Tentaciones

Publicado: 11 de octubre de 2011 en Artículos
Etiquetas:,

“Para el que no tiene nada,

la política es una tentación comprensible,

porque es una manera de vivir con bastante facilidad”

(Miguel Delibes)

***

Según el diccionario la ‘tentación’  puede ser: un estímulo que induce a obrar mal; un impulso repentino que excita a hacer una cosa; o una persona o cosa que induce a algo.

La cuestión es confusa. Inducir ya suena mal. Tentar también. ¿Lo deseamos porque no lo tenemos? ¿Lo deseamos porque lo vemos inalcanzable? ¿Lo deseamos por creer que nos sentiremos satisfechos una vez conseguido? Tantas cosas deseamos y  no tenemos. Las que parecen inalcanzables se presentan como las más atractivas. Las realizables pierden encanto. No detenemos nuestro camino sino para contemplar un bello paisaje, para escuchar de nuevo una canción, para deleitarnos con esa sonrisa que nos cautivó por un instante…

Las tentaciones vienen y van. Las de ayer ya se olvidaron. Eran muchas, como ahora, como siempre. Pero ya se fueron. Las tentaciones que existían ya no nos interesan, puesto que las presentes ocupan su lugar. Y además son las necesarias. Las futuras ni se nos asoman. No las necesitamos de momento. La tentación de lo sublime, de lo eterno, de lo bello, de lo lejano, de lo que no se ve, de lo que no se oye, de lo que suena pero no se vislumbra, todas esas sensaciones escondidas que alimentan la mente de una forma subliminal nos dan vida y nos hacen seguir deseando.

Sin el deseo de la tentación muchas cosas carecerían de sentido, más que nada porque eliminar la tentación elimina el morbo, la sospecha de conseguirlo o no, la imaginación de uno multiplicado por mil, porque de eso trata la tentación, de aparentar ser nada más que una simple imaginación, una fruta prohibida al alcance de muy pocos o fuera de nuestro alcance la mayoría de las veces.

¿Qué es un estímulo? ¿Cuánto dura? Es breve, conciso, arriesgado, acaso atrevido. Puede ser un estímulo controlado o no hace falta. ¡Y de cuántos estímulos podemos estar hablando! Debe ser malo o no tener miles de ellos, conocerlos de la misma manera que nos conocemos a nosotros mismos.

Las tentaciones ‘dulces’, esa ‘dulce tentación’ tampoco suena tan mal, al contrario, suena estupendamente. E incluso parece fácil de conseguir. De realizar. Digamos que la cuestión principal radica en comportarnos como somos realmente, como seres humanos, animales de instinto y colmarnos de las tentaciones que vamos viendo o controlar nuestro deseo y dejarlas escapar, todo dependiendo del tipo de tentación, porque ahí comenzaría la verdadera calificación. La tentación difícil por necesitar autorización ajena o personal, o la tentación fácil y al alcance de la mano y por la que solemos caer continuamente, a sabiendas de que nos entregaremos a su red y por la que tampoco mostramos ningún arrepentimiento.

Las tentaciones nos rodean y crean una red de anzuelos que nos provocan, unas tras otras, como el bien y el mal, como decisiones perversas a cuestiones absurdas. Envolvernos de ellas, alejarnos de ellas, disfrutarlas, abandonarlas, agarrarlas, lanzarlas lejos, atesorarlas, olvidarlas. Grandes preguntas, grandes dudas que se meten en nuestro cerebro y que nos presionan para dar rienda suelta a nuestros estímulos.

Si la tentación tiene que ver con el ‘placer‘ no se adivina la maldad que hay en ella. Las religiones, los dogmas éticos nos acosan con el fantasma de caer en  la tentación, nos cohíben y no nos dejan expresarnos tal cual somos, con naturalidad.

La naturalidad en la expresión, en los gestos, en la voz, en las palabras, en la forma de comportarnos, en la elección de los placeres, de nuestros placeres, de nuestros gustos, decidir si tomar lo que nos gusta o no, depende de nosotros, como seres individuales, sin hacer daño a nadie, respetando al prójimo, nadie es capaz de someternos a la absurda cuestión de plantearnos nuestras debilidades a la hora de elegir caer o no en nuestra más admirada tentación.

La tentación no puede ser un pecado. Tampoco la contemplábamos como tal. Dado que la tentación no nace de nosotros, sino del instinto, de la vida que nos rodea, es natural. El pecado es obra del hombre. O sea, antinatural. Por qué entonces deberíamos hacer caso al hombre y no a la naturaleza. Lo más simple es lo más comprensible. No hay que andar buscando patas al gato porque al final nos saldrán cuatro. No hay más. Y si hay más ese gato no es natural. Como todo en la vida. Las cosas son más simples de lo que parecen. La tentación nos transforma, nos divide, nos enfrenta con la más absoluta realidad y nos hace felices, de una manera u otra. ¿Por qué negarla? ¿Acaso queremos controlarnos? Habría que recordar que cuanto más pensemos en controlarnos más fácil será caer en conductas no aptas para tentaciones diversas.

images

“Cuando quieres algo,

todo el universo conspira para que realices tu deseo”

(Paulo Coelho)

***

 

Anuncios
comentarios
  1. Nick dice:

    La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.

    Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.

    Y deberíamos librarnos de ella?.

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s