El orgullo

Publicado: 26 de octubre de 2011 en Artículos
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‘Si eres orgulloso conviene que ames la soledad; los orgullosos siempre se quedan solos’ (Amado Nervo)

Habría que comenzar por distinguir entre varios tipos de orgullo. O mejor dicho, por diferenciar entre formas de sentir ese orgullo. No es lo mismo ‘estar orgullos@’ de algo que ‘ser un orgulloso’. Se juega muchas veces, quizás en demasiadas ocasiones, con el término en cuestión para justificar acontecimientos, actuaciones, muestras, comportamientos y actitudes de muchas personas que creen justificable su comportamiento cuando dicen que las circunstancias están mezcladas con su orgullo. El orgullo en sí es una autoestima del individuo. No podemos confundir el orgullo con la dignidad puesto que entonces caeremos en la trampa de vernos heridos continuamente. La dignidad de las personas sobrepasa los límites. Cuando una persona cree ser violada en su dignidad el orgullo queda a un lado para ser invadido por la dignidad, puesto que la fuerza de ésta es sumamente mayor.

‘El mal genio es lo que nos mete en líos. El orgullo es lo que nos mantienen en ellos’ (Neil Simon)

El orgullo que a veces mostramos es una muestra de nuestro propio carácter. Se dice que hay gente sin orgullo y parece ser algo despectivo, como si las muestras continuas de orgullo fueran un ejemplo humano al que imitar. Controlar el orgullo puede ser una vital experiencia para controlar nuestros actos, así como saber encajar las distintas eventualidades que nos vayan surgiendo. El orgullo nos puede llevar a la arrogancia, a no permitirnos mirarnos en el espejo y hacer autocrítica. Digamos que tiene la temible condición de hacernos perder nuestra propia identidad. Confundirnos, dejarnos en la más oscura tiniebla para no dejarnos ver lo que tenemos delante. Es como el bosque que no te deja ver el árbol que tienes justo en frente de ti.

‘El orgullo humano sabe inventar los nombres más serios para ocultar su propia ignorancia’ (Percy Bysshe Shelley)

¿Qué significa herir tu orgullo? Porque esta frase la hemos escuchado millones de veces y sigue siendo un enigma. El orgullo de cada uno lo mide uno mismo. Y lo peor de todo es que el que suele ser orgullos@ con el paso del tiempo lo es todavía más. Y en ocasiones el mismo orgulloso lo reconoce. Lo ve como un hándicap en su trato diario con la gente que le rodea, con su entorno y con su vida en general. Lo sabe pero le cuesta escapar de sus redes. Quizá porque se siente orgulloso de ser  orgulloso, o quizá porque su ignorancia le sigue oscureciendo la vista, su propia vista. Tener un mínimo de orgullo no viene mal, lo malo es cuando lo aumentamos sin razón y lo dejamos a sus anchas, para que cabalgue por nuestro propio camino sin orden ni concierto. Al orgullo hay que atarlo. Sujetarlo. No conviene que se vuelva loco ni que nos vuelva locos a nosotros mismos.

‘A través del orgullo nos engañamos a nosotros mismos’ (Carl Jung)

Cuando nos sentimos orgullosos por ser como somos, por haber conseguido algo que nos habíamos propuesto, cuando obtenemos una recompensa a un esfuerzo, cuando comprobamos que hemos sido capaces de algo que un día fue un sueño, cuando realmente el ego, nuestro ego se erige y se engrandece hay que saber valorar ese preciso instante, guardarlo en nuestra caja de tesoros personal y seguir mirando hacia adelante. La autocomplacencia no nos servirá de mucho ni por mucho tiempo. Debemos seguir siendo humildes, sencillos, sabiendo exactamente dónde estamos y porqué. Nuestro conocimiento de nuestras limitaciones hará el resto. No por ser, por creer, por sentir, por imaginar que somos lo que no somos no nos llegaremos a sentir mejores. Sentirse orgulloso es un logro personal que hay que valorar en su justa medida. Pero debemos sentirnos orgullosos de lo que hacemos en la mayoría de los casos, sobre todo si la toma de decisiones ha sido gracias a nosotros.

‘Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar’ (Emil Cioran)

El orgullo que puede sentir un padre no es el mismo que siente un hijo. La naturaleza humana no tiene límites al igual que los pensamientos de los individuos. Tratar de utilizar el orgullo para cubrir limitaciones no tiene ventajas, a la larga no nos llevará a ningún bien, el destino final se sentirá limitado, puesto que cerramos puertas durante todo ese camino. Estimarse a uno mismo es importante, por supuesto, pero no dejemos que ese sentimiento se convierta en exceso. Los excesos en estos casos nunca son buenos. Miremos, observemos, analicemos todo desde un punto de vista más objetivo, más contemplativo, intentemos que todo no nos influya en nuestra actuación. Que cuando tomemos una decisión el orgullo permanezca a un lado para ser más concretos, más prácticos, a la larga más fiables.

‘El orgullo lleva consigo un castigo, la necedad’ (Sófocles)

No caigamos en la trampa de su dulzura puesto que no la tiene. No caigamos en sus redes que no permitirán que nos movamos libremente. Seamos listos, saltemos más allá, levantemos nuestros brazos y respiremos profundamente. Seamos capaces de pensar por nosotros mismos, por nuestro interés, por el interés del otro, porque todo tenga un sentido, un porqué, una razón que nos haga sentirnos orgullosos y no ser orgullosos. Cuando nos libremos de ese peso y veamos lo rápido que avanzamos nos daremos cuenta de que aquel orgullo que anidaba en nuestra mente no era necesario, ni siquiera para un rato, ni siquiera para un instante. Meditemos para conocernos, para adentrarnos mucho más adentro de nuestra mente de lo que nunca seríamos capaces de soñar, creamos en nosotros mismos para no caer en la tentación de hacer uso continuamente de ese enemigo llamado ‘orgullo’.

‘He aquí la prueba de que todo en ti es orgullo.

Ahora que has reconquistado el permiso de telefonearle y escribirle, no sólo no lo haces, sino que siquiera sientes la necesidad ardiente de hacerlo’

(Cesare Pavese)

Cuidado con la soberbia, anda detrás del orgullo, son buenos amigos y se entienden perfectamente. No quieren nada bueno de nosotros y si realizan alguna acción casi siempre es en nuestra contra. No confiemos en lo que no nos sirve. La inteligencia hay que saber utilizarla. Al menos los que creen tenerla o los que la tienen. La inteligencia personal es mayor de la que creemos y depende de nosotros utilizarla de la mejor manera. Ser cautos y precavidos, ser fríos y calculadores, no dejarse arrastrar por arranques de vanidad. Aunque el orgullo pueda ser disimulable y, en ocasiones, apreciado y valorado, aprendamos a lidiar nuestras acciones con palabras más opuestas, más cercanas, más útiles. La humildad, la modestia nos ayudarán a saber pedir perdón, a pedir ayuda, a saber, a conocer nuestras limitaciones, nuestros fallos y errores, en definitiva, a conocernos mejor y a saber utilizar ese conocimiento en nuestro bien.

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comentarios
  1. Edwin Garcia dice:

    El orgullo destruye, mata la humildad en las personas, solo te hace mirar hacia ti.. Por eso una vez lanzada la piedra (el orgullo) destruye todo a su camino y despues la gente llora por el tiempo perdido y por las cosas tan bellas que mataron por su orgullo.. Asi que a lanzarlo por la ventana! saludos..

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  2. Nick dice:

    Si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo.
    DANTE ALIGHIERI

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