Hacia rutas salvajes

Publicado: 17 de octubre de 2011 en Cine
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Jon Krakauer publicó un libro titulado ‘Into the wild’ en 1996 y se convirtió en un éxito de ventas. La historia contaba la vida de un joven norteamericano que tras finalizar sus estudios universitarios decide alejarse de la sociedad por completo. Lo primero que hace es cambiarse el nombre y de Christopher McCandless pasa a denominarse Alexander Supertramp. Abandona sus posesiones y dona sus ahorros (24.000 dólares) a la caridad. Eso incluía todo los lujos, todas las comodidades con las que estaba familiarizado hasta entonces. Sus gustos literarios, cercanos al existencialismo lo llevan a tomar semejante decisión para convertirse en un trotamundos. Atraviesa varios estados, en un viaje que le llevó más de dos años hasta que la aventura le incita a tomar la postura de vivir alejado de todo el mundo, en contacto únicamente con la naturaleza. Su idea le hace vagar hasta que llega a Alaska.

Encuentra un viejo autobús abandonado y le sirve de refugio y hogar improvisado. Aprende a vivir en esa escena, con un viejo fusil para cazar y un libro sobre plantas silvestres comestibles. Fue escribiendo sus experiencias en un diario. Y con la búsqueda de sus eternas respuestas a dudas existenciales llega a la tremenda conclusión de que para ser feliz, para poder disfrutar de la vida, necesita estar rodeado de gente. Se da cuenta de que nada tiene sentido y si lo que siente, lo que disfruta, lo que verdaderamente le hace vivir, no lo puede compartir con nadie. Es ahí donde está la fábula de la historia. Nada que disfrutemos en la vida se puede hacer siempre de forma solitaria. Necesitamos la compañía de gente aunque sólo sea por unos momentos. No siempre pero sí en determinados momentos. El hombre es ser social, no puede luchar contra la evidencia. La búsqueda interior, la lucha por conocerse a uno mismo está enfrentada a la necesaria y continua compañía de otros seres humanos, con los que le toca compartir, tolerar, pensar, opinar, ayudar, construir, perder, ganar, llorar, comer, reír… En definitiva, vivir.

Sean Penn adaptó el guión y la llevó al cine. La dirigió también, formando un gran equipo junto a Eric Gautier (fotografía). El papel principal del protagonista recayó en Emile Hirsch, siendo éste su papel más importante de su carrera hasta el momento. La banda sonora realizada por Eddie Vedder consiguió varios premios y se le reconoció unánimemente por parte de la crítica especializada. La canción ‘Guaranteed’ ganó el Globo de Oro.

Excelente película totalmente recomendable. Gran banda sonora, gran fotografía, buenos actores y una gran dirección. Un guión adaptado perfecto y una historia que conmueve, no te deja indiferente y te hace pensar y reflexionar. Más de dos horas en las que te sientes a gusto por haberlas aprovechado bien. Películas que te dan el sentido a lo que el cine debería ser. Un entretenimiento enfocado desde el punto de vista del mensaje directo. Una excitante y cautivadora aventura que se mete dentro de ti y que te convierte en algo más que espectador, casi casi en protagonista.

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comentarios
  1. Marta dice:

    Aunque parezca ignorante ví esa película por televisión , me encantó y nunca supe como se llamaba. Me mantuvo pegada a la pantalla viajando con él y sufriendo, riendo. Gracias Vicente por desasnarme.

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  2. guss dice:

    Cuanta belleza moral, y física.

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