¿Crees en el destino?

Publicado: 11 de septiembre de 2011 en Artículos
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Gemma: “Tengo mis dudas. Decir ‘estaba predestinado’ es una forma de dar respuesta a todas esas preguntas que nos hacemos”

Eduardo: “El destino no está escrito y está sólo en nuestras manos”

Cris: “Creo en el destino como punto final del trayecto que construimos nosotros mismos”

Xavier: “No creo en el destino. Es la consecuencia de cada una de tus decisiones y actos afectada por las consecuencias y actos del resto de los seres y elementos que nos rodean”

Mercedes: “No creo en el destino. Tampoco en los errores sino en el resultado de nuestras acciones”

Nick: “¿Qué es el destino? El destino baraja las cartas pero nosotros somos los que las jugamos”

Enric: “Creo más en la suma de casualidades que la vida va creando. No creo que haya algo escrito. Puedes cambiar tu destino según tus actos”

Marta: “Creo en el destino pero también se puede torcer. Nosotros tenemos las herramientas para modificar nuestro destino”

Olga: Creo firmemente en el destino. Cada acto, cada movimiento, cada pensamiento no es azar ni suerte, es nuestro sino”

Sunandsongs: “No creo en un destino escrito. Cada acto realizado, cada decisión tomada, va a tener sus consecuencias”

Irene: “No creo en el destino. Tampoco en casualidades pero sí en las coincidencias”

Miquel: “El único destino es la muerte”

Rosy: “Ni creo ni dejo de creer. Decimos ‘estaba destinado’ cuando no encontramos explicación más o menos coherente a las cosas que nos suceden”

Alonso: “El destino es un tren que pasa cada día, a veces lo coge, a veces no y otras ni lo vemos pasar”

Marta: “No creo en el destino. Nuestra vida es fruto de múltiples elecciones y casualidades”

Accidentalmente: “No creo en el destino. Todo pasa por algo pero no está escrito. Prefiero pensar que elijo yo”

Herrerillo: “Si dijera que soy creyente mi  libertad estaría condicionada. No tengo respuesta. Vivo el presente”

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    ¿Y si el destino nos alcanzara? ¿Y si el destino nos devorara? ¿Y si nos hiciera sentir más afligidos de lo que ya estamos? Y si la fuerza de ese destino no nos permitiera ser nosotros mismos, más naturales, más sinceros, ‘más nosotros mismos’. Qué ocurriría si el destino ‘predeterminado’ nos inundara de luz para no dejarnos ver nada más, nunca más, para dejarnos ciegos de emoción o de ilusión, incluso de razón.

Qué ocurre con el destino que a tanta gente seduce y a tanta gente desilusiona. Acaso existe, ese destino imaginario, puesto en las mentes de unos pocos que se dedican a pregonarlo al viento. Si el destino estuviera marcado, el juego carecería de sentido. El juego al que estamos obligados a jugar desde el momento que nacemos no pertenece a nadie, nadie dicta normas ni nadie nos puede indicar el camino. Todo eso, sencillamente, haría perder encanto a todas las sorpresas que tenemos preparadas.

Sin darnos cuenta cada día es diferente, cada día puede ser o no, depende, y no sólo del destino (como dicen algunos), sino de nosotros, de las circunstancias, de la suerte, del momento, de la decisión de otra gente. El destino que marcamos a diario no está escrito, lo escribimos nosotros. Son frases lentas, a veces muy lentas, pero escritas con mesura, con decisión, porque de eso trata el destino, de decisiones. Sobre decisiones diarias nos vemos inmersos y según el camino escogido amanece el nuevo destino. Conviene no olvidar que la elección que hacemos de muchos de nuestros actos trae consigo unas circunstancias que muchos se empeñan en denominar ‘destino’, sin pararse a pensar que quizá nuestra elección determinó el futuro. El tan manido efecto mariposa toma cuerpo, puesto que no ocurrirá lo mismo según las decisiones que tomemos.

Y el destino, si lo entendemos como tal, no es aquel que llegará al final de un camino, de nuestro camino, el destino es la suma de muchas cosas y de ninguna y nos lo vamos encontrando a diario, puesto que las elecciones las realizamos a diario. Conocer a alguien, conocer un lugar, leer un libro y descubrir a un escritor y su historia, escuchar una canción, dar o no ese beso, hacer esa llamada, ir o no ir, decir que sí o decir que no, todo forma de parte de nuestro destino y el destino es continuo, no se detiene. Si nos paramos a analizar el porqué de muchas cosas que nos ocurrieron nos daremos cuenta de que fue consecuencia de una decisión, casi siempre provocada por nosotros. Las decisiones se toman. Son malas o buenas, nunca lo sabemos, por eso es tan difícil ejecutarlas. Por eso hay gente que tiembla cuando tiene que tomar decisiones y, sobre todo, si éstas son vitales. Hay decisiones superfluas y otras fundamentales. Cuando una de ellas nos lleva a un resultado malo hablamos de mala suerte. Cuando acertamos con la decisión creemos que fue el resultado de una buena decisión. O que era lo que nos tocaba. No. Simplemente hay que utilizar la fórmula de la ley de probabilidades. Si juegas mucho a decidir puede ocurrir que te salga bien o no. Es simple ley matemática, pero no debemos olvidar que todas esas decisiones, sean buenas o malas, resulten beneficiosas o no, son nuestras y forman parte de nuestra vida. Para lo bueno y para lo malo, de todas ellas aprenderemos algo y eso es lo positivo. Esa es la esencia de las decisiones. Conforme pasan los años y las decisiones se van amontonando nuestra capacidad de decisión puede llegar a ser más experta, pero no existe esa fórmula mágica para poder acertar siempre, por no decir nunca.

Debemos aprender de nuestras decisiones, puesto que cuando las tomamos fuimos libres al hacerlo. Y si las decisiones que ejecutamos en su día fueron impuestas por circunstancias ajenas a nosotros no nos queda otro remedio que esperar a ver qué es lo que provocan y seguir aprendiendo de sus resultados. El destino, esa palabra mágica que casi nadie entiende visto los comentarios y en los que tan pocos creen, puede mostrarse en diferentes formas. Pero no hay que olvidar que el destino, sea lo que sea, no nos lleva a un punto, el punto somos nosotros y vamos deambulando por nuestra carretera que es la vida, y durante ese transcurso vamos optando por coger diferentes caminos. Digamos que el destino, por verlo de otra forma, es un conglomerado de oportunidades puestas a nuestro alcance, un abanico de posibilidades para que elijamos nuestra opción.

Hagamos lo que hagamos traerá consecuencias. Eso debemos saberlo y debemos asumirlo. No perdamos el tiempo en buscar excusas, en buscar respuestas donde no las necesitamos. Las cosas ocurren y punto. Disfrutemos de los momentos buenos que nos depara ese ‘destino’ y no nos volvamos locos con el resto de acontecimientos. Bastante tenemos para comprendernos a nosotros mismos como para empezar a explicar el porqué de todo lo que acaece a nuestro alrededor, todo eso que incluye nuestra historia, es decir, nuestra vida.

comentarios
  1. Josevi49 dice:

    Ortega nos dejó el siguente legado: “La vida se nos da ‘sin hacer’ pero al mismo tiempo se nos da ‘con que hacerla’ y ésto son, las cosas que nos rodean y las cosas que nos ocurren; y a todo ello él lo llamó ‘las circunstancias”.
    Por lo tanto es como pasar (alternativamente) media vida sembrando y la otra media recogiendo la cosecha, muchos no lo aceptarán, sobre todo los más cómodones, que prefieren creer en la determinación o en eso que llamamos buena o mala suerte.
    Asumiendo cada uno su herencia del pasado, el camino por la vida es un claro ejercicio de Re
    sponsabilidad que cada uno debe asumir desde su nacimiento, aunque paradojicamente ocurre que, por amor mal entendido, se prefiere educar en la permisividad irresponsable y caprichosa.
    ¿Podríamos achacar los males de hoy con las crianzas de antaño?
    Un cordial saludo.

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  2. Mientras usas el destino en el pasado ,el destino sirve para consolar,si lo usas en el futuro sirve para desanimar.

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  3. mariajomaripepa dice:

    Pues a estas horas de la noche de un domingo, no sé si creo en el destino.
    Quizás a días y a ratos….
    Hoy quiero quedarme con tu mensaje final.

    “Disfrutemos de los momentos buenos que nos depara ese ‘destino’ y no nos volvamos locos con el resto de acontecimientos. Bastante tenemos para comprendernos a nosotros mismos como para empezar a explicar el porqué de todo lo que acaece a nuestro alrededor, todo eso que incluye nuestra historia, es decir, nuestra vida.”

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  4. Nick dice:

    Toca filosofar como bien dice, “Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado. Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos.

    SÉNECA, Lucio Anneo

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