El poder

Publicado: 12 de octubre de 2011 en Artículos
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“El poder tiende a corromper,
el poder absoluto corrompe absolutamente”
(Lord Acton)
El estudio del poder se intensificó en la década de los 60, tanto a nivel de estudio como a nivel de ciencia. Hasta entonces meras aproximaciones, ensayos, pensamientos varios. Algunas universidades norteamericanas comenzaron a impartir la carrera de Ciencias Políticas y Sociología y, consecuentemente, empezaron a elaborar estudios y teorías relacionados con el poder, su entorno, sus personajes y sus consecuencias. Aunque desde el siglo XVIII diferentes filósofos y pensadores ya iniciaron sus reflexiones sobre el poder establecido, el poder en sí mismo encarna muchas y diferentes facetas, muchas distintas y profundas esferas. De ahí que se haga tan difícil definirlo. No es nada fácil. Sobre todo al abordar su cuantía y su influencia. Puede parecer que alguien ostente mucho poder y, sin embargo, alguien desde la sombra esté impartiendo directrices al supuesto ocupante de ese poder. Lo que vulgarmente se llama ‘mover los hilos’. Muchas marionetas forman parte del escenario apareciendo como personajes principales cuando la realidad les hace ser meros extras invitados a la fiesta de unos pocos.
Hay muchas clases de poder. Todos podríamos acordarnos del poder político, del poder absoluto, del constituyente, del público, de los 3 poderes de Montesquieu: legislativo, ejecutivo y judicial, también del poder mediático (llamado cuarto poder), del poder del mercado, del de las empresas multinacionales, del poder de Internet, del poder territorial, del autonómico, del municipal, etcétera. Pero es que hay más, como el poder religioso, el militar, el temporal, el civil, el adquisitivo. La lista se eternizaría. ¿Son todos iguales? ¿Se parecen?
“Si queréis conocer a un hombre,
revestidle de un gran poder”
(Pitaco de Mitilene)
***
El debate sociológico reciente sobre el ‘poder’ sigue girando alrededor del problema que existe con su definición. Además de la confusión con su naturaleza. Algunos pueden ver en el poder un conjunto de formas de constreñir la acción del propio ser humano pero, a la vez, permite que la acción sea posible, o por lo menos en un mínimo grado o nivel. Max Weber ya advertía de que la sociedad moderna estaba amenazada por el fenómeno creciente de la concentración de poder dentro de los sistemas y organizaciones. Robert Michels fue más allá, determinando que las organizaciones modernas, privadas y públicas, están bajo el control reducido de poderosos grupos políticos y financieros.

De qué sirve elegir a los líderes políticos democráticamente si esas élites de poder se concentra luego en el núcleo de las organizaciones que controlan la gran mayoría de estamentos. Estamos ante un evidente peligro, el almacenaje de poder por parte de unos pocos, de muy pocos, pero muy poderosos. Muchos expertos del asunto han llegado a la conclusión de que para analizar con claridad, comprender, opinar sobre el poder, es necesario y vital haberlo ostentado, experimentado y/o vivido. La visión del poder desde fuera nada tiene que ver con la que se tiene desde dentro. El poder, el poder del poder, para quien lo maneja, es una herramienta demasiado poderosa como para analizarla convenientemente sin haberla utilizado. Todo lo que se diga de ella carecerá de rigor, de información suficiente, será la visión externa, imaginable pero no real, supuesta pero no exacta.

En términos sociológicos, el poder incluye tanto al poder físico como al poder político. Algunos lo han definido como la mayor o menor capacidad unilateral (real o percibida) o potencial de producir cambios significativos sobre la vida de otras personas, a través de acciones realizadas por uno mismo o por otros. El ejercicio de ese poder pertenece a los humanos, como seres sociales que son. Las leyes del poder son la interpretación de la evolución usada por los individuos, con la finalidad de permitir al individuo desarrollarse a un nivel superior de comodidad dentro de su marco social. El ejercicio del poder pertenece al ser humano por su condición de ser social.

Cuando uno ostenta un poder cualquiera, en cualquier esfera, en cualquier nivel, domina a un grupo de personas, ya sea mayor o menor en tamaño. Ese privilegio y esa responsabilidad recae en unos pocos elegidos. Y nadie nace ni se forma para estar preparado para ello. A muchos les causa pánico verse dentro de esa maquinaria de poder de decisión, cuando para otro supone un reto y, a menudo, un vicio. Muchas son las personas que una vez han experimentado ese uso del poder no quieren dejar de tenerlo. Creen sentirse garantes de la disponibilidad de ello, cuando la realidad puede ser bien distinta, puesto que hay gente que ostenta poder durante muchos años de su vida y otros durante un tiempo determinado. Saber utilizar ese tiempo en el uso del poder es cosa bien difícil. De ahí que al detenerse de la locomotora que les ha acompañado durante ese tiempo dicen sentirse vacíos. Ese vacío de poder es el determinante de lo que podríamos denominar ‘bajón’ tras la chispa de adrenalina que supone ostentar ese tesoro llamado poder.

¿El poder engancha? Parece que sí. Al menos cuesta desengancharse de él. Y por eso cuesta acostumbrarse, una vez abandonado, a ser o a sentirse como antes, como siempre, como antes de haberlo ostentado. Muchas personas abogan por aguantar en el poder tanto tiempo como les sea posible, aferrándose a ese trono que su mente ha elaborado como su centro de su propio territorio, sin pensar en nada más que en sus propios intereses, en sus propias vidas.  El ser humano ama el poder, la manipulación sobre el otro es un gran atractivo, pero la amenaza del abuso del poder recae sobre nosotros y sobre nuestras sociedades. La corrupción eclipsa a las personas, a las instituciones, a las organizaciones y a los poderes establecidos. El hombre debe dar un giro para demostrar su hegemonía sobre el poder. El poder que él mismo creó se ha vuelto contra sus propios intereses. El poder amenaza al hombre como sociedad y ante este nuevo panorama no queda otra que levantarse y protestar. De ahora en adelante, sería muy interesante limitar los poderes, de todo tipo, eliminar otros, y analizar si realmente cualquiera puede ser capaz de representar tales poderes por pequeños que realmente sean.

“El poder que es soportado sólo por la fuerza temblará a menudo”
(Lajos Kossuth)
***

poder

comentarios
  1. Nick dice:

    Dondequiera que encuentro una criatura viviente, hallo ansia de poder.
    NIETZSCHE, Friedrich

    El peligro radica en que nuestro poder para dañar el ambiente, o al prójimo aumenta a mayor velocidad que nuestra sabiduría en el uso de ese poder.
    HAWKING, Stephen William

    Para hacer mal cualquiera es poderoso.
    LEÓN, Fray Luis de

    La fuerza creadora nada puede sin el sentimiento, y la fuerza activa, la simple fuerza activa, al contrario, tiene poder sin el sentimiento y sin la fuerza creadora; y por eso admitimos que es la
    fundamental.
    GOETHE, Johann Wolfgang von

    Utilicemos pues más la fuerza creadora.

    Me gusta

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