El viaje

Publicado: 11 de julio de 2011 en Artículos
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“El momento más alegre de la vida de un hombre

es el de la partida de un largo viaje hacia 

tierras desconocidas” 

(Burton)

***

Igual que esa vía de tren que no distingue su horizonte. Igual que la vida que no conoce su destino. Igual que la mirada perdida no recuerda su pasado. Viajar puede representar mil cosas a la vez. Puede ser nuestro tren que nos aleja. O el que nos acerca. Puede ser la vida corriendo hacia su destino. O el destino descubriéndonos a nosotros mismos. Pueden ser mil miradas y ninguna. O sólo una. Puede ser nuestra mirada en el rostro de un niño. En el paisaje más bello. Puede ser todo y nada. Es la nada y es el todo. Viajar es quizá la emoción más grande, la mirada más atrayente, el gesto más curioso, el ruido más extraño, el mar más azul, el cielo más abierto, la montaña más solitaria…

“Ya no se viaja para explorar.

Se viaja ahora para perseguir una idea que alentaste,

o para sentirte a ti mismo pisando el lugar que has soñado ver”

(Javier Reverte)

***

Viajar desde que era muy pequeño ha sido para mí una forma de vida. Es quizá lo único que me ha motivado siempre y sin esfuerzo. Pocas cosas en esta vida han tenido la fuerza y el poder sobre mí como un simple viaje. Porque un viaje lo representa todo. Viajar nos presenta la otra cara de nuestro rostro, nos introduce con nuestra otra personalidad, con nuestro otro yo, aquel yo verdadero al que no estamos acostumbrados. Viajar nos abre los ojos, la mente, el cuerpo y el alma. Sirve para que entendamos, para que analicemos, para que valoremos. Nos permite entrar en un mundo paralelo, lejano o no, pero siempre distinto. Nos ayuda a comprender mejor lo que somos y lo que no, lo que deberíamos ser o no, lo que podríamos haber sido y no somos o lo que nos gustaría haber sido y jamás seremos.

Aprender a vivir es sinónimo de aprender a viajar. Y aprender a viajar es sinónimo también de aprender a vivir. Las vidas son todas diferentes al igual que los viajes son todos distintos. No hay forma posible de compararlos. Cada viaje en sí mismo posee la fuerza suficiente para ser recordado por sí solo. Sin posibilidad de poder compararlo a otro viaje, ni a otra situación parecida. El viaje nos permite esclarecer ideas, reflexionar sobre nuestras pasadas acciones, sobre nuestros pensamientos y sobre nuestras dudas. A un viaje hay que tratarlo con respeto. El mismo respeto que se tiene a lo desconocido. Puesto que se trata de algo que desconocemos por completo.

El viaje no sabe el significado de la palabra ‘rutina’. La rutina a la que estamos tan acostumbrados en nuestro entorno conocido pasa a ser un tremendo olvido en cuanto embarcamos. Y cuando nos decidimos a salir de viaje la rutina queda aparcada como un estigma de nuestra incapacidad para vivir. Gracias al viaje conseguimos liberarnos de todas las cadenas que nos detienen y que no nos permiten pensar, si acaso soñar. El viaje es sueño. Y un gran sueño.

Tenemos que aprender a viajar. Es un ejercicio de práctica, pero en cuanto aprendemos no lo olvidamos. Y da igual cuánto tiempo haga que no viajamos. Viajar es empezar la primera página de un libro o escribir la primera palabra de un párrafo dentro de un folio en blanco. Es un reto. Un reto continuo. Es enfrentarte contigo mismo sin esperar más que lo que venga. Es lo que vendrá aumentado por  cien. Es entender lo que no se puede entender. Porque si no somos capaces de entender nada , entonces tampoco lo merecemos.

La maravillosa vida de ahí fuera espera por nosotros. Con sus ríos, sus aromas, sus colores, sus árboles, sus gentes. No debemos alejar todo lo que nos pueda engrandecer. Al contrario, debemos abrir nuestras mochilas y llenarlas de todos los sabores extraños, de todos los colores inimaginables, de todos los paisajes irreales, de todas las gentes desconocidas. Debemos llenar las mochilas de emociones, de gestos y de risas, de sensaciones encontradas, de miradas cómplices y de abrazos desconocidos.

El mundo está a nuestros pies y nosotros a los pies del mundo. Si la humildad y la ignorancia nos acompañan solo recogeremos victorias y descubrimientos. Si la arrogancia y la estupidez nos siguen solo recogeremos derrotas y desilusiones. Hay que abrirse para sentir más, mucho más de lo que podamos imaginar.

El viaje representa releer aquellos libros que nos hicieron soñar. Sobrevolar los mapas que de niños ocupaban nuestros pupitres. Introducirse en las experiencias que anhelamos. Descubrir las imágenes que siempre quisimos dibujar. Ver las fotografías que tanto amábamos. El viaje nos ayudará a entendernos. Nos hará mejores personas y permanecerá en nuestra memoria para siempre.

Cuando viajamos no escapamos, buscamos. Cuando viajamos no nos alejamos, nos acercamos. Viajar no es la ida, ni la vuelta; es la ida y la vuelta juntas. Es el comienzo de algo y la continuación del todo. Viajar es soñar. ¡Soñemos! 

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comentarios
  1. psicosophos dice:

    Me quedo con estas dos frases “El viaje representa releer aquellos libros que nos hicieron soñar” y “Aprender a vivir es sinónimo de aprender a viajar”. Salu2

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  2. Nick dice:

    Me encanta el post, tanto o más que viajar y me recuerda lo que dijo:

    Paul Morand (1888-1976) Diplomático y escritor francés.
    Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo.

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