge o en el King’s College de Londres. Propugnaron sobre todo la independencia de criterio y el individualismo esencial.

Carrington se caracterizó por su ‘estilo de vida bohemio’, su larga y profunda relación sentimental con el Strachey (el cual era homosexual confeso) y sus escarceos homosexuales. Sus romances conocidos fueron con el pintor inglés Mark Gertler y con el escritor Gerald Brenan. Se casó con Ralph Partirdge pero compartió la mayor parte de su vida junto a Strachey. A la muerte de éste debido al cáncer fue incapaz de superar su pérdida y dos meses después se suicidó de un disparo. Su marido pudo salvarla de un primer intento de suicidio cuando intentó asfixiarse dentro de su coche, pero no pudo evitar el fatal desenlace. La vida junto al escritor le marcó de tal forma que su pérdida le creó un enorme vacío imposible de rellenar. Lo amaba profundamente.

La obra de Carrington está llena de retratos y paisajes, aunque también utilizó artes aplicadas y decorativas, llegando a pintar sobre cualquier superficie, como por ejemplo muebles, tejas, letreros, etc. Decoró vajillas. Con su muerte se llegó a valorar su obra y consiguió críticas muy positivas y valoraciones que en vida no alcanzó.

La historia de amor entre la pintora y el escritor traspasa fronteras. La naturalidad de sus caracteres. Su respeto muto. La adoración que sentían el uno por el otro. Su mutua comprensión. Llegaron al punto culminante donde los dos consiguieron complementarse, sin necesidad de recriminar nada, sin quejas, sin demandas, aportando tan sólo su confianza, sabiendo sacar del otro lo mejor, lo interesante, lo artístico, la esencia al fin y al cabo. Una relación de amor, donde el sexo quedó en un segundo plano, inexistente, innecesario, expresado de puertas hacia afuera, donde ninguno tenía atracción física por el otro pero donde la pasión intelectual era más fuerte que el impulso vital. Su comportamiento abierto, absolutamente extraño en esa Inglaterra victoriana de principios del siglo XX todavía hoy tiene algo de moderno, de rompedor de barreras, de transgresor, de irreverente frente a la sociedad conservadora que les rodeaba. Un ejemplo de complicidad más allá de los pensamientos y comportamientos, donde la pasión sobrepasa límites para adentrarse en el territorio de la ternura y el cariño. Los dos aprendieron a rellenar su espacio vital y sexual con la necesidad de relacionarse con otras personas, pero en la intimidad se juntaban, en la soledad se unían.

Su historia nos descubre sentimientos desconocidos, pasiones inconfensables, confianzas extremas y algo de soledad. Pues fueron simplemente eso, dos almas perdidas, abandonadas, sintiéndose solas y desamparadas, que se unieron para sentirse de forma diferente pero intensa, de forma exquisita y bella, y donde la fuerza del amor y del cariño pudo con el resto. Compartiendo mucho más que sus inquietudes, alcanzando el punto más alto que una pareja puede imaginar, lo sublime, el éxtasis, dos mentes unidas por una misma pasión: el otro.

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