Nostalgia

Publicado: 9 de julio de 2011 en Artículos
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“No dejéis el pasado como pasado,

porque pondréis en riesgo vuestro futuro”

(Winston Churchill)

***

Dice el diccionario que la nostalgia es ese sentimiento de tristeza por la ausencia o la pérdida de algo o de alguien. Y a esa definición podríamos añadir sinónimos para describir adecuadamente esta palabra: añoranza, morriña, soledad, pasión de ánimo, recuerdo, olvido, melancolía o pasado…

***

Siempre me he sentido a gusto cuando he tenido mis momentos nostálgicos. Nunca me he sentido mal, quizá porque no voy a recuperarlos, pero nunca por llegar a sentirlos de nuevo. Esa frase tan manida que ‘los viejos tiempos siempre fueron mejores’ no tiene porque ser un dogma. Hubieron tiempos mejores y peores como hay momentos buenos y malos y como habrán seguramente otros buenos y malos en el futuro. Lo normal es que durante el transcurso de una vida nos veamos inmersos en las vicisitudes de muchos tipos de momentos. Recuperarlos en forma de memoria o de evocación puede ser emocionante porque te descubren detalles que habías olvidado por completo, rasgos de las escenas que no habías notado, pero también porque puedes redescubrir  otros colores que no viste, otros aromas que no oliste y  otros sonidos que no escuchaste. Evocar un momento puede ser grandioso; simplemente debemos darle ese valor necesario para que así sea.

Nunca he entendido del todo porqué se suele relacionar el sentimiento de nostalgia con el de tristeza. Las posturas que solemos adoptar con nuestros cuerpos en esos momentos que nos mostramos melancólicos pueden parecer tristes pero no necesariamente debe ser así. Lo que ocurre es que cuando te paras a pensar, a recordar, a evocar esas memorias guardadas en el desván de nuestra memoria, tienes que separar cada una de ellas convenientemente, de la mejor manera posible, para entenderla, para analizarla; tienes que saber encajar una a una cada pieza de ese puzzle llamado pasado, e inconscientemente nuestro cuerpo va adoptando gestos y formas que dan la sensación de tristeza.

Cuántas veces me han dicho que parecía serio en situaciones en que lo único que estaba haciendo era pensar y recordar. Pensar, pensar, recordar y recordar profundamente  algo que me mantenía el rostro serio. Porque tratas de concentrarte, dejas la mirada perdida en un punto, un punto ‘x’ imaginario donde nada te pueda molestar ni pueda perturbar tu paz. Y para poder concentrarte necesitas de esa quietud, nos pasa a diario cuando necesitamos entender algo, razonarlo, pensarlo detenidamente, o cuando estudiamos, o cuando tratamos de emprender una charla, y esos momentos de espera siempre suelen ser con la apariencia de seriedad. Eso no tiene porque significar que en ese momento estés serio, si no que estás tenso, concentrado. Por eso que no se tiene que estar triste para estar melancólico.

Nuestra mente a menudo recuerda algo y provoca que nos detengamos en ese punto.  A veces ocurre de repente. Y a veces resulta divertido. Que levante la mano aquel que nunca se ha reído solo cuando una situación ‘x’ le ha llamado la atención y le ha recordado un momento determinado de su vida y al acercarlo de nuevo a su memoria ha comenzado a reírse solo. Sorprenderse a sí mismo sonriendo o riendo por algo que recordamos no tiene que significar que estemos contentos en ese momento. La mente nos juega esas pasadas. Nos domina en cierta manera. Y en muchas. No por querer olvidar un asunto lo vamos a lograr. Y no por querer concentrarse en otro cualquiera nos va a ser fácil conseguirlo. La mente va a su ritmo mientras que nosotros vamos al nuestro.

Ver un sol que se pone es una fotografía ya vista miles de veces pero que no deja de sorprendernos. Como escuchar una canción que hacía mucho tiempo que no escuchabas. Compartir un café con unos amigos. Todos son momentos que nos pueden hacer recordar otros momentos y aprovechamos para homenajearlos a nuestro modo. Quizá no volvamos a recordarlos. Es ese momento el que utilizamos para hacerlo. Y por qué deberíamos negarnos. ¿Acaso no es precioso? Por supuesto, serán soles de otras épocas, al igual que las canciones y los amigos que compartías antes, pero todo te hace acercarte a ese pasado que por causas ajenas a ti mantenías alejado o escondido.

Escuchar la frase ‘invadido por la nostalgia’ puede parecer estar o sentirse mal. Pero cómo podemos describir a la nostalgia como una mala compañera, cómo podemos asegurar que no es la mejor de las soluciones, cómo podemos afirmar que nos quita más de lo que nos da. La nostalgia es el elemento perfecto cuando aparece y cuando eso ocurre debemos abrazarla y no querer alejarla. Al abrazarla lograremos sentir sensaciones y emociones que teníamos aparcadas, casi oxidadas, recuperaremos consciencia de muchas cosas, cosas nuestras y nos acercaremos a personas olvidadas, casi desconocidas ya, y nos acogerá en un mundo paralelo que camina junto a nosotros aunque no seamos capaces de verlo. 

Debemos aprender a disfrutar de nuestros propios recuerdos. No debemos negarlos. Siempre saldremos perdiendo. Deberíamos optar por abrirles la puerta para que entraran y se acomodaran en el microcosmos actual que hemos construido a nuestro alrededor. Deberíamos dejarles penetrar hasta lo más profundo de nuestro corazón y alimentarles como si estuvieran por crecer.

La nostalgia nos enriquecerá siempre y aunque a veces pueda obligarnos a soltar alguna lágrima cuando nos recuerda algo que nos enternece no podemos ni debemos dejar de recordar que esa lágrima nos ha pertenecido en algún momento de nuestra vida.

 

***

“¿De qué se nutre la nostalgia?
Uno evoca dulzuras
cielos atormentados
tormentas celestiales
escándalos sin ruido
paciencias estiradas
árboles en el viento
oprobios prescindibles
bellezas del mercado
cánticos y alborotos
lloviznas como pena
escopetas de sueño
perdones bien ganados
pero con esos mínimos
no se arma la nostalgia
son meros simulacros
la válida la única
nostalgia es de tu piel”

(Mario Benedetti)

***

nostalgia

comentarios
  1. Rosy dice:

    La nostalgia, al igual que la experiencia siempre va con nosotros. Una para recordarnos buenos momentos, y la otra para ayudarnos a evitar caer en los mismos errores. Pero no abusemos de la primera, pues es un arma de doble filo, ya que a veces nos refugiamos demasiado en ella para evitar encarar situaciones actuales o futuras

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  2. Nick dice:

    La añoranza se asfixió bajo el hábito.

    Gustave Flaubert (1821-1880).

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