Mentiras

Publicado: 25 de julio de 2011 en Artículos
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“Me he dado cuenta de que miento

siempre he mentido, siempre he mentido”

(Silvio Rodríguez)

***

Que la raza humana miente no es ningún descubrimiento. Las causas y las razones pueden llevarnos a un serio estudio pero no negarán que es una realidad. Las mentiras van unidas a la vida humana como su lenguaje o su personalidad. Mentimos con naturalidad, con frecuencia, con bastante insensibilidad, c0n alevosía y no nos molesta. Mentimos para cubrirnos, para defendernos, para atacar, para opinar, para callar, para hablar, para mentir de verdad, para decir nuestra verdad, mentimos día sí y día también. Mentir nos acompaña en nuestro comportamiento como nos acompaña nuestro rostro o nuestra alma, si alguno cree que la tenemos, claro está.

Que la raza humana miente ya ni nos lo planteamos. Eso es así, ha sido así y seguirá siendo así. Hay múltiples causas y razones, algunas pueden ser comprensibles y otras no. Pero el que diga que no miente, simplemente, miente. Las mentiras que lanzamos pueden ser dañinas o no, perjudiciales o no, algunas peligrosas, otras inofensivas, pero son una constante en nuestra actitud rutinaria. Mentimos porque sí, a veces sin pensar. Y si nos analizamos con detenimiento descubriremos que mentimos mucho más de lo que imaginamos.

Podemos leer que las mentiras a veces son necesarias (?), o que pueden ser innecesarias según en qué momentos. Las mentiras pueden ser un arte, un arte social muy recomendable, y a más de uno le iría muy bien, de vez en cuando, saber mentir. Porque no saber mentir también se descubre, al igual que la mentira, pero normalmente antes. El que acostumbra a mentir mucho puede llegar a creerse sus mentiras y quizá pierda su sentido de la mentira o su sentido de la verdad. Puede ser que nadie le crea o que le crean lo que él mismo no quiere que crean. Es decir, puede producir el efecto contrario.

Es como cuando uno miente mucho y la gente se da cuenta y al final aunque diga la verdad ya nadie le cree. Puede ocurrir que el que cree decir siempre la verdad acabe por parecer que dice mentiras. Puesto que el ser humano ya está acostumbrado a escucharlas, ya no se sorprende de que aparezcan si no de que se oculten. Aunque una persona dijera siempre la verdad nunca le acabaríamos de creer del todo, porque daríamos por hecho que nos ha mentido en un momento determinado. Cuando uno miente tiene que ser consecuente con lo que está haciendo. Es decir, está mintiendo y tiene que saber lo que eso le puede acarrear. Mentir puede ser bueno o malo, según cómo se mire. Según algunas religiones mentir es pecado. Pero incluso las religiones mienten. ¿Entonces? ¿Quién puede servirnos de ejemplo?

¿Quién es capaz de juzgar si una persona es buena o mala en función de sus mentiras? ¿Todos somos malos porque a veces o muchas veces mentimos? ¿Somos mal@s? ¿Qué es ser mala persona? Mentir tiene un componente de autosatisfacción y otro de relajación. Puede servir para calmarte, para animarte y, porqué no, para salvarte. Pero también tus mentiras pueden llevarte al hundimiento, al fracaso, al rechazo social o familiar. Las mentiras debemos aprender a administrarlas correctamente porque de lo contrario estallarán en nuestras propias manos y producirán el efecto que no deseamos.

Porque está claro que nadie quiere ser descubierto por sus mentiras. Pero si eso ocurre hay que reaccionar de la forma más natural posible. Si mentimos naturalmente porque no podemos aceptar naturalmente que nos hayan descubierto. Eso producirá menos efecto negativo. Si no aceptamos que nos han descubierto y continuamos con la farsa el efecto puede ser aún mayor y dejar de ser controlable para pasar a ser algo que, como el ejemplo del efecto ‘boomerang’, volverá contra nosotros.

Una vez hablando con un amigo abogado sobre los juicios me comentó que cada parte en un juicio expone su ‘verdad’, pero esas dos verdades son tan dispares y diferentes que está claro que una de las dos partes está mintiendo. Se supone que en un juzgado no se puede o no se debe mentir y entonces le pregunté que si el juez da la razón a una parte da por hecho que la otra parte ha mentido. Por qué no se sanciona esa actitud, le pregunté. Ha mentido al juez. Sí, me contestó, tienes razón. Una de las partes ha mentido pero no se considera una mentira si no formas diferentes de establecer la ‘verdad’. Esto nos puede servir de ejemplo que hasta dentro de un juzgado se miente continuamente, a diario, miles de veces cada día en todo el mundo y no ocurre nada. Lo tomamos todo con absoluta naturalidad.

No quiere decir todo esto que no nos importe que nos mientan. Nos importa y mucho. Debemos establecer cuáles son nuestros límites con ella. Hasta qué punto estamos dispuestos a ser engañados o no. Aguantaremos la mentira hasta un punto, el cual no puede ser superado, puesto que si supera nos veremos en la obligada situación de denunciarlo. Pero mientras no lleguemos a ese punto soportaremos la mentira como siempre, con naturalidad, con absoluta tranquilidad. Y da igual de donde venga esa mentira, si de un político, de un periodista o de un vecino. Muchas veces, la mayoría de las veces, sabemos que nos están mintiendo y no hacemos nada para que no continúen haciéndolo. Y quizá adoptamos esa postura porque sabemos que nosotros en algún momento o en muchos otros actuaremos de la misma manera. Convivimos con la mentira y debemos aprender a manejarla. De nosotros depende ser absorbidos por ella o no. Ser manipulados por ella o no. Ser invadidos por ella o no. La mentira es real.  Aceptémosla  pero también luchemos contra ella en la justa medida.

mentira1

comentarios
  1. Rosy dice:

    Hay un refrán que dice que se coge antes a un mentiroso que a un cojo…aunque hay gente que hace de la mentira un arte, pues hay actores/actrices muy bueno/as y no de cine precisamente. Yo creo que la mayoría de las veces es más difícil decir la verdad, pues dicen que quien dice las verdades pierde las amistades

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  2. Nick dice:

    Me gusta pensar en que los sueños son las únicas mentiras que pueden dejar de serlo.

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  3. Manel dice:

    La mentira tiene tantas caras, como la verdad.
    Si alguien dice que no miente, miente igual que aquel que dice que siempre dice la verdad.
    Mentir tiene una graduación infinita. De la mentirijilla hasta la mentira estafa, delación o falsedad,
    la cosa es interminable.
    A veces hay que ser un “cabronazo” para decir la verdad y otras en cambio muy caritativo para decir una mentira.

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  4. Javier dice:

    Todo es una mentira, nuestras vidas son una mentira, no sabemos ni lo que somos, ni si lo que nos cuentan es verdad, nos mentimos a nosotros mismos para tirar palante, asi que creo que debemos incluso agradecer la existencia de este placebo, que nos hace la vida mas llevadera, mas divertida a veces. El otro dia escuchaba una entrevista antigua a un escritor concretamente Juan Carlos Onetti, y le preguntaban cuando empezo a escribir, y el contesto muy agudamente como siempre que cuando empezo a mentir, y que desde entonces ha seguido mintiendo en todos sus libros

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  5. Marta dice:

    Es cierto que convivimos con la mentira diariamente y muchas veces nos es más embarazoso desenmascarar al mentiroso, que seguir tolerando su engaño. Yo creo que la mentira termina saliendo a la luz y muchas veces genera situaciones complicadas.

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