Knut Hamsun

Publicado: 8 de agosto de 2011 en Literatura
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“El poeta debe siempre, en todos los casos,

contar con la palabra temblorosa,

la que me cuenta la cosa,

la que con su acierto puede vulnerar mi alma hasta hacerle gemir.

La palabra puede convertirse en color, en sonido, en olor;

es tarea del poeta usarla de manera que funcione,

que nunca falle y nunca rebote”

***

KNUT HAMSUN (1859-1952) es uno de los escritores más afamados en Noruega. El conjunto de toda su obra se considera muy influyente en la historia literaria del siglo XX. Nacido en un medio rural, se dedicó a varios oficios hasta que emigró a los Estados Unidos. Esa facilidad que tuvo de viajero, de errante escritor le hizo ver la vida de forma diferente y no como a ese niño y adolescente de un entorno rural. Autor de ‘Hambre’ (1988), con la que descubriría el éxito y la fama, donde narra de forma exquisita esos rasgos tan característicos de mucha gente de su época, como el hambre, la pobreza y una sociedad falta de espíritu. De su talento viajero realizó la obra ‘La vida espiritual de la América moderna’ (1889), donde analizaría sus impresiones y experiencias vividas en los años que residió en ese país, con notas irónicas y amargas vistas desde la visión de un joven escandinavo. Desde muy joven supo y quiso ser escritor, dada su alta sensibilidad, su amor por la naturaleza o por un paisaje, su atracción por la belleza de la vida, por los esfuerzos del hombre por superar sus propios obstáculos.

“Los escritores vivimos porque nos expresamos”

***

Su vida estaba más unida al ambiente rural que al urbano, de hecho, la vida en la ciudad no le atraía en absoluto. Se retiró durante varios años a una vida tranquila en una cabaña en el bosque donde fue capaz de dar forma a dos grandes novelas: ‘Pan’ (1894) y ‘La bendición de la tierra’. Sus personajes son siempre complejos, apasionados, fuera del orden marcado, personajes que no se identifican con la sociedad que les rodea, con tremendos problemas de adaptación a su medio. Aunque se podría decir que hubo una clara evolución en su obra, desde el análisis del individuo en sí hasta que se adentró a describir a la sociedad en su conjunto. Muchos escritores se confesaron ardientes seguidores de su obra como Thoman Mann y Gorki, y para muchos ha representado una gran influencia en su carrera como Henry Miller y Paul Auster. Su lista de novelas es larga y a los títulos ya mencionados podríamos añadir: ‘Misterios’ (1892), ‘Soñadores’ (1904) o ‘El capítulo final’ (1923), por nombrar solo unos cuantos. Murió anciano y pudo ver pasar casi un siglo de historia que le ayudó a ver y a analizar desde su particular punto de vista las generaciones del siglo XX.

Por supuesto, tuvo un punto negro en su reputación cuando apoyó al régimen nazi de Vidkun Quisling durante la Segunda Guerra Mundial. Se ha rumoreado mucho sobre las posibles causas que le llevaron a defender tales tesis, pero el racismo oculto, la adoración por el poder y la supremacía de los ejércitos alemanes, su atracción por la propaganda nazi, fueron quizá suficientes como para inmiscuirle en tal enigma. Lo que provocó fue que su reputación cayera por los suelos y también la impresión y la imagen que se tenían de él, un escritor que por aquel entonces, ya ostentaba fama y prestigio. Consecuencia de ello y tras el final de la guerra, quedó bastante apartado tanto a nivel personal como a nivel artístico. Su obra ya no se difundió de la misma forma y su nombre siempre quedó en entredicho. Los que le alzaron a lograr grandes galardones provocaron su aislamiento y los jueces noruegos le condenaron a pagar su traición a su patria, desposeyéndole de buena parte de sus bienes cuando ya era un pobre anciano ciego y casi sordo. De hecho, hoy en día, Noruega no alberga ninguna plaza o calle con su nombre.

“Yo nunca me he analizado a mí mismo más que forjando en mis libros varios cientos de personajes,

cada uno en particular tejido a partir de mi propio ser,

con sus defectos y sus cualidades,

como tienen todos los seres inventados”

***

Todo esto me hace pensar en lo que siempre he creído. Cuando hablamos de arte, de pensamientos, de cultura, de creación, de literatura o de cualquier otra forma de expresión artística debemos saber separar muy bien al artista de su obra y de su persona. Debemos aprender a extraer y a disfrutar de las obras de aquellos hombres que nos interesen, que nos muestren algo que nos atraiga, sin caer en la rotunda y, a veces, negativa visión de calificar su obra como calificamos al personaje o a la persona en sí. Si lo logramos conseguiremos gozar de la belleza artísitica, de lo contrario no nos quedará margen para saborear nada. Las expresiones artísticas se realizan por necesidad de sus creadores y están pensadas para ser degustadas por sus seguidores, los complejos en los que podemos tropezar por miedo a sus ideas o a sus aficiones pueden dejarnos el camino lleno de niebla y no dejarnos ver que hay a su paso.

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