Quejas

Publicado: 29 de octubre de 2011 en Artículos
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“Nadie se queja de tener lo que no se merece”

(Jane Austen)

***

Quejarse es un pasatiempo fantástico. Quejarse sirve para poco pero te desahoga. Quejarse es un hobbie muy querido pero muy mal usado. Cuanto más te quejas menos te escucha la gente y si no te quejas la mayoría de la gente no te hace ni caso. Quejarse siempre ha representado un arma de doble filo. Y saber utilizarlo es básico para sacarle rendimiento. No por mucho usar la queja quiere decir que sepamos o que tengamos experiencia en su uso. Hay quien tiene un don muy especial y sabe hacer de la queja su toque personal. Debido a mi trabajo dentro del mundo de la hostelería he visto miles de quejas. Y de todo tipo. Quejarse para muchos parece ser su toque de distinción, su tarjeta de presentación, su única forma de llamar la atención. Lo que ocurre es que con el paso de los años ya sabes perfectamente quién es el que se va a quejar, aquel que va dar la paliza hasta que se vaya.

Pero hay que reconocer que hay personas que sirven para quejarse y otras no. Así de sencillo. No sé si es la práctica (ayuda) o la experiencia (aparente) o las ganas (habituales), pero muchas personas tienen una habilidad especial para ello. Quejarse de todo o de nada. Quejarse de algo por capricho, por necesidad o por simple rutina. Recuerdo que en una ocasión, en una de esas comidas de compromiso que te toca tantas veces conocí a un tipo que me dijo, mientras comíamos en un local, que él se quejaba siempre que iba a comer fuera. Fuera donde fuera, comiese lo que comiese. Me sorprendió tanto esa afirmación que le pregunté el porqué. Me contestó que, aparte de haberse convertido en una pequeña droga personal, eso le ayudaba a sentirse bien consigo mismo, el tema de quejarse siempre le había traído ventajas y beneficios. Yo le comenté que para quejarse de algo en concreto hay que estar convencido de ello y sentirse perjudicado. Quejarse por quejarse no conduce a nada, al menos, eso pensaba yo. Durante todo el tiempo que duró el almuerzo estuvo indicándome todas las cosas que se le iban ocurriendo y de las que podría quejarse refiriéndose a ese local en concreto. Sin dejarme apenas probar bocado me soltó una lista interminable de cosas de las que decía estar convencido de que la comida nos podría salir prácticamente gratis. Y recuerdo que tuve que salir del local avergonzado antes que él lo hiciera puesto que mientras pagaba la cuenta comenzó a quejarse a la cajera de algo que no oí ni quise descubrir. Ufano salió del local sonriendo y diciéndome que porque no tenía ganas de montar más follón pero que si hubiera apretado un poco más nos hubiese salido el almuerzo gratis.

“Sin razón se queja del mar el que otra vez navega”

(Séneca)

***

Eso me hizo recordar que muchas veces las quejas de esos ‘profesionales’ buscan precisamente eso, descuentos, ofertas, gratuidades, etcétera. No se quejan de algo que les moleste, el hecho es quejarse porque algo sacaré. Y recordando recordando apareció en mi mente una escena de unos clientes a los que serví una vez y que si mal no recuerdo comieron unos solomillos de buey. Al terminar de comer me acerqué a ellos y les pregunté qué tal había estado todo. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me comunicaron que no les había gustado nada la carne. Y la sorpresa aumentó cuando pude comprobar que sus platos estaban vacíos y sin restos de comida alguna. Lógicamente pensé que era una broma. E incluso creo recordar que sonreí para continuar la broma. Pero no, no era una broma. Me pidieron muy amablemente que avisara al gerente porque querían hacer una reclamación. Y yo les dije educadamente que era un poco absurdo quejarse por algo que ya habían comido. Pero insistieron. No me quedaba otra que comunicarle al gerente del local lo que había ocurrido. Y tal como había ocurrido. Mi opinión se la dejé bastante clara. Todo era una jugada para sacar un beneficio. Todo era mentira, una invención obvia para sacar algo a cambio de la queja. Se habían comido toda la carne y ahora decían que no estaba buena. El gerente asintió ante mi explicación y se dirigió a la mesa a hablar con los clientes. Tras diez minutos de charla volvió hacia mí y me dijo: – ‘No les cobres los solomillos e invítales a un café’. No voy a entrar en calificar la capacidad y la aptitud de aquel gerente (que dejaba mucho que desear) y pasaré directamente al meollo de la cuestión. Esa queja sin fundamento funcionó y como ese ejemplo existen a diario miles de reclamaciones y quejas, en todos los gremios, en todas las partes del mundo.

Quejarse bien o mal también depende de quien reciba la queja. A veces, para no prolongar la discusión se pone fin al tema dando la razón al cliente ‘insatisfecho’. Digamos que muchas empresas ya asumen el coste que les supondrá para sus cuentas de gastos el tema de las reclamaciones. Lo dan por hecho. Saben perfectamente que la mayoría no se quejará nunca. O poco. O muy poco. Todo está perfectamente controlado. Tanto el que se queja por costumbre como el que recibe las quejas. Cada uno asume su rol de manera natural, sin sobresaltos, con flema, con astucia, como una verdadera guerra de abogados delante de un jurado. Cada uno argumentando sus tretas para salirse con la suya.

Pero quitando de lado esas quejas ‘profesionales’ centrémonos en nuestras quejas diarias, esas que ya son nuestras, que nos pertenecen, que parece que tienen que ir con nosotros allá donde vayamos como parte de nuestro carácter, de nuestra personalidad. Nos quejamos por todo. Y ya la costumbre se antoja pesadilla. Si llueve porque llueve, si sale el sol porque hace calor, si no llueve es que estamos sin agua, que asco de día, cuánto trabajo, no tengo trabajo, estoy cansado, estoy sin ganas, necesito vacaciones, no puedo con esto, no puedo con lo otro, que si esto que si lo otro. La lista de quejas al cabo de un solo día por parte de una sola persona es interminable. Y esto multiplicado por todos los millones de personas que habitan este mundo hace de la cifra total un despropósito. De acuerdo que quejarse es una actividad humana. Y de acuerdo que es una forma de desahogo. Pero ya basta. Ya cansa. Seamos más conscientes de cuándo y de porqué quejarnos. Seamos más concretos. Más coherentes. De esa manera nuestra queja tendrá una mayor audiencia, quizá no una mejor solución pero sí un mejor recibimiento. Cuántas veces nos hemos cansado de escuchar a alguien que tenemos cerca quejándose todo el día y sobre cosas que no merecen ni comentario alguno.

Como los problemas, como los obstáculos, como todo lo que nos va sucediendo en la vida, debemos sacar más conclusiones y analizar lo verdaderamente importante, el resto está muy bien para entablar conversación, para entretenernos por un rato pero a la larga no nos servirán de mucho. Si quejarse sirve para algo adelante, de lo contrario ahorremos energías para guerras más importantes. Las batallas se suceden día a día, al amanecer, al atardecer y al anochecer, no hace falta que creemos más. Tenemos suficientes con las que van apareciendo.

“Todo el mundo se queja de su mala memoria;

nadie de su poco entendimiento”

(David Hume)

***

Las_quejas_de_un_hombre

comentarios
  1. JUAN MANUEL ARBONA SANCHO dice:

    NO HAY QUE CONFUNDIR QUEJA CON REIVINDICACION, POR OTRO LADO DE LA QUEJA SE APRENDE A OIRSE A UNO MISMO Y A OPTIMIZAR LO QUE QUIERE CONSEGUIR POR LO QUE LA QUEJA SE TRANSFORMA CON UN POCO DE PACIENCIA DE LOS QUE NOS RODEAN EN ALGO POSITO Y CONSTRUCTIVO SI EL QUE SE QUEJA AVANZA Y EL QUE LA OYE LA RAZONA Y ENTRE AMBOS CONSIGUEN TRANSFORMARLA EN ALGO COMO UNA REIVINDICACION , UNA REVOLUCION..POR EJEMPLO

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  2. Tucamnl dice:

    Totalmente de acuerdo contigo. Quejarse es una costumbre muy arraigada y la mayor parte de las veces inútil ya sea por superflua, tendenciosa o simplemente porque se manifiesta sin más, sin tratar de buscar una solución.
    No soporto a la gente que se queja por principio, me hastían y enojan; y no digamos aquellos que, cómo el tipo de tu anécdota, lo hacen por aprovecharse de los demás. Y no es que yo nunca me queje, pero creo que hay que hacerlo siempre con motivo, y sobre todo con mucho respeto. Básicamente porque eso espero yo de alguien que tenga que reclamarme algi a mi.

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  3. Joan López Casanoves dice:

    Un artículo genial, Vicente. Menudo personaje el del almuerzo gratis. Lamentablemente, haberlos, haylos. El proverbio que cita Nick es colosal. Un abrazo para tod@s.

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  4. Nick dice:

    Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas?. Si no lo tiene ¿por qué te quejas?.

    Proverbio oriental

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