Diario de pensamientos: La basura que tiramos

Publicado: 28 de octubre de 2011 en Diario de pensamientos
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Hace ya algunos años, yo trabajaba en un céntrico y lujoso hotel del centro de Barcelona. Como cualquiera que ha trabajado y trabaja en un hotel, restaurante, bar, o cualquier centro hostelero de cualquier parte del mundo me di cuenta, al igual que la mayoría de compañeros de trabajo, de la gran cantidad de comida que se llegaba a tirar cada día. Comida en perfecto estado y lista para comer. Esto ha sido un hecho antes y ahora y todavía sigue latente. No se arregla. ¿Hay arreglo? Es un tema muy comentado por todos los que nos dedicamos a trabajar en este sector, y nos hemos visto muchas veces (la gran mayoría de veces) impotentes por no poder hacer nada al respecto.

Pero volviendo al principio, recuerdo que cuando trabajaba en ese hotel que citaba, los tiempos de bonanza económica eran un hecho, ‘fiable o no’, pero no se hablaba de morosidad, ni de recortes, ni de indignados, ni de desahucios, ni de manifestaciones globales antisistema ni nada parecido. Muy al contrario, se hablaba de capital, de inversión, de consumo, de cómo gastar ese dinero que te sobra…en fin, nada que ver ni que se parezca con lo que estamos viviendo en estos momentos. El hotel, como todos los hoteles del área metropolitana barcelonesa, tenía un horario establecido para sacar sus basuras, no recuerdo exactamente esa hora, pero no era antes de las 21h. Los encargados de esta función eran los lavaplatos del hotel y fueron ellos los que nos advirtieron de una escena que se repetía cada noche cuando abrían la puerta del parking para sacar la basura a los contenedores. Una fila de personas hacían cola ordenadamente colocados (como si de una cola de un cine se tratara) esperando a recoger lo que se disponían a echar en la basura. Tal  llegó a ser el tamaño del asunto que la cola aumentó y aumentó con el paso del tiempo y los lavaplatos ya no colocaban mucha de la comida que tiraban en bolsas de basura enormes sino que la dejaban en cajas de cartón para que les fuera más fácil cogerlas y no se mezclara con los restos de otras comidas.

Ese ritual era tan cierto como sorprendente, puesto que a nadie se le hubiera imaginado en ese entonces que hubiera tanta gente esperando los restos de comida de un hotel, por muy céntrico que éste fuera. Luego fuimos conociendo que la citada cola no era ni tan larga ni tan corta como la que se producía a pocos metros del hotel en plenas Ramblas. Un hipermercado grande y muy conocido retiraba todos sus ‘productos caducados’ cada noche antes de cerrar (22h.), con lo cual el espectáculo todavía era mayor. Junto a un teatro, junto a todos los turistas que poblaban las Ramblas barcelonesas, junto a la famosa fuente de Canaletas, en fin, una imagen que la mayoría de políticos, empresarios y ciudadanos no quería ni deseaba tener cada noche en sus calles. ¿Tapar la realidad? Más bien era como no querer afrontar unos hechos y lo mejor es, o mirar para otro lado o tapar esos hechos para que ni nosotros mismos nos demos cuenta de nuestra auténtica realidad.

basura-riqueza-el-roto

Tras muchas conversaciones entre los trabajadores del hotel y viendo que el hotel no reaccionaba, decidimos (por medio del comité de empresa) poner soluciones a lo que estaba sucediendo. Y el hotel se puso manos a la obra para arreglar esa situación. Lo curioso es que la situación se prolongó hasta que un buen día una cadena de televisión nacional en su telediario del mediodía sacó unas imágenes mostrando exactamente lo que yo antes relataba. Se veía perfectamente la cola de gente esperando a que el hotel abriera las puertas del parking para recoger los restos de comida que se tiraban. Ahí les faltó tiempo a los directivos del hotel para tomar cartas en el asunto. Entonces se convirtió en un auténtico problema. No tanto por la cantidad de gente esperando comida si no por la imagen que habían dado del hotel por televisión.

Entonces el hotel comenzó a moverse de verdad y trató de contactar con el Ayuntamiento de Barcelona para ver cómo se podría hacer para que el municipio se hiciera cargo de recoger esa comida que se iba a tirar cada día para que la utilizara para la gente indigente o necesitada. La sorpresa del hotel y de sus directivos fue la misma que la nuestra cuando recibimos la contestación del departamento municipal en cuestión. La idea del hotel se veía con muy buenos ojos, tan sólo había un problema, el ayuntamiento no se podía hacer cargo del asunto pero instaba al hotel a repartir esa comida cada noche, entre ciertas horas, por los centros dedicados para tal uso, por medio de una furgoneta climatizada y un chófer del mismo hotel. La reacción del hotel no se hizo esperar. Ni tenían intención de comprar una furgoneta como la exigida ni un chófer dedicado solamente a esos menesteres. Se alcanzó una solución diferente pero que no cambiaba para nada la situación. La basura no se sacaría tan pronto, a partir de entonces se haría casi a medianoche para evitar tanta gente esperando y cuando la afluencia en las calles céntricas de Barcelona no fuera la misma. Digamos que la situación ya no trascendería tanto. El Ayuntamiento por su parte se comprometía a recogerla antes de lo que era costumbre, con lo que se evitaba que los ‘curiosos’ husmearan entre los restos de comida.

La conclusión es que nadie hizo nada para erradicar el problema de fondo. No vi ninguna rectificación por parte del hotel a la hora de tirar tanta comida. El mecanismo siguió igual. Y este mecanismo lo he visto en la mayoría de los lugares donde he trabajado. La sensación de exceso es tal que nadie se percata de lo que tiramos, de lo que dejamos de usar, de lo que no necesitamos. Una pequeña lección que no aprendemos a pesar de los momentos en que vivimos. Ahora, cuando vemos a alguien husmear en un contenedor ya no nos coge tanto de sorpresa. La realidad se ha superado a sí misma.

comentarios
  1. Triste realidad, yo, que trabajo con vistas a un contenedor de basura, me paso el dia viendo gente con sus carritos revolver el él; si no pasan 15 personas cada dia, no pasa ninguna. Por supuesto la situación se repite en todos los contenedores de la calle; jamás pensé que vería tanta miseria en Barcelona. No me acostumbro, no quiero acostumbrarme…

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  2. Nick dice:

    Viva la sociedad de consumo que entre casi todos sustentamos.
    No hay verdadera conciencia.
    Y así nos va,y así nos irá.

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