La confianza

Publicado: 30 de octubre de 2011 en Artículos
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¿CONFÍAS EN LA GENTE EN GENERAL?

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CONFIANZA: Esperanza firme o seguridad que se tiene en que una persona va a actuar o una cosa va a funcionar como se desea.

En sociología y psicología social, la confianza es la opinión favorable en que una persona o grupo será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación y pensamientos. La confianza se verá más o menos reforzada en función de las acciones, los actos previos y las posibles pruebas halladas.

* Rosy : ‘Como digo yo siempre, todavía queda gente buena por ahí. O sea mi respuesta es sí. Sería horroroso vivir sin poder confiar en nadie, pues todos necesitamos apoyarnos en alguien en algún momento de nuestras vidas, ya sea en temas laborales como emocionales. A veces la encuentras facilmente y a veces no. Encontraremos amigos para toda la vida en nuestro camino, o simples compañeros que te venden a la primera de cambio, pero que se le va a hacer la vida es así. Si fuéramos todos igual, sería muy aburrido ¿No?’.

* Tuxa : ‘Creo que donde tú ves un lobo otro puede ver un fiel pastor alemán, depende de la luz y de lo que haya comido en los últimos días’.

* Manuel B. : ‘Por regla general, suelo confiar en las personas. De todas formas, esta confianza se va modelando con el trato. Pienso que quien no confía por norma en los demás, es porque no confía en si mismo. La desconfianza generalizada es una rémora de nuestra parte animal, que todavía domina demasiado en nuestra sociedad’.

* Cris G. : ‘Sí confío en la gente, el hombre es un ser gregario por naturaleza y no puede concebir una vida desligada de otros seres. La dificultad de confiar ocurre cuando me encuentro con alguien desconcido; cosa que me ocurrirá recurrentemente. ¿Cómo puedo evaluar la confiabilidad de lo que alguien desconocido me ofrece o dice? Parece un situación imposible: no tengo razones para confiar así como tampoco tengo razones para desconfiar…hay una persona sin historia conmigo parada al frente mío’.

* Alonso : ‘Intento confiar en quien lo merece, por lo general acierto bastante aunque siempre hay lugar para las sorpresas, de un lado y del otro.
La confianza no es algo que se gane fácilmente, cuesta mucho ganártela de verdad y poco perderla, yo la asimilo bastante a la amistad: una buena amistad, larga, duradera y sincera, conllevará más confianza; una traición o una deslealtad nos llevaría a perderla de inmediato: Esto sería aplicable también a la vida de pareja, y la realidad cotidiana nos lo demuestra, con el tiempo las relaciones entre dos se pueden fortalecer, mejorar, unirlos aún más o por el contrario nos pueden llevar a la ruptura, incluso a la enemistad. En mi opinión uno de los pilares en lo que se asientan esas relaciones es la confianza’.

* Sheyla : ‘Suelo confiar en la gente por lo general, aunque después te lleves palos…’.

* María : ‘Sí, si confío en la gente, incluso después de haberme llevado una gran decepción este mismo año. Pero por regla general la gente es buena, deberemos ser prudentes al dar nuestra amistad ya que existe un principio fundamental por el cual el hombre valora más aquello que su consecución le cuesta un esfuerzo o sacrificio, que lo con­seguido sin esfuerzo alguno ni ser solicitado. En esta situación, la persona donante tiende a no ser valorada y con más prontitud quedar en el olvido. Lo que nada cuesta, nada se agradece ni se recuerda. Cuando nos damos al prójimo, “sin medida y sin sentido” por el hecho de complacer “al otro” sin previa demanda, o para conseguir más su atención, en el fondo y en el tiempo, corremos el riesgo de que nuestra persona sea infravalorada y sufra el consiguiente demérito, iniciando así el camino que conducirá al otro, a la pérdida de nuestra consideración per­sonal. De aquí a la falta de respeto, solo hay un paso. Es importante que la reciprocidad entre las personas transcurra lo más equilibrada posible y en un amplio campo de la relación humana. Con esta actitud se consigue un mayor equilibrio en la interrelación; la amistad tiende a consolidarse y, donde probablemente, nadie piense —consciente o inconscientemente— en aprovecharse del otro. La amistad se revalo­riza. En ocasiones, siguiendo en la misma línea, sería positivo propiciar que soliciten nuestra ayuda, en lugar de adelantarnos. Conlleva implícitamen­te que al ser atendida su demanda, el otro diga “gracias”. Reconoce y va­lora la atención recibida, a la par que inconscientemente, estima nuestra persona, justamente; porque su solicitud ha sido escuchada y atendida.  Ahora bien, cómo seres humanos “vivos”, tenemos el deber ineludible de ayudar a toda persona de nuestro medio —incluido desconocidas— en una situación crítica. Seamos generosos con el prójimo No esperemos que soliciten nuestra ayuda en casos críticos. Demos el primer paso al observar el sufrimiento de un ser humano cuando precisa de nuestra atención. Al relacionarnos con mesura y equilibrio, conseguiremos que nuestra persona sea valorada y considerada más optimamente’.

* Cris L. : ‘Confío en la distancia. Es decir, en un entorno festivo y desenfadado me resulta fácil empatizar con desconocidos pero no llevaría a cualquiera a mi casa o a mi etorno más íntimo’.

* El Ora Culo del Templo : ‘Cada vez menos, lamentablemente….Igual me estoy haciendo una viejita cascarrabias’.

* Erin : ‘Si no se puede confiar en nadie, apaga y vámonos’.

 * Nick : ‘Sí, hay que confiar en las personas, pero a sabiendas que te la pueden jugar. No es recomendable ser iluso’.
* Olga P. : ‘La confianza no puede ser ciega, tenemos que saber en quién confiar y a quién dar confianza. Es importante saber poner límites y no excedernos. Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás” (Willian Faulkner)’.
* Miquel : ‘Estoy alucinando con la rotundidad con que se contesta afirmativamente a una pregunta tan genérica. ¿Acaso los que decís que confiáis en la gente así en general, le dejaríais la llave de vuestro piso a cualquier persona que no conocéis de nada para que os vaya a regar las plantas mientras os vais un mes de vacaciones? Si la respuesta es que sí, entonces confiáis en la gente. Si la respuesta es que no se la dejaríais a cualquiera, es que no, así de simple, lo demás es demagogia pura y dura’.
* Marta  : ‘Suelo confiar en la gente y eso hace que muchas veces me lleve un chasco. A pesar de eso creo que existenseres humanos confiables y no necesariamente debes conocerlos demasiado. A veces la intuición te lleva a depositar tu confianza en personas que valen la pena‘.

‘DESCONFÍA DEL QUE NO SE FÍA’

Hay muchos tipos de confianza. No hay una sola confianza. No se confía igual en un amigo que en un conocido o que en un desconocido. No es lo mismo confiar que intuir. Intuimos muchas veces gracias al instinto que poseemos pero no es una ciencia segura ni una norma. Podemos confiar pero la sensación de duda siempre quedará puesto que nunca sabremos con certeza si la decisión tomada, si la confianza entregada se debilitará o no. La confianza se gana y a menudo con el tiempo. La confianza no se da. Se presta. La confianza se pierde en un segundo.

“La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas la preguntas”
(Earl Gray Stevens)
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¿Qué nos lleva a confiar en una persona? ¿El conocimiento que tenemos de ella? ¿La intuición? ¿Estamos seguros de confiar en quien confiamos? Muchas dudas y pocas respuestas. Confiamos como decidimos. Apostamos. A veces. No siempre. Fallamos. Acertamos. Confiamos reiteradamente en alguien. Y con las sucesivas confianzas nuestro temor es menor. Aunque quizá la práctica es la que nos da seguridad. Difícil confiar en quien no se conoce puesto que no tenemos bagaje, no tenemos experiencia alguna. Ahí deberemos tirar de instinto, y aunque algunos lo tienen más desarrollado que otros, como he dicho antes, puede fallar. No hay una regla, un método que seguir. Confias o no. No hay tercera vía.
“Confianza es el sentimiento de poder creer a una persona incluso cuando sabemos que mentiríamos en su lugar”
(Henry Louis Mencken)
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A veces confundimos confianza con candidez. Como si por ser confiados fuéramos ilusos. Y volvemos a lo mismo, hay muchos tipos y muchos grados o niveles de confianza. La confianza en apoyarse en alguien, en buscar ayuda, en pedir un favor, en mantener un secreto, todas las circunstancias que nos podamos imaginar requieren de una confianza distinta. No se puede catalogar a todas las confianzas que nos aparecen como una sola puesto que nos engañaríamos. Debemos más bien interpretar el nivel o grado de confianza requerido para cada circunstancia, a sabiendas que no tenemos el método infalible y que muy bien podría fallar. De hecho falla continuamente. Pero tampoco hay que desesperar. Porque en un momento u otro de la vida deberemos entregarnos a la confianza de alguien de nuevo y volveremos a apostar, sin saber otra vez lo que va a ocurrir.
 
“Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza”
(Juvenal)
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Errar en el intento de confiar en alguien no significa fracaso. Digamos que es una decepción. Grande o pequeña dependiendo del grado de confianza que hayamos utilizado. Si la perspectiva es grande la decepción también lo será. Si, por el contrario, no esperamos mucho o no las tenemos todas con nosotros, la decepción tampoco será tanta. También hay que aprender a relativizar las decepciones que suponen los errores a la hora de confiar en alguien. Se debe pasar página cuanto antes y dedicarnos a otras cosas. Hay muchas personas con una fiabilidad mayor esperando a ser descubiertas. No debemos cerrar las puertas a nadie debido a anteriores malas experiencias. Si actuáramos así casi no haríamos nada o tendríamos que cuestionarnos todas nuestras actuaciones continuamente, con lo cual acarrearía un serio problema de decisión y de confianza en nosotros mismos.
Si realmente confiamos en alguien debemos seguir ese instinto. No debemos perderlo. Cuando se ha creado, cuando anida en nosotros y cuando nos convence tan ciertamente, debemos apoyarle. De otra manera nos estaríamos contradiciendo y siempre estaríamos en desacuerdo con nuestra mente. Otra cosa será que salga bien o no. Pero para eso está el tiempo, para juzgar la situación. Aquel que pierde la ocasión de poder confiar en alguien puede perder la ocasión de compartir cosas geniales con ese alguien. Aquel que hace perder la confianza en el otro pierde más que el que perdió su confianza. Debemos valorar y de una manera tierna y sensible a aquel que un día nos entregó su confianza.
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comentarios
  1. Nick dice:

    La confianza en la bondad ajena es testimonio no pequeño de la propia bondad.
    MONTAIGNE, Michel de

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