Orgasmos

Publicado: 27 de junio de 2011 en Artículos
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“El orgasmo es el gran comedor de palabras.

Sólo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana,

pero no la palabra…”

(Valerie Tasso)

***

Si pudiera decidir la forma de morirme posiblemente elegiría morirme teniendo un orgasmo. Puestos a morirnos, y ya que no tendremos más remedio que acabar así, sería fantástico poder elegir esa forma de morir. Lo sé, no caerá esa suerte, eso está claro, pero que nadie me niegue que sería algo estupendo. Cuántas veces hemos pensado que el número de orgasmos que hemos tenido en nuestra vida es infinitamente inferior al número que nosotros creeríamos que serían los recomendables. O, al menos, a los deseables.

Sean cuantos sean, nunca nos parecerán suficientes, y mucho menos, demasiados. Y es lógico. El orgasmo, o clímax, que viene del griego significa ‘escalera’ o ‘subida’. Para muchos es la parte culminante del acto sexual. En eso se fundamenta básicamente. Pero, para otros, no representa un todo sino un complemente final del acto sexual completo. Parece que en muchas ocasiones no tener ese orgasmo nos puede hacer sentirnos inacabados, frustrados, insatisfechos. Y no tiene porque ser así.

Si una persona puede alcanzar su estado de éxtasis máximo parece ser que el orgasmo es el más parecido a ello. Ese reflejo final que sacude nuestra médula espinal. Ese acto reflejo que no controlamos, que nos desordena como seres humanos y que nos capta como sumisos. Somos drogadictos del orgasmo. O deberíamos serlo. Porque nunca deja de ser placentero. Siempre nos activa la neurona más apagada, el sentimiento más dormido, el sentido más lejano y el amor verdadero.

“El rasgo del orgasmo es temporal:

es la pérdida de la conciencia de la duración”

 (Pascal Quignard)

***

Hay miles de preguntas que la gente se hace con respecto al orgasmo. Tales como, ¿cuántos tipos de orgasmos existen?; ¿todas las personas lo sienten de igual forma?; ¿todos los orgasmos duran el mismo espacio de tiempo? Y en caso contrario, ¿por qué?; ¿todas las personas lo desean de la misma manera? Y así podríamos seguir. Las preguntas entrañan curiosidad, y no sería de recibo no sentir curiosidad sobre un tema como este. Muchas preguntas se contestan a modo científico, aunque en muchos casos la ciencia queda un poco lejos a la hora de explicar el comportamiento humano y su reacción hacia ciertos estímulos, sean externos o internos.

Cada persona vive su sexo y su vida sexual de forma diferente. Eso, en cierta manera, es lo que le hace al ser humano un tanto atractivo. Nunca sabes cómo va a responder una persona sexualmente hablando. Y por muchas apariencias que se tengan de esa persona será difícil adivinar cuál será su comportamiento en un momento determinado con una persona determinada en una situación determinada. Cada cual vive su sexo de forma personal y particular. Difícil también es  poder comparar y crear pautas de comportamiento. No existen reglas y muchos menos métodos, por mucho que los sexólogos sigan indagando y se ganen la vida con ello.

Hay cosas imposibles de catalogar y mucho menos explicar. Lo que pasa es que en los momentos que vivimos todos deseamos respuestas, aunque sepamos de antemano que va a ser complicado encontrarlas. Eso representa que cuando alguien nos dé una, aunque sea vaga y sin fundamento, hace que la recojamos y la guardemos en nuestro particular disco duro de la memoria, acaso para tener una referencia con la que poder divagar. Porque hay que reconocer que si algo le gusta al ser humano es divagar. No quedarse quieto, ni callado, y por supuesto sin respuestas.

Y con el orgasmo ocurre algo parecido. Cada cual lo consigue de forma diferente y lo disfruta a su manera, sin poder comparar unos con otros. Tampoco parece ser muy necesario. La realidad del orgasmo es que la brevedad de su duración es proporcionalmente igual al recuerdo que se tiene de ellos. Porque si nos preguntaran de cuántos de ellos nos acordamos con precisión mentiríamos diciendo que lo sabemos o que lo recordamos. Mentiríamos. Sin más. La brevedad es igual al éxtasis. Son chispazos de éxtasis fácilmente extinguibles.

Es como si no tuviéramos derecho a mucho más espacio de disfrute. Es como una muestra de lo que podría ser toda una vida igual. Porque imaginar una vida llena de orgasmos nos paralizaría sólo de placer. Pero sería agotador. Agotador por fascinante, porque mentalmente seríamos incapaces de generar tantas ganas de gozar. No estamos hechos para gozar. Estamos hechos para sufrir. Y entre rutina y más rutina, nuestra vida desde que comienza es un duro caminar, donde lo realmente importante es ir salvando constantemente.

El disfrute y el goce son momentos anómalos que se salen de la norma. La búsqueda de esa felicidad infinita no es un mero tópico. La buscaremos como seres humanos porque no estamos acostumbrados a ella. Si tanto deseamos esos momentos felices es porque siempre que los hemos experimentado han sido efímeros y nos gustaría alargarlos. Pero no lograremos eternizarlos, porque tampoco lo deseamos.

Se trata de una extraña y falsa unión de deseo y contra deseo que se realiza sin pensar; es una fusión de sueños que se intentan soñar sin querer soñarlos, con el firme propósito de que no se cumplan jamás. Es el hecho mismo de lo inalcanzable lo que nos llama, lo que nos atrae, lo que nos apetece encontrar porque de antemano ya sabemos con certeza que ese momento no llegará. Y esa misma frustración nos genera una ansiedad que ya forma parte de nosotros mismos y a la cual deseamos con una pasión desbordante.

“Ese ser prodigioso que se debatía sonriente

en medio de su propio aniquilamiento

como en un océano de goce,

como en un orgasmo interminable”

(Salvador Elizondo)

***

Si hacemos caso a la sexóloga norteamericana Shere Hite, la mujer lleva siglos quedándose embarazada y haciendo el amor sin haber conseguido sentir un orgasmo. Habla de la mujer en general sin especificar cuántas pero está claro que muchas mujeres no conocen el orgasmo. Si bien para algunas es fácil conseguir un orgasmo, para otras no lo es tanto. Algunas o muchas, incluso lo fingen, quizá para satisfacer a su pareja o simplemente para cubrir su propio problema por no conseguirlo. Hay mujeres que aseguran que solo con su propia masturbación son capaces de lograrlo, mientras que son incapaces junto a sus parejas. Ya dicen que como uno nadie puede llegar a conocernos. La masturbación puede resultar el encanto sublime y nuestra más preciada conexión con nuestro yo interno. Nadie puede llegar a profundizar en nuestra mente como nosotros mismos y eso hay que explotarlo al máximo.

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Nadie discute que el orgasmo femenino es diferente al masculino. Es infinitamente superior, tanto en la forma como en el fondo. En el tiempo de duración como en su expresión corporal. De hecho si queremos describir un orgasmo mediante una imagen buscaremos desesperadamente el rostro de una mujer y no de un hombre, quizás porque el femenino representa mejor lo que para nosotros supone un orgasmo.

La búsqueda por descubrir nuevas formas de llegar al orgasmo no es sino una forma humana de seguir conociéndonos a nosotros mismos, de indagar en ese otro ‘yo’ que tenemos dentro y que a muchos les cuesta mostrar, por vergüenza o por timidez, por respeto o simple moralidad. No iría mal que la mayoría de la sociedad abriera sus mentes a nuevas formas de conducta con respecto al sexo. La sociedad en general y las personas que nos rodean a diario saldrían beneficiadas. Nuestro humor cambiaría y las formas de encarar los obstáculos diarios también. 

El sexo vive dentro de nuestras mentes continuamente. No lo encerremos ahí. Dejemos que se exprese en su máxima expresión y que nos descubra por sí mismo nuevos mundos con los que sentir nuevas sensaciones. Derribemos esas barreras, rompamos las cadenas que todavía oprimen la libertad del ser humano. ¡Vivamos y disfrutemos! ¡Tengamos orgasmos a diario!

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comentarios
  1. Nick dice:

    Personalmente creo que mientras nuestra educación dependa en gran medida de las directrices religiosas de turno, aunque nos vendan que vivimos en estados laicos,aconfesionales, lo tenemos de dolor. Otra opción es hacerse un reset al disco duro,bastante difícil por cierto, para aprender a vivir sin tantos condicionantes como teníamos.
    Que buena época aquella de haz el amor no la guerra.

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